Jesús es condenado a muerte
¿Cuántas condenas a muerte
hay en la actualidad
por nuestra dejadez,
por nuestra falta de decisión?
Hambre, desarraigo,
violación, maltrato, aborto.
¿Cuántas?
Y nosotros seguimos
lavándonos las manos…
Como Pilatos.
Señor, da fuerza en nuestra vida
a la voz de la conciencia, a tu voz.
Que la Luz de tu mirada penetre
en nuestras almas y nos indique el camino a seguir.
Jesús carga
con la cruz
Jesús se humilla abrazando el mayor
símbolo de deshonor que existía en su
tiempo: la cruz.
Y hoy ese símbolo parece que molesta, que
desprestigia, que es humillante. Parece que
pesa llevarlo. Unos lo apartan de sí; otros lo
esconden.
¡Cuánto pesa la Cruz!
Señor, ayúdanos a no unirnos a los que se burlan,
ayúdanos a no desanimarnos
ante las burlas del mundo
cuando se ridiculiza la obediencia a tu voluntad.
Señor, danos fuerza para mostrar la Cruz
y proclamar tus enseñanzas.
Jesús cae
por primera vez
Las zancadillas abundan.
Del árbol caído todos hacemos astillas.
¿Dónde quedan los vivas y los hosannas con que el pueblo
le aclamó el día de su entrada en Jerusalén?
Igual hoy, con qué facilidad encumbramos a alguien
y con qué mayor facilidad lo hundimos
con nuestro desprecio, nuestra indiferencia, nuestra envidia.
Ayúdanos Señor,
a renunciar a nuestra envidia,
a nuestra soberbia destructiva,
que seamos capaces
de alegrarnos del éxito ajeno
y veamos en él un estímulo
para nuestro comportamiento.
Jesús encuentra a su
Santísima Madre
¡Cuánto consuelo sentirían al verse!
o ¿fue mayor el dolor?
Aun hoy, a nuestro alrededor,
cuántas madres y padres
sufren al ver a sus hijos.
Por su pobreza
que no les permite
alimentarlos debidamente.
Cuando ven,
sus caminos extraños, no soñados.
¿Quién consuela a las madres
de desaparecidos, de drogadictos, de moribundos?
El encuentro de Jesús con su madre
es un gesto solidario con nuestras penas más íntimas.
Virgen María,
madre y abogada nuestra,
te rogamos intercedas
ante tu Hijo para que
sepamos ver siempre
el lado bueno
en los encuentros entre
padres e hijos,
que salvemos
las diferencias de opinión,
que los padres sepamos
dar buen ejemplo
del camino a seguir
y los hijos acepten
con cariño y respeto
las indicaciones
de los padres.
Simón de Cirene ayuda
a Jesús a llevar la cruz
Simón de Cirene
Era un trabajador
honrado
y cumplidor.
Él iba a lo suyo
sin importarle
lo que pasaba
a su alrededor.
Pero la casualidad,
las circunstancias o
una mirada
significativa
le hicieron ser
ejemplo de
solidaridad
y de apoyo.
Hoy en una sociedad tan individualista pasamos sin darnos
cuenta de la cantidad de personas que no pueden con su cruz
Ese no es nuestro problema. No hay tiempo para pararse en
los demás.
Ayúdanos
a socorrer a
nuestro prójimo
que sufre,
aunque esto
contraste
con nuestros
proyectos
y nuestras
simpatías.
Enséñanos a reconocer que, precisamente compartiendo los
sufrimientos de este mundo, nos acercamos más a nuestra salvación.
La Verónica
limpia el rostro
de Jesús
El gesto de valentía y compasión de la Verónica
seguro que provocó una mirada
de agradecimiento y amor de Jesús.
Necesitamos vivir bajo las miradas de los demás
y así recibir su aprobación, su afecto o
su recriminación y su rechazo.
Por tanto,
nosotros podemos ayudar a vivir
siendo, simplemente,
mirada para alguien.
¿Pero qué rostro muestro yo
a los demás?
Señor, protégenos
de la oscuridad del corazón
que ve solamente
la superficie de las cosas.
Danos la sencillez y la pureza que nos
permitan ver tu presencia en el mundo.
Jesús cae por
segunda vez
¡Qué vergüenza, Jesús!
La muchedumbre está en la calle vestida de fiesta
para celebrar la mayor del año.
Y tú por los suelos y harapiento;
pero tú si que estás preparando la gran fiesta.
La fiesta de nuestra liberación.
Por eso levántate y sigue tu camino.
Señor, levántanos de nuevo, porque solos no
podemos reincorporarnos. Danos un corazón capaz
de ver, de distinguir entre las necesidades materiales
y las necesidades interiores. Levántanos para que
podamos levantar a los demás. Danos esperanza para
que seamos portadores de esperanza.
