TEORIA GENERAL DEL PROCESO
UNIDAD O DIVERSIDAD DEL
DERECHO PROCESAL
Introducción
Calificados autores como Manzini, Florian, Beling, Gómez
Orbaneja, refiriéndose al proceso penal, y De Litala, con
relación al proceso laboral, consideraban -en razón de la
particular finalidad de dichos procesos- que no era posible
elaborar los conceptos comunes a una teoría general del
proceso.
Julio Maier, en fecha más reciente, señala:
“El legítimo campo de influencia del derecho procesal civil
sobre el penal se limita a lo meramente formal, como los
modos de comunicación procesal, la documentación
procesal, el valor del tiempo en el procedimiento, etc.,
cuestiones, a nuestro modo de ver, secundarias respecto
de la gran influencia que recibe del derecho penal, razón
por la que no compartimos la teoría unitaria del Derecho
Procesal, tan en boga actualmente.”
Por nuestra parte, integramos desde hace bastante tiempo la
corriente de opinión que afirma la unidad del Derecho
Procesal, y por ello consideramos que la teoría general del
proceso es una parte medular en el respectivo programa de
enseñanza y de ahí el destacado lugar que le hemos
asignado.
Participan de esta corriente de opinión destacados
procesalistas, entre otros:
-los españoles:
Niceto Alcalá Zamora y Castillo
(La Teoría General del Proceso y la enseñanza del
Derecho Procesal, en Revista Iberoamericana de
Derecho Procesal, Año 1968, Nº 1, p. 43)
Víctor Fairén Guillén
(Doctrina General del Derecho Procesal. Hacia una
teoría y ley procesal generales, Barcelona, 1990);
-los mexicanos:
Cipriano Gómez Lara
(Teoría General del Proceso, editorial Harla,
México, 1992).
Gonzalo Armienta Calderón
(Teoría General del Proceso, editorial Porrua,
México, 2003).
José Ovalle Favella
(Teoría General del Proceso, editorial Harla,
México, 1991).
el colombiano Hernando Devis Echandía
(“Teoría General del Proceso”, editorial Universidad,
Buenos Aires, 1984).
los brasileños:
Antonio Carlos De Araujo Cintra
Ada Pellegrini Grinover
Cándido Dinamarco
(“Teoria Geral do processo”, editoria Revista dois
Tribunais, Sao Paulo, 8ª edición, 1991).
los argentinos:
Adolfo Rivas
(“Teoría General del Derecho Procesal”,
editorial Lexis – Nexis, 2005).
Osvaldo Gozaini
(“Tratado de Derecho Procesal Civil”, Tomo
I, editorial La Ley, Buenos Aires, 2009).
Fernando De la Rúa
(“Teoría General del Proceso”, editorial
Depalma, Buenos Aires, 1991)
-dentro de los uruguayos:
Dante Barrios de Angelis
(“Teoría General del proceso. Enseñanza de la
misma”, Revista de la Facultad de Derecho y
Ciencias Sociales, año XVIII, Nos. 1-2, ps. 101 y ss.;
también en “Teoría del Proceso”, Depalma, 1ª
edición, 1978; BdeF, 2ª edición, 2002).
Luis Alberto Viera
(“La teoría general del proceso y la enseñanza del
derecho procesal”, en la misma Revista, ps. 159 y
ss.)
Jaime Teitelbaum
(“La teoría general del proceso y la enseñanza del
derecho procesal”, en la misma Revista, ps. 199 y ss.)
Enrique Véscovi
(“Elementos para una teoría general del proceso civil
latinoamericano”, editorial Universidad Nacional
Autónoma de México, 1978).
No obstante, nos parece oportuno formular la advertencia
que ya hiciera Alcalá Zamora y Castillo de que la unidad del
Derecho Procesal no significa identidad de sus distintas
ramas, ni menos propósito de adueñamiento o de
absorción de unas sobre otras.
¿Por qué una teoría general del proceso como piedra
angular?
Porque a ella le corresponde como función la búsqueda de
las reglas y principios comunes, con prescindencia de la
casuística de los diversos tipos de procesos.
En el sentido apuntado, la teoría general debe constituir la
parte general del derecho procesal y comprender el estudio
y exposición en forma sistemática de sus nociones
esenciales – conceptos, instituciones y principios comunes
a las distintas ramas, es decir, los componentes del tronco
del cual todas las ramas se desprenden.
Debemos procurar, como lo ha indicado Fairén Guillén “…la
unidad científica hasta donde ella sea posible, sin forzar la
esencia de los conceptos, fijándonos ante todo, en sus
semejanzas y diferencias, ahondando en ellas, extrayendo
la falta de contradicciones fundamentales y de ahí
caminando por la vía de la síntesis hasta donde sea
metódicamente posible”.
