Espiritualidad Encarnada y Apostólica
“Compartir la riqueza de nuestra espiritualidad,
especialmente por medio de los Ejercicios
Espirituales, para alimentar una experiencia
encarnada de Dios en las personas y
comunidades cristianas, contribuyendo así al proceso
de evangelización al que nos llama Aparecida”
A partir del número 106 de los EE.EE:
Primer punto:
“Ver las personas, unas y otras; y primero las de la
faz de la tierra, en tanto diversidad,
así en trajes como en actitudes, unos blancos y
otros negros, unos en paz y otros en guerra, unos
llorando y otros riendo, unos sanos y otros
enfermos, unos naciendo y otros muriendo, etc.”
Mirar la realidad en la cual estamos
viviendo, sintiéndonos interpelados
por ella.
¿Qué me dice todo esto:
personalmente
comunitariamente,
Iglesia/ Compañía?
¿Cómo encuentro Dios en medio
de esta Realidad?
:
• Texto Mateo 25,15-30
• Petición: pedir la gracia de crecer y vivir en una espiritualidad
encarnada y apostólica.
• Preguntas que ayuden a orar el texto:
• ¿Qué haces para que llegue y no llegue el Reino de Dios?
• ¿Cuáles son los “talentos” que el Señor te ha encargado y que
nos ha encargado como Compañía? ¿Cómo los usas?
• ¿Cómo crear una actitud espiritual que surja desde la
fragilidad y debilidad social y personal?
• (Tiempo de silencio y oración)
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Aparecida 503, nos recuerda que una de las preocupaciones más
relevantes de nuestra Iglesia es la concepción del ser humano,
hombre y mujer, que se ha ido plasmando. Agresiones a la vida, en
todas sus instancias, en especial contra los más inocentes y
desvalidos, pobreza aguda y exclusión social, corrupción y
relativismo ético, entre otros aspectos, tienen como referencia un
ser humano, en la práctica, cerrado a Dios y al otro.
¿Qué nos surge de esta frase de Aparecida?
“El gran apóstol no es el activista, sino el que guarda
en todo momento su vida bajo el impulso divino.
Cada una de nuestras acciones tiene un momento divino, una
duración divina, una intensidad divina, etapas divinas,
término divino. Dios comienza, Dios acompaña, Dios
termina. Nuestra obra, cuando es perfecta, es a la vez toda
suya y toda mía. Si es imperfecta, es porque nosotros hemos
puesto nuestras deficiencias, es porque no hemos guardado
el contacto con Dios durante toda la duración de la obra, es
porque hemos marchado más aprisa o más despacio que
Dios. Nuestra actividad no es plenamente fecunda, sino en la
sumisión perfecta al ritmo divino, en una sincronización total
de mi voluntad con la de Dios”
(P. Hurtado, Siempre en contacto con Dios)
•
¿Qué me surge de esta frase del P. Hurtado?
¿Qué sentimientos me provoca orar la quinta
Prioridad del Proyecto Apostólico Común de la
CPAL?
¿Ha provocado alguna moción?
Soy consciente de algunas tentaciones del mal
espíritu que me surgen?
¿Cómo siento que esto afecta mi Vida de Oración
y Apostolado?
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Oración por la Prioridad 5 – Espiritualidad encarnada y