GRATITUD
Textos de André Comte-Sponville
La gratitud es la más agradable
de las virtudes. Sin embargo, no
es la más fácil.
En el caso de la gratitud,
el hecho de que sea
agradable no sorprende
tanto como el hecho de
que sea difícil.
¿Quién no prefiere recibir un
regalo a un golpe? ¿Quién no
prefiere dar las gracias a
perdonar?
La gratitud es el
placer de recibir y la
alegría de estar
alegre.
Es un segundo placer
que prolonga un
primer placer: es
como un eco de
alegría a la alegría
sentida.
Es como una
felicidad por
añadidura
debida a una
felicidad de
más. ¿Hay
algo más
sencillo?
La gratitud es una virtud de la cual
se puede carecer: sentirla tiene
algún mérito, a pesar del placer o
quizá a causa de él.
La gratitud es un misterio, pero
no por el placer que se
experimenta, sino por el
obstáculo que se vence.
La gratitud
es la más
agradable
de las
virtudes y
el más
virtuoso de
los
placeres.
La gratitud no nos quita
nada: es un don que se
da a cambio, pero sin
pérdida y casi sin objeto.
Lo único que la gratitud tiene
para dar es el placer de haber
recibido. ¿Existe una virtud
más ligera, más luminosa?
¿Existe una virtud más feliz
y más humilde, una gracia
más fácil y más necesaria
que la de dar las gracias
con una sonrisa o con un
paso de danza, con un
canto o con la felicidad?
Agradecer es dar; dar las
gracias es compartir.
Este placer que te debo
no es sólo para mí. Esta
alegría es nuestra.
La gratitud es don, la
gratitud es compartir, la
gratitud es amor: es una
alegría que va acompañada
por la idea de su causa.
En el sentido literal, sólo
podemos sentir gratitud
hacia los seres vivos. Sin
embargo, cabría preguntarse
si toda alegría recibida, sea
cual sea su causa, no puede
ser el objeto de esta alegría
recíproca que es la gratitud.
¿Cómo no sentirnos
agradecidos al sol por su
existencia? ¿Cómo no
sentirnos agradecidos a la
vida, a las flores, a los
pájaros?
Toda alegría, incluso la alegría
puramente interior o reflexiva
tiene un motivo exterior, que es
el universo, Dios o la
naturaleza: que es todo.
La gratitud es gratuita, por lo
cual no podemos exigir de
ella, o por ella, ningún tipo de
pago.
El reconocimiento quizá sea
un deber, en todo caso una
virtud, pero no puede ser un
derecho por el que se pueda
exigir cualquier cosa en su
nombre.
La gratitud se ve movida a
actuar a favor de quien la
suscita, porque el amor
quiere devolver alegría a
quien le alegra: así la
gratitud alimenta la
generosidad, que a su vez
alimenta a la gratitud.
El reconocimiento o la
gratitud, es el deseo o el celo
de amor por el que nos
esforzamos en hacer el bien, a
aquel que nos lo ha hecho en
virtud de un sentimiento
parecido de amor hacia
Lo que la gratitud enseña, es que
existe una humildad feliz, o una
alegría humilde, porque sabe que
no es su propia causa, ni su
propio principio, y por ello se
alegra todavía más.
¡Qué placer decir gracias¡
Porque la gratitud es
amor, porque se sabe
deudora, o más bien
porque se sabe
satisfecha, más allá de
toda esperanza y antes de
toda espera, por la
existencia de eso mismo
que la suscita.
La gratitud se alegra de lo que ha
ocurrido, o de lo que es, por lo tanto
es lo contrario de la pesadumbre o
de la nostalgia, también de la
esperanza o de la angustia.
Gratitud o inquietud. La alegría
de lo que es o fue contra la
angustia de lo que podría ser.
La gratitud es la
alegría de la
memoria, el amor
por el pasado, no
el sufrimiento por
lo que ha dejado
de ser, ni el
lamento por lo que
no ha sido, sino el
recuerdo alegre de
lo que fue.
La gratitud es el tiempo
reencontrado, lo que hace que la
idea de la muerte nos resulte
indiferente, puesto que la
muerte misma que se adueñará
de nosotros, no podrá adueñarse
de lo que hemos vivido.
La muerte sólo nos privará del
futuro que, no existe. La
gratitud nos libera de él por el
saber feliz de lo que fue.
El reconocimiento es un conocimiento
(mientras que la esperanza es sólo
imaginación); por eso afecta a la verdad
que es eterna, y la habita. La gratitud
es el goce de la eternidad.
La gratitud no anula
el duelo; lo lleva a
cabo: hay que sanar
a los desgraciados
por el recuerdo
agradecido de lo que
se ha perdido y por
saber que no es
posible hacer que no
haya sucedido lo que
ha sucedido.
¿Existe una formulación más
bella del duelo? Se trata de
aceptar lo que es, y también,
por lo tanto, lo que ya no es, y
amarlo tal cual, en su verdad,
en su eternidad.
Se trata de pasar
del dolor atroz de
la pérdida a la
dulzura del
recuerdo, del
duelo que hay
que llevar a cabo
al duelo llevado a
cabo: el recuerdo
agradecido de lo
que se ha
perdido.
¡Qué atroz es que nuestro amigo haya
muerto! ¿Cómo podríamos aceptarlo?
Por eso el duelo es necesario, por eso
es difícil, por eso es doloroso. Pero la
alegría vuelve a pesar de todo: ¿Qué
bien que haya vivido¡ El trabajo de
duelo es el trabajo de la gratitud.
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