Espíritu de Fe
Espíritu de Celo
Espíritu de Comunidad
“Toucher” los corazones
4.- Espiritualidad Lasaliana
Viva Jesús en nuestros corazones
Acordémonos … Santa Presencia de Dios
Adoro en todo la voluntad de Dios en mi vida
“Buena regla de conducta
es no hacer distinción
entre los negocios propios del
estado
y el negocio de la salvación
y perfección,
en la seguridad de que
jamás operará uno mejor su
salvación ni adquirirá más perfección
como cumpliendo
con los deberes de su cargo,
con tal de que se haga
con la idea de cumplir
la voluntad de Dios.”
(Reglas que me he impuesto, 3).
“Realismo místico”
(Michel Sauvage)
“El espíritu de este Instituto es, en primer lugar, el espíritu de Fe
que debe mover a los que lo componen a no mirar nada sino con
los ojos de la fe, a no hacer nada sino con la mira en Dios, y a
atribuirlo todo a Dios.”
(RC 2,2)
Espíritu de Fe
El Hermano nos ha enseñado la presencia de
Dios. Ahora sabemos lo que es la presencia de
Dios; y que en cualquier sitio en el que nos
encontremos, cualquier cosa que hagamos,
sabemos que Él está ahí, y hemos aprendido a
hablarle en cualquier circunstancia. Eso es ser
lasaliano. Y nosotras somos lasalianas.
“Reconoced a Jesucristo bajo los pobres harapos de los niños que
instruís; adoradle en ellos; amad la pobreza y honrad a los pobres, a ejemplo
de los Magos. Porque la pobreza ha de seros amable a vosotros,
encargados de educar a los pobres. Muévaos la fe a hacerlo con amor y
celo, puesto que ellos son los miembros de Jesucristo”. (M 96, 3)
Espíritu de Fe
Los “pobres harapos” de nuestros alumnos podría ser una presentación desaliñada, algún mal
comportamiento, una actitud, apatía, cinismo… ustedes entienden. Si buscamos problemas,
encontraremos problemas. Si buscamos defectos, encontraremos defectos. En cambio, si
buscamos promesa, creyendo en que el alumno tiene potencialidades para el éxito,
encontraremos la clave para abrir la potencialidad de ese estudiante. Debemos evitar definir al
estudiante por su conducta, creemos que todavía hay más, todo lo que tenemos que hacer es
seguir buscando.
“…es obligación vuestra elevaros todos los días hasta Dios por la oración,
para aprender de Él cuanto debéis enseñar a los discípulos; y descender,
luego, a ellos, acomodándoos a su capacidad, para hacerlos partícipes de lo
que os haya Dios comunicado respecto a ellos, tanto en la oración como en
los libros santos, donde se contienen las verdades de la religión y las
máximas evangélicas.” (MR 198, 1)
Espíritu de Fe
Para vivir en unión con alguien, ¿ no es
necesario en efecto, que éste se haga presente
de una u otra manera? Y como Dios no cesa
de estarlo, tanto en nosotros como en nuestro
entorno, depende de nuestra piedad realizar el
esfuerzo para avivar en nosotros su presencia
por la fe. (Goussin)
“En segundo lugar, el espíritu de su Instituto consiste en el Celo ardiente de
instruir a los niños y educarlos en el santo temor de Dios, moverlos a
conservar su inocencia si no la hubieren perdido, e inspirarles gran
alejamiento y sumo horror al pecado y a todo cuanto pudiera hacerles perder
la pureza.” (RC 2, 2)
“… y poned en ello toda diligencia al dirigirles vuestras enseñanzas,
considerándoos en ese particular como ministros de Dios y los
dispensadores de sus misterios” (M 193, 1).
Espíritu de Celo
“En el empleo que ejercéis, sois los embajadores y ministros de Jesucristo;
por consiguiente, tenéis que desempeñarlo como representantes suyos.” (M
195, 2)
“El compromiso apostólico forma parte integrante de la consagración del
Hermano a Dios. El espíritu del Instituto implica, por consiguiente, que todos
sus miembros reaviven en sí mismos el espíritu de celo, a la luz de la vida y
enseñanzas del Fundador, para dirigirse a los demás con corazón de pobre.”
(Regla a7).
Espíritu de Celo
“Yo creo que debió ser ésa la razón por la cual Dios, que todo lo dispone con
sabiduría y suavidad y que no acostumbra forzar la inclinación de los
hombres, queriendo inducirme a ocuparme enteramente de las escuelas, lo
hizo de modo imperceptible y en etapas sucesivas, de modo que un
compromiso llevaba a otro, sin poderlo preveer desde el principio" (Memoria de
los comienzos).
