-Números 198 al 231-
Nuestra profesión de fe
comienza por Dios, porque
Dios es el Primero y el Último
(Is. 44,6), el Principio y el Fin
de Todo. El Credo comienza
por Dios Padre, porque el
Padre es la Primera Persona
Divina
de
la
Santísima
Trinidad.
Es absolutamente
necesario que el Ser
Supremo sea único, es
decir, sin igual…Si Dios
no es único, no es Dios:
“Escucha, Israel, el
Señor nuestro Dios es el
Único Señor… (Dt. 6, 4;
Mc. 12, 29)”.
La fe en Dios nos mueve a volvernos sólo a Él como a
nuestro primer origen y nuestro fin último; y a no
preferir nada a Él ni sustituirle con nada.
Dios al revelarse sigue siendo Misterio inefable: “Si lo
comprendieras, no sería Dios”.
El Dios de nuestra fe se ha
revelado como EL QUE
ES; se ha dado a conocer
como “rico en amor y
fidelidad” (Ex. 34, 6). Su
Ser mismo es Verdad y
Amor.
-Números 232 al 267-
Luego de haber leído el contenido correspondiente para
este encuentro (números 232 al 267) y de haberlo
estudiado como lo vienes haciendo hasta ahora,
resuelve el siguiente ejercicio:
Los cristianos somos bautizados en:
El misterio central de la fe y de la vida cristiana es :
Con la Oikonomia se designa:
El misterio de la Santísima Trinidad puede ser conocido
bajo la luz de la razón natural. Así lo comprendió el
pueblo de Israel.
Cuando se dice que el Hijo es un solo Dios con el Padre,
se hace referencia a que es:
La palabra paráclito designa:
La revelación en plenitud del misterio de la Santísima
Trinidad ocurre con:
La fe apostólica relativa al Espíritu Santo fue confesada
por:
El término “filioque” hace referencia a:
La tradición oriental difiere de la tradición occidental al
afirmar que:
La verdad revelada de la Santísima Trinidad se
encuentra principalmente expresada en la fe bautismal:
La Iglesia utiliza el término “hipóstasis” para referirse a
la indistinción que existe entre las personas de la
Santísima Trinidad:
Los cristianos confesamos tres dioses en una sola
persona:
Las tres personas Padre, Hijo y Espíritu Santo
participan enteramente de la misma divinidad:
La Unidad divina es Trina, donde el Padre es quien
engendra, el Hijo es engendrado y el Espíritu Santo es
quien procede del Padre.
El fin último de la economía divina es el acceso de las
criaturas a la unidad perfecta de la Bienaventurada
Trinidad:
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Encuentro Nº 10: Números 232 al 267