¿Cómo ser Madre de Dios
si en mí misma yo no quepo
abrumada en el abismo
de este sublime misterio?
¿Cómo amoldar en mi mente
el divino pensamiento
que forjó todos los mundos
con tanto amor y concierto?
¿Cómo en mi ser acoger
en este cuerpo pequeño
la inmensidad de los mares
y la extensión de los cielos?
De quien el tiempo creó
¿Cómo ser madre en el tiempo?
Al que en el cielo no cabe
¿cómo encerrarlo en mi seno?
Señor de infinitas formas,
Imposible comprender
o sin formas, ni modelos
desde este humanado suelo
¿Cómo pensarte o soñarte
que el Dios que todo lo rige
en mi pequeño cerebro?
se haga vida, sangre y cuerpo:
Si Él vivió antes del mundo,
Siendo vida, que nazca,
que es del tiempo su comienzo,
siendo inmortal, sea terreno;
¿cómo podrá Dios nacer
siendo espíritu, mortal
en mis días y en mi cuerpo?
y que viva sin desvelos.
¿Cómo es posible que pueda
deshacerse en un momento
de toda su potestad
quien vive fuera del tiempo?
Él puede hacer mil milagros
Por ser Él, el ser Supremo…
Pero, ¿cómo podré yo
en mi barro de alfarero:
Si yo como ser creado
vengo de seres ya muertos
que se hundieron en la muerte
¿cómo engendraré al Eterno?
aguantar al que es la fuerza,
sostener al universo
en esta nada infinita,
en este mi pobre cuerpo?
Así respondió María
En su corazón rumiaba,
al divino Mensajero
entre plegarias y rezos,
en su humildad siempre simple,
las promesas actuales
esencia del pobre resto.
de Gabriel, el fiel cartero.
Ella sentía en su fe,
Y colmada de alegría,
transmitida por su pueblo
contenta en medio del peso
que se acercaban los días
de los mensajes divinos,
dichos en tiempos pretéritos.
inicia el místico adviento.
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