“Así acaecerá con quienes desempeñaron la función de ángeles custodios
respecto de los niños que la Providencia les confió, desplegaron celo
ardiente en su empleo, lo ejercieron sin descanso y consiguieron salvar a
muchos.” (MR 208, 3)
Espíritu de Celo
“En balde creeríais lo que Jesucristo enseña en su santo Evangelio, si las
obras no lo confirmasen; vuestra fe sería vana. Mostrad también por ellas
que sois hijos de quienes fueron enseñados por los santos Apóstoles en las
verdades de nuestra fe.” (MF 84, 3)
Espíritu de
Comunidad
“…Para tener juntos y por asociación las
escuelas gratuitas, en cualquier lugar
que sea, aunque me viere obligado para
ello a pedir limosna y
a vivir de pan únicamente…”
(Fórmula de votos, 1694)
“Habiéndoos llamado Dios por su gracia a
vivir en comunidad, no hay cosa que debáis
pedirle con mayor insistencia que esa unión
de corazón y de espíritu con vuestros
Hermanos, porque sólo mediante tal unión
conseguiréis la paz, en la que ha de consistir
toda la felicidad de vuestra vida. Instad, pues,
al Dios de los corazones que del vuestro y del
de vuestros Hermanos, forme uno solo en el
de Jesús.”
(M 39, 3)
Espíritu de
Comunidad
“No es posible que vivan juntas varias personas sin
que hayan de soportarse entre sí. El uno será de
temperamento atrabiliario, el otro de humor
tornadizo; éste tendrá modales poco delicados;
aquél, genio difícil, y el de más allá, excesiva
condescendencia; quién manifestará con excesiva
facilidad lo que piensa; aquél se mostrará en
extremo reservado y cauteloso; éste será fácil a la
critica.
Raro será que tales diferencias de condición, e
índoles tan distintas no acarreen dificultades entre
los hermanos; de modo que, si la gracia no acude
con su ayuda, resulta casi imposible que se
avengan unos con otros, y que la caridad no sufra
gravísimo detrimento.
El medio de mantener la unión en el seno de la
comunidad, no obstante esa diversidad de
humores, es soportar caritativamente a cada uno
sus faltas, y estar dispuesto a excusar a los otros
como queremos que ellos nos disculpen. A eso
necesariamente se obligan los que se deciden a
vivir en comunidad.”
(M 74, 1)
Espíritu de
Comunidad
“Hoy, se trata de construir nuevas formas de
comunidad al servicio de los habitantes de los
márgenes.”
“Nuestro ministerio de educadores, vivido en
comunidad, es lo que nos consagra. No
nuestra presunta renuncia ni nuestra profesión
o nuestras prácticas, sino la recepción de
nuestras personas en el corazón de los pobres.
Esa entrada o resonancia en su corazón, ese
despertar en ellos la esperanza o el sentido del
porvenir, eso es lo que hace de nosotros gente
consagrada”
(P. Gil))
“Piedra preciosa es la caridad fraterna en el seno
de las comunidades; por eso la recomendó
reiteradamente Jesucristo a sus Apóstoles antes
de morir. Perdida ella, todo está perdido.
Conservadla, por tanto, cuidadosamente, si
queréis que vuestra comunidad perviva.” (M 91, 2)
“Toucher” los
corazones
“El empleo que vosotros ejercéis os pone en
la obligación de mover los corazones; no
podréis conseguirlo sino por el Espíritu de
Dios. Pedidle que os conceda en este día la
misma gracia que otorgó a los santos
Apóstoles y que, después de llenaros de su
Espíritu para vuestra santificación, os lo
comunique también para promover la
salvación de los otros.”
(M 43,3)
“¿Es tal vuestra fe que llegue a cautivar el
corazón de los alumnos y a inspirarles el
espíritu cristiano? Ése es el mayor milagro
que podéis obrar, y el que Dios os exige,
por ser ése el fin de vuestro empleo.”
(M 139, 3)
“Considerad la obligación que tenéis de
ganaros el corazón de los discípulos, como uno
de los principales medios para moverles a vivir
cristianamente.”
(M 115,3)
Tan pronto como este Inspector o este maestro entre
en la escuela, y habiéndose reunido todos los demás
maestros en una de las clases y arrodillados ante el
Crucifijo, si es en casa, dirá Viva Jesús en nuestros
corazones, y los otros responderán Por siempre, y
luego todos regresarán a la casa.”
(Guía de las Escuelas 1, 11…)
“Cristo habita por la fe
en nuestros corazones.”
(Ef 3, 17)
¡Viva Jesús
en nuestros
corazones!