Aplicaciones prácticas de la teoría general
En el ámbito del derecho interno, la teoría general nos
permitirá conocer y entender mejor la lógica de los
conceptos utilizados, facilitará la comprensión de las
diversas situaciones, estructuras y funciones, y con relación
a la actividad procesal nos ayudará a discernir respecto de
los principios que la informan y a determinar la finalidad que
con ella se persigue.
La existencia de una teoría general del proceso aceptada
por el legislador posibilitaría que el ordenamiento jurídico de
un determinado país, tuviera en razón de su armonía una
mayor coherencia lógica y sistemática.
Resulta casi obvio destacar cuanto más sencilla resultaría la
labor docente en función de la simplificación procesal que se
opera a vía de consecuencia.
La teoría general nos permitirá, además, analizar
críticamente nuestros derechos positivos y juzgar si se
realizan en ellos los principios fundamentales para la
efectividad de la justicia, sin desmedro, obviamente, del
respeto a las debidas garantías.
En el ámbito del derecho procesal internacional, y
fundamentalmente entre los países integrantes del
MERCOSUR (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, a los
que se han incorporado con un estatuto especial, Chile y
Bolivia) ella nos facilitará la tarea de armonizar nuestras
legislaciones y nos permitirá apreciar que son más las
coincidencias fundamentales existentes que las
diferencias.
Por otra parte, el proceso de integración por su propia
dinámica nos obligará en el futuro a revisar conceptos
tradicionales del Derecho Público, como el de soberanía, y
a ir aceptando gradualmente la cesión de parcelas de ella
hacia órganos supranacionales.
Claramente esto se aprecia en el insistente reclamo
respecto de la creación de una Tribunal de Justicia
supranacional, como instrumento de garantía de la
legalidad y de la interpretación uniforme del derecho
comunitario y que dé solución a los conflictos suscitados
en el ámbito del MERCOSUR.
Claro está que debemos reiterar ahora la advertencia que
formuláramos en el transcurso de las Jornadas
Iberoamericanas de Brasilia de 1998, acerca de que
consideramos que en función de que en el futuro próximo
no es probable el establecimiento de un tribunal de justicia
supranacional, ni que la armonización legislativa en materia
procesal provenga desde el MERCOSUR hacia los Estados
Partes, deberíamos intentar el camino inverso, esto es, que
los países integrantes del sistema adopten en su
legislación procesal interna Códigos Procesales similares,
siguiendo los modelos ya estructurados por el Instituto
Iberoamericano de Derecho Procesal.
Contenido de la teoría general del proceso
Ha sido Barrios de Angelis en nuestro país, con su
“Teoría del proceso” (Depalma, Buenos Aires, 1979, 1ª
edición; BdeF, Montevideo – Buenos Aires, 2ª edición),
quien ha profundizado más el tema.
Parte de su noción de proceso como la relación
contradictoria y final de dos pares de opuestos:
imparcialidad – parcialidad, insatisfacción – satisfacción.
Para Barrios es sistema todo conjunto ordenado integral y
total.
Integral en el sentido de que nada de lo que corresponda a
su objeto puede quedar fuera del sistema.
El orden se presenta de dos maneras y cumple múltiples
funciones:
- coordinación, que implica reciprocidad o mutua
dependencia de las partes en el y con el todo;
- subordinación o jerarquía de unos elementos
respecto de otros y de la totalidad de ellos respecto de la
unidad en que consiste el todo.
El sistema del proceso está constituido por la correlación
mediante leyes determinadas de cierto número de
categorías, principios e instituciones procesales.
Las categorías son todo dato de máxima generalidad, sin
el cual no puede pensarse en la existencia de un proceso.
Dentro de las categorías distingue:
- Norma
- Objeto
- Sujetos
- Situaciones jurídicas
- Actos
- Funciones
- Estructuras
Esas categorías, a su vez, están ligadas por distintas leyes,
las más importantes son:
- la ley genética y
- la ley funcional
Supuestos del sistema y del proceso
El supuesto fundamental es la insatisfacción jurídica, que
consiste en una doble insuficiencia: carencia de certeza y
carencia de adecuación de las voluntades a un cambio
debido (mejor, que se afirma o se asume como tal), de
orden material o inmaterial.
La ley genética es aquella que corresponde a la siguiente
fórmula:
El objeto del proceso determina el ser y el modo de
ser de las demás categorías.
La necesidad de que existan sujetos surge de la mera
consideración de que existen objetos.
No se concibe un objeto sin su correspondiente sujeto.
Los sujetos son centros de imputación de situaciones
jurídicas; es decir, en lenguaje más habitual, de poderes y
deberes.
El sentido propio de las situaciones jurídicas es el de
manifestarse en actos.
Los actos para cumplir con la razón de ser de los sujetos y
de las situaciones – el objeto a transformar- no pueden
concebirse sino en conexión con determinadas finalidades
y en conjuntos que se denominan funciones.
Éstas, a su vez, no pueden ser concebidas aisladas entre
sí, no de otro modo que no sea en conexión con las
demás. De manera que entre ellas exista un cierto orden y
que cada una concurra con las otras a la realización del
fin común. A esas formas de orden se las denomina
estructuras.