Jesús consuela a las mujeres
Ni siquiera en su triste estado deja Jesús de
preocuparse por los demás. Comprende el
gesto compasivo de aquellas mujeres, pero
le horroriza el destino de su pueblo.
¿Nosotros participamos en
enfrentamientos religiosos o étnicos?
¿O como cristianos nos abrimos de
corazón y los acogemos con amor?
Haz que caminemos junto a ti sin limitarnos
a ofrecer sólo palabras de compasión.
No permitas que nos quedemos como el leño seco,
sino que lleguemos a ser sarmientos vivos,
frutos para la vida.
Jesús cae por tercera vez
Ahí está, delante de nuestros ojos bajo el peso de la cruz,
la luz del mundo caída en el suelo por tercera vez.
Que no nos asuste la vista de un condenado
que cae a tierra extenuado.
Nosotros, a veces, también lo parecemos. ¿Cuántas veces no actuamos
relajados en el cumplimiento de nuestros deberes? ¿Cuántas veces nos
dejamos caer y sucumbimos ante el ejercicio de nuestra
responsabilidad?
¡Queremos escurrir el bulto y al final nos convertimos en bulto!
Señor ayúdanos a dar
siempre más, aún cuando
las fuerzas parezcan
abandonarnos.
Que seamos capaces de
levantarnos de nuestras
caídas y luchemos por
continuar nuestro
camino.
Jesús es despojado de sus vestiduras
Jesús es despojado.
Pero no nos
equivoquemos,
Él mismo ya
se había desnudado;
para lavar los pies
de sus discípulos.
Nadie le va a quitar
la vida;
Él nos la da.
Se reparten
sus vestidos;
despojo,
vergüenza,
dolor.
Y la humanidad sigue desnudando
inocentes, deshonrados,
despojados de la sociedad.
Señor Jesús, concédenos un profundo respeto hacia el hombre en
todas las fases de su existencia y en todas las situaciones en que lo
encontremos.
Jesús es clavado en la cruz
Hasta hace poco las penas capitales eran espectáculo público
para escarmiento del resto de la población.
Y aún hoy el golpeteo de los martillazos los vemos una y otra
vez en las noticias televisivas:
Bombardeos sistemáticos, violaciones, abortos, asesinatos.
La humanidad sangra por múltiples heridas.
Se desdibuja la imagen de Dios que hay en cada ser humano,
tanto en la víctima como en el agresor.
Ayúdanos a no desertar ante lo que debemos hacer.
A desenmascarar la falsa libertad que nos quieren vender.
Ayúdanos a comprometernos con la libertad que Tú nos ofreces.
Que defendamos siempre el Bien y denunciemos el Mal.
Jesús muere en la cruz
Todos tememos perder algo nuestro;
aún más tememos morir.
En ocasiones, con tal de sobrevivir,
no nos detenemos en el deterioro
de nuestro entorno
ni la apropiación indebida
de los bienes ajenos
ni en destrozar
la dignidad de los demás.
Pero Jesús le da la vuelta
a estos planteamientos y nos dice:
“Quien da su vida por los demás,
salva la propia vida”.
Señor,
dame valor y fuerzas
para seguirte,
dame valor y fuerzas
para defenderte,
para alabarte
y glorificarte.
Dame luz
para reconocer
tu rostro en todas
las cosas buenas
que hay en este mundo:
plantas,
animales,
personas.
Jesús
es bajado de la cruz
y entregado
a los brazos de su madre
Qué respeto,
qué piedad más profunda ante la madre que sostiene al Hijo amado,
convertido en puro desgarro por nosotros.
En Belén le arropó con pañales, aquí le abriga con su cuerpo.
Se han colmado los dolores que el viejo Simeón vaticinó en el Templo.
María recoge el fruto del grano de trigo muerto.
¡Oh Virgen Dolorosa!
Acógeme
entre tus brazos
y protégeme
en mi duro camino diario
y cuando llegue mi hora
llévame en tu regazo
ante tu Hijo
e intercede por mí.
Jesús es colocado en el sepulcro
La Pasión de Jesús
engrandece
nuestros corazones.
La contemplación
de su Muerte nos
fortalece a los
cristianos.
Porque nosotros
sabemos que la
muerte no es el
final.
Señor, tú has dicho:
“Si el grano de trigo no muere, no dará fruto”.
Tú eres ahora, en el sepulcro,
ese grano enterrado que nos dará
la espiga maravillosa
de tu resurrección.
Tu triunfo está cerca.
¡Gracias, Señor!
¡Bendito seas!
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Jesús es condenado a muerte