YO MUJER, Y DIOS A MI LADO
GLORIA JOSEFINA A. PALACIOS CUEVAS
INTEGRANTE DE LA CVX MONTSERRAT DE OAXACA,
MEXICO
MAGIS III
Señor:
¡ Ilumina mi mente!
¡Abre mi entendimiento!
Y sobre todo dame la capacidad de externar
todo lo que siento por tí, lo que he aprendido
de ti.
Suelta mi mente y mi lengua que lo que
siento y lo que he aprendido, vivido,
experimentado acerca de tu divinidad, me
sea posible comunicarlo a otros.
Permiteme compartir mi experiencia, que sepan que
no están solos que todos en este mundo te
amamos y buscamos reconocerte de alguna
manera, que nos sentimos hambrientos de ti, que
te tenemos siempre junto a cada uno de nosotros,
que estas en todo tiempo y en todo lugar, que
solo debemos soltar nuestras manos para
encontrarnos con las tuyas, que solo debemos
voltear la mirada para encontrarnos con tus ojos
misericordiosos que se presentan en todas las
cosas bellas o desagradables que nos rodean, y
pedirte con todo nuestro corazón que nos
permitas “ver” tú presencia, sentirte, entenderla y
aplicarla en tu nombre para apoyar a nuestros
semejantes.
Sé de tu presencia, siento
que estas aquí y ahora
enséñame
a
verte,
mostrarte a otros, sobre
todo a mis nietas a Jimena
y a Regina, que te
conozcan, que te sientan,
que te busquen, que
confien plenamente en tu
presencia.
¿Cómo hacerlo? ¡Con tu
ayuda, puedo!
Acércamelas suavemente y
guíame, ilumíname
Más quien escandalizare a uno de estos
parvulillos, que creen en Mí
Mejor le seria que le colgasen del cuello
una de esas piedras de molino que
mueve un asno, y así fuese sumergido
en lo profundo del mar. Mateo 18.6
Esta cita, me suena amenazante,
su contenido me parece fuerte y
drástico y ahora puedo darme
cuenta que entre mis cinco y
siete años esta era la imagen del
Dios que yo tenía y al que temia.
La educación religiosa se basaba
en el temor constante a un Dios
castigador que me vigilaba sin
pestañear, quien todo sabia y
veía es más, mi mamá y “las
monjitas” decian que Dios
adivinaba mis próximas acciones
para sancionarme. Sin embargo
por instantes yo era una niña
feliz, lo cual mostraba la
presencia del Dios bueno.
El temor era tal, que al salir de la escuela a
las cinco de la tarde temía el que se
ocultara el Sol, pues esa era la señal de
que le mundo se acabaría por haberme
portado mal.
Hablo de los años cincuenta en la ciudad
de Oaxaca, en esa época una ciudad
pequeña, marcada por el “que diran” Mi
percepción de ese tiempo como niña,
fue de terrible miedo hacia Dios y el de
considerar que todo era pecado y que
por lo mismo recibiría un castigo .
Es importante saber que mi madre era hermana
menor de un sacerdote bastante impositivo y
convencido de que era él nuestro único e
indiscutible guía familiar.
Cuando cumplí los siete años, mis padres nos
llevaron a vivir al estado de Chiapas y ahí lejos
del “tío cura” y también de las monjitas,
experimenté al Dios “cuidador” que me salvaba
junto con mis hermanas de todos los bichos, el
clima, las tempestades… mi madre, se acercó a
la Iglesia y era agradable visitarla y pedirle a
Dios su protección en un ambiente diferente,
pues los Santos en los altares eran escasos y
había mucha luz.
La luz era muy importante para mí en esa
etapa de mi vida, los lugares cerrados, me
impresionaban, (por ejemplo en Oaxaca) la
Ceremonia de los Viernes Santos, en los que
asistía con mi abuela materna a la Iglesia de
San Felipe Nerí y en esa ceremonia, a las
tres de la tarde apagaban las luces y se oía
la voz del sacerdote al mismo tiempo que el
de láminas que hacían sonar para semejar
los relámpagos y los truenos del Monte
Calvario, eso si que era para asustar a chicos
y grandes y reafirmaba mi pobre e inocente
imagen de Dios.
