Con tu Biblia en Mano
Del hecho de que la Biblia es inspirada proviene su
verdad. Por lo mismo participa de la Santidad de Dios.
Que la Biblia sea santa quiere
decir que enseña una moral
capaz de llevar al hombre a
participar de la perfección de
Dios.
Santa quiere decir que no
hay nada que desdiga de la
santidad de Dios.
La santidad de la Biblia consiste en el juicio que se da sobre
las acciones de los personajes, que muchas veces no son
ejemplares (como el rey Saúl queriendo matar a David).
Siempre hay conformidad entre la ley moral y el juicio
explícito o implícito del hagiógrafo.
No siempre el juicio
es sobre la
perfección moral.
Hay una graduación
hasta llegar a la
perfección del
Nuevo Testamento.
“Todas las diferencias señaladas entre la antigua y la nueva
ley están en la línea de lo perfecto y lo imperfecto”.
La pedagogía de Dios nos va llevando a su ley de manera
graduada. El Ant. Testamento es preparación para el Nuevo.
No presentan dos vías
de moralidad, sino una
graduación: en cuanto
al fin y en cuanto a los
preceptos.
Con respecto al fin
Dios es el mismo legislador para la antigua y la nueva ley.
Por lo tanto debe tener el mismo fin, que es la salvación.
En el Antiguo Testamento dirige a
los hombres de modo imperfecto,
no estableciendo explícitamente
las instituciones que podían dar la
gracia de la justificación.
La circuncisión y otros ritos no
conferían la gracia, sino que la
anunciaban. Daban una gracia por
medio de la fe en las promesas
recibidas.
Con respecto a los preceptos de la ley moral
Dios fue mostrando la esencia de la ley moral natural de
modo progresivo.
Antes del pecado, debió conocerse
de modo integral, y debió quedar
sustancialmente después del
pecado original y otros pecados.
Abraham tuvo conocimiento de
algunos preceptos fundamentales
sobre Dios y sus designios.
Un gran paso en el conocimiento de
los preceptos de Dios fue la
promulgación del Decálogo en el
monte Sinaí.
Cristo perfeccionó los preceptos morales de la antigua ley
con sus obras y con su enseñanza.
A- Declarando su significado verdadero:
Para ello nos enseñó que también
los actos internos pueden ser
virtuosos o pecaminosos.
Por ejemplo: En el caso del
homicidio no es sólo pecado
matar, sino encolerizarse e
insultar (Mt 5:22)
En el caso del adulterio son
pecado también las miradas
pecaminosas (Mt 5:28)
B- Señalando la vía más segura para realizarlos:
Por ejemplo: Para no cometer perjurio, Jesús dice que se
evite cualquier juramento que no sea estrictamente
necesario, a pesar de que a los antiguos se les había dicho
que cumplieran sus juramentos.
No se debe jurar ni por el Cielo
ni por la tierra, ni por Jerusalén,
ni por la cabeza...
Se debe decir: “Sí, sí, o no, no”
Mt 5:33-37.
C- Mostrando el grado más alto de perfección:
Por ejemplo en el amor al prójimo.
No sólo se debe amar a los
“cercanos” a nuestros intereses,
sino a los “enemigos”, a los que
nos persiguen y calumnian.
Se les debe hacer el bien
positivamente, orar por ellos.
“Sed perfectos como Dios es
perfecto” (Mt 5:44-48)
Debemos amar como Jesús nos
ha amado (Jn 15:12)
Las imprecaciones
Son frases que expresan deseo de un mal contra sí mismo o
contra otros: maldición de día de nacimiento, o venganza o
deseo de muerte...
A veces son expresiones
literarias propias del
tiempo o de la cultura.
Según el contexto, más que
desahogo de odio personal,
son invocaciones a Dios
para que ejecute su propia
justicia
Por el contexto se ve que a través de estas imprecaciones se
pide que la culpa sea castigada y se convierta el pecador.
A través de los castigos temporales
se pretende defender al justo y que el
derecho se restablezca.
Las imprecaciones surgen del deseo
de justicia, que es bueno en sí, pero
más imperfecto que el amor que
Jesús predicó.
A pesar de las imprecaciones
bíblicas, hay en el Antiguo
Testamento muchos textos que
inculcan amor y respeto a los
enemigos.
La ley: “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano...”
(Ex 21, 24-25)
Esta fórmula pretendía fortalecer a los inocentes y castigar
sólo a los culpables, limitando las penas según el delito.
Era conveniente en una
sociedad ruda y anárquica
para tutelar los derechos
de los ciudadanos. Ya no
se aplicó en la monarquía
Jesús enseñó una moral
más elevada en la caridad,
dando ejemplo de perdón
desde la cruz.
La guerra de exterminio
Considerando cómo se hacía la guerra antiguamente, no
habiendo la moderación de un derecho internacional, las
leyes de los israelitas eran más tolerables que las de otros
pueblos: se concedía paz al enemigo, se respetaba a las
mujeres y niños...
Hay un caso con
mucha violencia: la
guerra contra los
habitantes en tierras
palestinas y contra los
amalecitas. Esto se
llamó: herem.
