La Hospitalidad de Dios – Rasgos de una Hospitalidad Encarnada
La Hospitalidad de Dios – Rasgos de una Hospitalidad Encarnada
La Hospitalidad de Dios – Rasgos de una Hospitalidad Encarnada
Hospitalidad
que se transforma
EN RESURRECCIÓN
La Hospitalidad de Dios – Rasgos de una Hospitalidad Encarnada
La Hospitalidad de Dios – Rasgos de una Hospitalidad Encarnada
Jesús solía hospedarse en su casa
Lc 10, 38 Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una
mujer, llamada Marta, le recibió en su casa.
39 Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a
los pies del Señor, escuchaba su Palabra,
La Hospitalidad de Dios – Rasgos de una Hospitalidad Encarnada
Juan 11, 1-45
En aquel tiempo, se encontraba
enfermo Lázaro, en Betania, el
pueblo de María y de su hermana
Marta. María era la que una vez
ungió al Señor con perfume y le
enjugó los pies con su cabellera.
El enfermo era su hermano
Lázaro. Por eso las dos hermanas
le mandaron a decir a Jesús:
“Señor, el amigo a quien tanto
quieres está enfermo”
La Hospitalidad de Dios – Rasgos de una Hospitalidad Encarnada
La Hospitalidad de Dios – Rasgos de una Hospitalidad Encarnada
Lc
«¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa
y no me diste agua para los pies.
Ella, en cambio,
ha bañado mis pies con lágrimas
y los ha secado con sus cabellos.
No me diste el beso.
Ella, desde que entró,
no ha dejado de besarme los pies.
No ungiste mi cabeza con aceite.
Ella ha ungido mis pies con perfume.
La Hospitalidad de Dios – Rasgos de una Hospitalidad Encarnada
La hospitalidad en el relato:
Amor hecho servicio (Dimensión física)
Ella, en cambio, ha bañado mis pies con lágrimas
y los ha secado con sus cabellos”.
Expresión de un amor que nos habita (D. afectiva)
Ella, desde que entró,
no ha dejado de besarme los pies.
Expresión de un amor que dignifica nuestras vidas (D.
transcendente)
Ella ha ungido mis pies con perfume.
La Hospitalidad de Dios – Rasgos de una Hospitalidad Encarnada
Lavar los pies: atender su cansancio y necesidad
Besar: sanar la dimensión afectiva...
Ungir: reconocer lo divino del ser humano
Los franceses arrinconaron a los militares
españoles, heridos o enfermos, sin proporcionarles
los auxilios espirituales.
Enterado el Padre Juan de la necesidad de
aquellos nobles españoles, en su situación de
marginados e incomunicados, a pesar de las
obligaciones de su empleo en el Hospital y de la
larga distancia que tenía que recorrer, acude
durante cinco meses, todos los días, a
- administrarles los sacramentos y
- ayudarles con limosnas, alimentos y vestidos,
- y procurar su rescate y liberación
Llamadas a amar desde la acogida
a hospedar desde el amor
“Esta virtud tan grata a Nuestro Señor, tan ejercitada por los santos
del Antiguo y Nuevo testamento, es el principal objeto de nuestra
hermandad”.
El núcleo de la hospitalidad: “mirando en cada uno la persona de
Cristo” (1804)
“Como a una criatura hecha a la imagen y semejanza de la Santísima
Trinidad,
a unos prójimos criados para ver y gozar de Dios,
a unos hermanos suyos en Jesucristo
y al mismo Jesucristo que gusta de ser reconocido y reverenciado en
sus pobres y recibe cuantos servicios les hacen como hechos a su
misma persona” (1824)
La solidaridad tienen una dimensión de profundidad
tiene como expresión una vida encarnada.
y la mística
Estas dos vertientes son:
• la persona del otro; y ésta en un doble sentido:
- el qué del otro (qué le pasa al otro): su necesidad, su
situación su indigencia
- el quién del otro (quién es el otro): su dignidad
• mi/nuestra propia persona:
- el cómo: la manera de hacer las cosas
-el desde dónde/el porqué: quién mueve mi vida, es mi
referente y horizonte
J
U
A
N
B
O
N
A
L
Hospitalidad hasta el heroísmo
Vuestra caridad sea sin fingimiento; detestando el mal, adhiriéndoos
al bien; amándoos cordialmente los unos a los otros; estimando en
más cada uno a los otros; con un celo sin negligencia; con espíritu
fervoroso; sirviendo al Señor; con la alegría de la esperanza;
constantes en la tribulación; perseverantes en la oración;
compartiendo las necesidades de los santos; practicando la
hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis. Alegraos
con los que se alegran; llorad con los que lloran.
Tened un mismo sentir los unos para con los otros; sin complaceros
en la altivez; atraídos más bien por lo humilde; no os complazcáis en
vuestra propia sabiduría. Sin devolver a nadie mal por mal;
procurando el bien ante todos los hombres: en lo posible, y en cuanto
de vosotros dependa, en paz con todos los hombres; no tomando la
justicia por cuenta vuestra, (…)Antes al contrario: si tu enemigo tiene
hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; … No te dejes
vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien. (Rm 12, 9-21)
Descargar

Descargar - Hermanas de la Caridad de Santa Ana