Somos invitadas con Lázaro,
a pasar de la muerte a la vida
y a caminar en la libertad del
Espíritu
La vida renovada de Lázaro nos
urge también a nosotras a salir
fuera,
a liberarnos,
a soltar la ataduras que nos
vuelven infértiles
Recordamos con esta escena
del Evangelio, aquella
llegada de la Madre
Fundadora a las puertas de
una comunidad en la cual una
hermana pasaba por
momentos de muerte interior
y cómo la resucita aquella
palabra fuerte de María
Rosa Molas: “Hija, por ti
vengo”
Marta le dice: “Señor, tiene
que oler muy mal, porque
hace ya cuatro días que
fue enterrado” y Jesús
contestó: “¿No te he
dicho que si tienes fe
verás la Gloria de Dios?”
Y es que para VER LA
GLORIA de DIOS,
hay que ir a los lugares
donde huele mal y no salir
corriendo de ellos.
Cuando llega el momento de llamar
a Lázaro fuera del sepulcro, Marta
duda.
La fe es un proceso que debe ser
traducido en la práctica concreta
del compromiso comunitario. Para
que el hermano vuelva a la vida, más
allá de la presencia de Jesús y de
su palabra: “Lázaro sal fuera”, es
necesario también el involucrarse
activo de la comunidad. La Palabra
de Jesús exige el involucrarse de la
comunidad que debe participar en
el “sacar la piedra”, desatar las
vendas, para dejar a Lázaro caminar
libremente.
Atrevernos, poco a poco, a bajar
en nosotras mismas allí donde el
olor no nos deja pasar, y esperar
el aroma inesperado que desde el
AMOR invadirá toda nuestra
casa interior
.
Lázaro representa
nuestro mundo herido
de muerte, enfermo, es
esa humanidad ante la
cual nos conduce
Jesús para tender
nuestras manos y
liberar, desatar
vendas, poner de pie,
sacar de los sepulcros.
“Nuestro amigo Lázaro está dormido, voy a
despertarlo” porque las fuentes de la alegría,
la confianza, la gratitud, etc
NO ESTÁN MUERTAS, sino
sólo adormecidas y nos toca a nosotras
despertarlas con nuestra voz, nuestros
gestos, nuestras miradas…
Ante Lázaro, Jesús llora. Contemplamos a Jesús
profundamente humano y vulnerable.
“Lázaro no tiene más mérito que el de ser alguien amado por
Jesús. Es un personaje sin palabra propia. Son sus
hermanas las que le prestan su palabra, las que se quejan
por él ante Jesús y las que lloran. Son las mujeres las que
se hacen cargo de este símbolo de humanidad frágil y
necesitada, pobre ante Jesús” (Mercedes Navarro)
Estamos llamadas a darnos cuenta personal
y comunitariamente de las “piedras” y de las
“ataduras” que nos impiden salir de las
sepulturas y caminar libremente. Estamos
llamados a percibir, como Marta y María, los
espacios donde falta Jesús, donde
deberíamos anticiparnos para que la vida no
muera antes de tiempo, para no perder la
relación
de hermandad.
El primer paso será entonces “remover la
piedra”. Quien está dentro está cerrado a
cualquier tipo de relación. Cuando la piedra
es removida, Jesús dice “sal fuera!” Llama a
su amigo y sus palabras de amor y de amistad
llegan muy dentro del sepulcro para levantar
a Lázaro, para despertarlo, para urgirlo a
salir caminando de ese lugar de muerte.
Porque la palabra de amistad de Jesús
alcanza incluso lo que está muerto en
nosotras. Lázaro sale fuera “sus pies
y sus manos estaban atados con
vendas y su rostro envuelto en un
sudario”, no es libre todavía, sigue
sujeto por las vendas.
Algunas ataduras pueden ser bloqueos
internos, dependencias, miedos,
inseguridades… el rostro de Lázaro
está tapado, oculto tras una máscara,
no se le puede ver. Su regreso a la vida
culmina cuando se le puede ver con
claridad y él puede ver claramente.
Despertar, caminar hacia la vida,
significa ayudar a vivir con los ojos
abiertos, sin máscaras ni cadenas.
Nos ponemos junto a Jesús, con Marta y Lázaro, y
acogemos sus constantes invitaciones a afirmar la vida, a
posibilitarla en otros, a dejarla acontecer en nosotras en
todos los registros posibles…
Descargar

sigamos.entrando.en.betania