Estructuras, funciones, actos, situaciones, sujetos, no
pueden concebirse sino en el marco normativo sometidos
a la norma principal.
Todas y cada una de las categorías del proceso
encuentran su razón de ser en el objeto.
La ley funcional – La formula del siguiente modo:
“Las categorías (distintas del objeto) sólo tienen sentido en
la transformación del objeto; son función o participan de su
naturaleza”.
Esta fórmula significa que no sólo las funciones cuya
naturaleza se determina por su fin modificador del objeto,
sino también los sujetos, las situaciones jurídicas, los
actos, las estructuras y las normas procesales, participarán
en la transformación del objeto.
Reglas de proporción
Junto a las leyes genética y funcional, leyes en cuanto reglas
necesarias dentro del sistema del proceso, hemos podido
observar la existencia de otras relaciones importantes entre
las categorías del proceso.
Hasta hoy ignoradas por la doctrina – dice Barriosconstituyen regularidades o constantes que plantean al
observador los problemas de su naturaleza y de sus
caracteres.
Aunque es posible distinguir más de las que estudia, son tres
las que surgen a una contemplación primaria de la realidad
procesal.
A) Una primera regla tiende a diseñarse toda vez que
comparemos el objeto gnoseológico con el volumen o
extensión de las estructuras correspondientes.
Así, si comparamos el grado de certeza (o de
incertidumbre, objeto gnoseológico) del juicio ordinario y
la extensión de su estructura, con el grado de certeza de
un monitorio y la correspondiente extensión de su
estructura.
La estructura se halla en razón inversa a la evidencia del
objeto.
B) Una segunda regla de proporción vincula a la estructura
procesal ya no con el objeto sobre el que recae, sino con
su eficacia productora de certeza.
Más concretamente, con su eficacia de cosa juzgada. O,
desde otro punto de vista, entre la estructura y la función
satisfactiva en su forma de satisfacción genérica.
La eficacia de cada estructura se halla en razón directa de
su dimensión.
C) Queda por considerar el conjunto de las excepciones
aparentes a la regla anterior, es decir, aquellos casos en
que estructuras menores que el juicio ordinario producen
la misma eficacia que se le atribuye a éste.
El grupo típico lo constituyen los procesos monitorios.
La excepción, sin embargo, según Barrios, parece más
aparente que real; ya sabemos cuál es la causa de la
equiparación del monitorio con el ordinario en lo que a la
fuerza de la cosa juzgada corresponde.
La efectiva o presunta carga inicial de evidencia en el
objeto, reduce la estructura pero mantiene la eficacia de
juicio ordinario.
Establece una regla adecuada a la clase de los monitorios
en estos términos:
La eficacia de cada estructura se halla en relación directa
de su capacidad oficial de producir evidencia.
Carácter concéntrico o circular del sistema
La actitud natural y primaria de los primeros
sistematizadores fue la de adoptar un hilo conductor seguro
que penetrara en la maraña de las disposiciones legales y
las ordenara, uniendo sin discusión posible las distintas
etapas históricas de un proceso real.
La acción, el conflicto de intereses, la situación social, son
los hilos que condujeron a Chiovenda, Carnelutti y Sauer.
Cuando Barrios habla de un sentido circular del sistema
trata de traducir, gráficamente, lo que surge de las leyes
principales; según ellas, las categorías son función del
objeto y el objeto es función de las categorías.
Esta acción genética, directa del objeto sobre cada
categoría, es representable de modo que el objeto sea un
centro de acción sobre puntos de la línea genética ubicados
a su alrededor.
Y esa misma figura del círculo, cuyo centro es el objeto,
sirve para ilustrar a la ley funcional; especialmente en
cuanto dicha ley se manifiesta como consecuencia del
conjunto funcional.
Ese conjunto funcional, que se integra con las mismas
categorías que forman la línea genética (menos el objeto),
es decir, los sujetos, las situaciones, los actos, las
funciones, las estructuras y las normas, son las mismas que
sufren la influencia genética directa del objeto.
De modo que, ubicadas alrededor del centro objeto para
ser determinadas genéticamente por éste, son, por
intermedio de las funciones, determinadoras del objeto.
Por eso, afirma Barrios, que la concepción del proceso
debe ser “concéntrica” en cuanto el objeto es el centro
activo y pasivo de él; su razón de ser y el término de su
hacer.
Barrios desarrolla posteriormente:
- la teoría de las normas jurídicas procesales;
- la teoría del objeto del proceso;
- la teoría de los sujetos,
- la teoría de las situaciones jurídicas;
- la teoría de los actos procesales;
- la teoría de las funciones; y
- la teoría de las estructuras procesales.
Como Uds. podrán apreciar del folleto que les
hemos repartido, la configuración del temario de
la Carrera de Especialización se ha hecho
siguiendo las grandes líneas de la teoría del
proceso del Prof. Dante Barrios de Angelis.
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