Materiales
• Borato de sodio
• Pegamento escolar blanco
• Agua natural
• Colorante Un par de recipientes
desechables
• 1 vaso
• 1 cuchara
• Procedimiento
En un recipiente desechable (puede ser un plato o un vaso
de plástico) mezclar 1 cucharada de borato de sodio con
un vaso de agua y revolver constantemente hasta que todo
el borato de sodio posible se disuelva en el agua.
En otro recipiente desechable mezclar ½ taza
pegamento escolar blanco con ½ taza de agua natural.
de
Añadir 3 gotas de colorante y revolver constantemente
con la cuchara.
Finalmente combinar ambas mezclas y revolver. Maniobrar
el nuevo compuesto y observar qué sucede.
¿Tienes dificultades para respirar? Bien, si
estás sólo (para no hacer el ridículo, digo)
anímate e introduce tu dedo índice en la
nariz. Esa cosa verde e inmunda que tienes
en el dedo se llama moco. Sí, es repugnante,
horrible y asqueroso, pero aunque no lo
creas es capaz de salvarte la vida.
Nuestro
cuerpo
está
constantemente
produciendo mocos, y como ocurre con todo
lo que pasa en nuestro organismo, esto
también tiene un porqué. Los mocos son el
único filtro que la nariz tiene para evitar que
ingresen impurezas a los pulmones, y por esa
simple razón los mocos te salvan la vida a
diario.
Normalmente
el
cuerpo
produce
cantidades de mucosa razonables. Pocas
son las veces en las que sientes que tienes
demasiado moco de sobra, y si todo anda
bien ni los sientes, pues sin darte cuenta
aspiras la mayor cantidad de la
producción. Sin embargo, como bien
sabes, durante una gripe todo se
aumenta.
Las cantidades de moco producidas en
estos momentos son descomunales.
Fábricas e industrias orgánicas producen
un excedente de mucosa, que sin lugar a
dudas sobrepasa los límites de lo
tolerable. Pero nuevamente los mocos te
salvan la vida.
Gracias a este mecanismo de defensa tus
pulmones ganan producción extra, evitando así
la posibilidad de que resulten invadidos por
elementos
no
orgánicos,
empeorando
considerablemente tu gripe.
Por todas esas razones, cuando tomes con asco
un moco que acabas de sacarte, antes de
arrojarlo al suelo con desprecio, hazle una
guiñada y dile “muchas gracias, amigo”.