Búsqueda de las armonías entre la
Razón y la Fe.
Opciones: Adherirse a los primeros
principios,
fundamentos
del
conocimiento (Theoria)
Explorar en el conocimiento místico
las realidades superiores, gracias a
la caridad (Ágape)
En el siglo XIII, la influencia de
San Agustín es visible, no sólo
en los Franciscanos como San
Buenaventura, de los que
puede decirse que lo encarnan
sino en los Dominicos como
Santo Tomás de Aquino, que
completa
su
obra,
sin
contradecirla.
La edad media encierra una
visión
grandiosa
de
la
historia humana, que se
impuso a todos los espíritus,
desde
los
autores
de
misterios y fundadores de
órdenes
religiosas,
(como
Francisco).
De los autores de Summas y
enciclopedias de la época,
hasta
Bossuet,
Vico,
Condorcet y Augusto Comte,
Herder,
Kant,
Hegel
y
Cournot.
Esta visión de la historia
humana incita al hombre a
buscar la razón de los hechos
y acontecimientos.
Los fines hacia los que es
conducida la humanidad, la
manera cómo puede y debe
servirlos para alcanzar una
mejor organización del mundo.
Y lograr progresivamente, a
través de la lucha y la
contradicción, el orden, la
justicia y la paz en la que
encontrará el gozo interior y la
perpetuidad en el tiempo.
El periodo más pleno y espléndido de
la edad media se inaugura con el
gran papa Inocencio III, San
Francisco de Asís (1182-1226) y
Santo Domingo de Guzmán (11701221), San Luis, Sto. Tomas de
Aquino, San Buenaventura y Dante
Alligheri, edad de las grandes
catedrales, las universidad y las
Summas
o
compendios
del
pensamiento humano, la sociedad,
las artes y los tratados de moral; del
estado de guerra sometido a las
reglas humanas y cristianas por la
tregua de Dios y por el derecho de
asilo.
La edad media, al modo hegeliano
es la encarnación de la idea
universal en todas las cosas: en la
naturaleza, en el mundo de lo
espiritual, en la ciencia y el
trabajo, en el mundo moral, de las
virtudes y de la caridad, en el
principio de la alegría de vivir, fin
supremo del universo; en ellas
todos los caminos llevan a Dios,
todo lo sensible es sacramento:
incluso las cosas más humildes
son amor y fe para el alma que
sabe descifrar el lenguaje de Dios
y leer en el gran libro de la
naturaleza los misterios del divino
artista.
El sentido de misterio, que no es otra
cosa que el sentido de lo real, dio a
los pensadores de la edad media la
noción de una verdad inmutable,
trascendente, que envuelve y juzga
las verdades parciales conocidas por
el hombre.
Ahí subyace el problema de los
universales, que pone en duda el
valor de nuestra ciencia y de nuestro
orgulloso conocimiento al tratar de
encontrar
a
qué
realidad
corresponden
nuestras
ideas,
nuestras leyes y nuestros poderes de
administración del mundo.
En su prólogo a Saint Bonaventure
(1924), ha escrito Etienne Gilson:
“sería deseable que nuestra época
sintiese la necesidad más o menos
confusa de volverse a la escuela
de un tiempo que, aún sabiendo
ciertamente muchas menos cosas
que
las
que
nosotros
hoy
sabemos, no ignoraba, por lo
menos, la única necesaria: la
superioridad
absoluta de lo
espiritual sobre lo temporal, es por
eso por lo que, quizá en el fondo la
edad media, sigue siendo nuestro
mejor profesor de metafísica”.
(Pág. 1)
Docente José Félix Vargas B.
(Marzo/2009)
CHEVALIER, Jacques (1967) Historia
del pensamiento. Tomo II. El
pensamiento cristiano . Madrid. Ed.
Aguilar.
PIRENNE,
Henri
(1972).
Los
intelectuales en la edad media.
Barcelona. Ed. Herder.
HUBERMAN, Leo (1972). Los bienes
terrenales del hombre. México. Ed.
Fondo de Cultura económica.
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