“Imprimidme
que yo esté
verdadera y
que no viva m
sino en Vos
de modo que
Vos seáis qu
“Las verdades que el Espíritu Santo enseña a
aquellos que lo han recibido, son las verdades
diseminadas por el Santo Evangelio; Él se las hace
comprender y se las hace gustar, y los mueve a vivir
y a actuar según las mismas. Pues sólo el Espíritu de
Dios puede hacer que se comprendan y mover
eficazmente a practicarlas, porque están por encima
del alcance de la mente humana”.
(MD 44, 2, 1)
¡Viva Jesús
en nuestros
corazones!
Para adquirir este espíritu y vivir de él: los Hermanos
de esta Sociedad tendrán profundísimo respeto a la
Sagrada Escritura; y, para manifestarlo, llevarán
siempre consigo el Nuevo Testamento, y no pasarán
ningún día sin leer algo en él, por sentimiento de fe,
de respeto y de veneración a las divinas palabras
que contiene, considerándolo como su primera y
principal regla.
(RC 2,3)
¡Viva Jesús
en nuestros
corazones!
“Imprimidme como sello en la cera:
que yo esté en Vos y Vos en mí
verdadera y eficazmente;
que no viva más en mí y por mí,
sino en Vos y por Vos
de modo que
Vos seáis quien viváis y obréis en mí.”
(EMO 10,1,232)
¡Viva Jesús
en nuestros
corazones!
“…considerando
a Dios presente
en todas partes…
…considerando a
Cristo Nuestro
Señor en medio
de los
que están
reunidos en su
nombre…
… por medio de
pasajes de la
Sagrada Escritura
y de reflexiones
sobre los
mismos…
… considerando
a Dios presente
en
nosotros mismos
como en su
templo…”
(EMO)
“Además, os es
de suma utilidad
en vuestro
empleo; pues
como éste se
ordena a
Dios y aspira a
ganarle almas; es
de mucha
trascendencia no
perder de vista a
Dios en él.
Sed, pues, lo más
fieles que podáis
a su santa
presencia.”
¡Acordémonos de
que estamos en la
Santa Presencia de
Dios!
(M 179, 3)
Antes que nada antes
de programar
cualquier clase, antes
de corregir cualquier
examen, antes de
establecer cualquier
directriz para el
comportamiento en la
clase, recuerda la
presencia de Dios.
Si se deja de hacer
esto, fallamos con los
estudiantes confiados
a nuestro cuidado.
Ellos merecen nuestra
veneración, nuestro
respeto, nuestro amor
y nuestra
preocupación.
(Goussin)
¡Acordémonos de
que estamos en la
Santa Presencia de
Dios!
…es una invitación a
reflexionar sobre quién es
Dios, en cuya presencia
nos hallamos. ¿Quién es
Dios como tal? ¿Quién es
Dios para mí? ¿Para todos
nosotros cuando nos
reunimos en un encuentro
lasaliano? ¿Y para los
alumnos que se nos
confían en la misión
lasaliana? Tal es el reto
cuando utilizamos las
palabras “presencia” y
“Dios” al mismo tiempo.
Exige cierto tipo de
preparación y esfuerzo si
esas palabras han de ser
ocasión de una genuina
experiencia religiosa.
(Goussin)
Adoro en todo la voluntad de Dios
en mi vida
“Fidelidad, para La Salle, no era seguir un camino
predeterminado y pisado antes por otros. Era, más
bien, el reconocimiento de que el Espíritu de Dios le
llamaba activamente a través de los acontecimientos
y retos de las circunstancias cambiantes, a la
fidelidad a un futuro que, de ninguna manera, era
claro y seguro, excepto por la apertura completa
a este “Dios que es tan bueno…”
(Identidad Lasaliana)
“… es confiarse
a la providencia de Dios,
como el hombre que se hace a la mar
sin velas ni remos.” (MDF 134, 1)
“Puede considerarse la espiritualidad como el fluir de la vida de Dios
dentro de nosotros. Es una fuente de energía de Dios, que se abre
camino desde lo profundo de nosotros a la superficie de nuestro
espíritu. Al mismo tiempo que crecemos en el recorrido de nuestras
vidas, continuamos participando con Dios en la estructura de esta
experiencia. Se trata siempre de una aceptación cada vez mayor de la
llamada de Dios que oímos dentro y fuera, de una reacción siempre
más dispuesta a esa llamada, de una mayor apertura a la vida de Dios
que descubrimos dentro de nosotros, de una mejor capacidad para
escuchar la voz de Dios, para discernir la voluntad de Dios, y para ver y
oír y encontrar a Dios en los otros, así como en otras
situaciones/sitios/cosas.”
(Identidad Lasaliana)
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