La Escritura da varias razones porqué Dios permite el
herem: La primera es porque los cananeos merecían de parte
de Dios un gran castigo por sus delitos.
El castigo público por parte de Dios no significa la salvación
o condenación eterna de los individuos particulares.
Dios mostraba su
misericordia con llamadas
continuas a la conversión,
que eran rechazadas.
El mismo castigo tenía
evidencias de la clemencia
divina (cf Sb 12, 3-12).
La segunda razón es el preservar a los hebreos del contagio
de la idolatría y abominaciones de los cananeos. Sería muy
perjudicial hacer alianzas con ellos (Dt 7:2-4).
Para salvar el bien espiritual del pueblo, portador de las
promesas de salvación, sacrifica el bien material de aquellos
que lo utilizan sólo para hacer el mal.
La promiscuidad con
aquellos pueblos traería
daños espirituales
graves al pueblo de
Israel. Como así fue por
no cumplir del todo el
mandato del herem.
El herem no es una acción de Dios arbitrario que destruye
otros pueblos para favorecer sólo a Israel.
Tampoco era un pretexto para revestir con un motivo
religioso una conquista territorial.
También era contra Israel o una ciudad en caso de apostasía
o de impiedad (Dt 13:13-17).
El herem tenía una
finalidad pedagógica:
entender lo triste y
lamentable de la apostasía
religiosa. Era lo único que
podía lograr una esperanza
de conversión.
El divorcio y la poligamia.
La legislación sobre el matrimonio del Antiguo Testamento
es profundamente religiosa y responde a una ética honesta.
El divorcio y la poligamia son dos excepciones. No hay en
sus leyes un laxismo incontrolable.
El alto concepto del
matrimonio comienza
desde la iniciativa
divina de sustraer al
hombre de su soledad
creando la mujer y
bendiciendo su unión.
La Biblia exalta el amor conyugal, de modo que este amor
es como paradigma del amor de Dios (Jahvé) con su pueblo.
La máxima expresión se encuentra en el Cantar de los
Cantares, que exalta el amor humano fiel del hombre y de la
mujer.
Jesús nos dice que la
ley mosaica sobre el
libelo de repudio
Dios la toleraba por
la “dureza de
corazón” del pueblo
de Israel (Mt 19:3-9).
La ley del “divorcio” (o del repudio), no era aceptada por su
licitud, sino que era tolerada, debido al ambiente de
corrupción moral, en todos aquellos pueblos del Oriente, y
por la incapacidad de entender metas más elevadas,
Eran leyes limitadas en su aplicación.
Eran leyes para frenar el
libertinaje y evitar abusos
más graves.
Por eso se determinaban las
formalidades que debían
seguirse y se establecían
condiciones para impedir su
uso.
Aunque se admitía el “divorcio” (o repudio), no se daba sin
grandes motivos (Dt 22:13-19)
Se pedía un documento, el
“libelo e repudio”, para que no
se actuase con ligereza y para
tutelar el porvenir de la mujer.
No podía volver a casarse con la
repudiada. Con estas normas la
legislación mosaica superó a la
de los pueblos vecinos, donde el
repudio era más generalizado.
Cristo restableció la originaria
indisolubilidad del matrimonio.
La poligamia también existía antes de la promulgación de la
ley. Pero la ley alude a ella indirectamente y rara vez.
Por ejemplo, cuando tolera que el
tenga un gran número de mujeres
(Dt 17:17). En todos los casos
manifiesta la gran estima que se
tiene hacia la monogamia. De modo
que en el tiempo de Jesús parece que
había desaparecido del todo.
Dios condescendiente no quiso pedir
lo que el pueblo no podía
comprender o no se sentía con
capacidad de realizar.
Narraciones de culpas morales.
Por medio de los textos inspirados el hombre puede conocer
a Dios y conocerse a sí mismo. Para ello narra la Biblia
sucesos donde el hombre sin la ayuda divina manifiesta su
radical capacidad de mal; pero con la ayuda de Dios puede
realizar el bien.
Ejemplo del mal es el
relato del pecado de
David. Se dejó
dominar por la
sensualidad y llegó al
adulterio y al
homicidio.
El juicio de la Biblia también es claro en el relato del
pecado de Adán y Eva, con la maldición a la serpiente y
el castigo a los progenitores.
También es claro en repetidas recriminaciones al
pueblo de Israel por sus infidelidades.
Otras veces es implícito, y deducible por el contexto del
episodio o principios de la Biblia.
Cuando se alaba a un personaje, no quiere decir que se
aprueben todas sus acciones. El estar en los hechos
puede ser por el bien o por el mal.
Resumen
Según la Biblia, Dios es condescendiente y ha querido
levantar la debilidad humana hasta el conocimiento de los
más altos principios de la moralidad, para que el hombre
los pudiera vivir ayudado por su gracia.
Esta es la explicación última de las imperfecciones
morales que hay en el Ant. Testamento.
Hay una pedagogía divina progresiva hacia la moral
evangélica, cuyo centro es el Sermón de la Montaña
(Mateo 5)
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