Por situaciones familiares, regresé de
Chiapas a Oaxaca al siguiente año para
vivir con mi abuela paterna que era
maestra de primaria, muy enérgica y
adusta para con los demás, pero a mí me
adoraba, por ser su primera nieta e hija de
su único hijo, ella creía en Dios y
asistíamos a misa los domingos como
preámbulo para asistir al concierto
dominical y a comer a un restaurante, en
eso consistió el ritual religioso que conocí.
En ese tiempo mi
Dios
era
más
agradable
pues
después
de
visitarlo tan solo
por
un
rato,
obtenía un premio
dominical
Durante las vacaciones cortas mi abuela
paterna, me llevaba al pueblo en donde
vivían mis abuelos maternos con el “tío
cura” Entonces las cosas cambiaban y vivía
prácticamente en la Iglesia pues asistía a
misa, cantaba… en latín? el tamtum ergum
con mi abuela, oía todo el día hablar a mi
tío, del pecado y del castigo para quienes lo
cometían. Volvía en esos días mi temor a
Dios e influía para que en mis actividades
como catequista, transmitiera ese temor
ante los chiquitos, ese Dios al que yo tanto
temía.
Así fue pasando el tiempo, continué mis
estudios en una secundaria católica, en
la que también mediante el manejo del
“temor a Dios” se me inculcaron
valores que ahora a través del tiempo
trato de que revalorandolos y dandoles
su verdadera dimensión yo pueda,
inculcárselos a mis nietas por medio del
amor y la comprensión adaptándolos a
su tiempo y en el contexto del medio
ambiente que les rodea.
Mi abuela paterna observaba (ahora lo entiendo)
que algo tenía que frenar mi ímpetu de
juventud y entonces prácticamente me
obligaba con regaños, y malas caras para que
asistiera a misa los domingos, al rosario, a ser
parte de alguna congregación de Hijas de María
con el fin de que fuera cuidándome y pusiera
en práctica los valores morales que había ido
adquiriendo.Yo quiero tener una actitud
amorosa, para ahora inculcar esos valores a nis
nietas.
Terminé mi
carrera de Maestra de
Primaria y me fui a trabajar a un
pueblo cercano en donde las madres
de mis alumnas me pedían, llevara yo a
sus hijas a la Iglesia y les “prendiera
una vela” pues eso iba a ser signo de
que eran mis ahijadas y yo las tendría
que cuidar y formar en lo referente a la
Iglesia.
En esa época, retomé al Dios vigilante que
conocía, con tal de que por el temor, las
niñas tuvieran otra actitud ante su
familia, a mi me servía en esos
momentos,
pues
demostraba
mi
autoridad y mi capacidad como maestra
en todos los aspectos
Servía también, para que las madres de mis
alumnas-ahijadas, me permitieran traerlas
a la ciudad, a mi casa y así yo tenía una
compañía y un cariño dulce e inocente
que me hacia muy feliz.
Ahora al paso del tiempo, recuerdo con
mucha dulzura esos años, en los que Dios
me permitía darlo a conocer, aunque con
tantos errores, con tantos miedos y es
algo que enturbia a veces esos recuerdos y
me provoca un dolorcito que, calmo
cuando me digo que por mi propia
formación, deformé la información para
esas niñas, que espero ya tengan también
otro conocimiento de Nuestro Padre Dios
en base a sus experiencias y condición de
madres o abuelas si es que ya lo son.
Continúe mi vida profesional ya casada y
con mis tres hijos varones.
Como esposa, fui recibiendo otra
educación en la que Dios solo estaba
presente para cumplir, los sacramentos
necesarios, que nos permitieran recibir
el nombre de católicos, mi esposo me
permitía trabajar, pero no ir a la
Iglesia.
En un principio acepte gustosa por la
comodidad que eso representaba,pues
me daba la oprtunidad de vivir más en
la mundanidad, pero mi conciencia
hacia que no estuviera tranquila y por
las tardes, cuando me quedaba sola
con mi hijo mayor que tenía un año y
medio, yo me hincaba ante una
imagen y lloraba sin consuelo, pidiendo
tranquilidad para mi alma.
Ahora buscaba a ese Dios Padre, para que me
ayudara.
Cuando podía salir con mis hijos, los llevaba a
la Iglesia a rezarle al Santo Niño de Atocha.
(venerado siempre por mi padre)
Me volví fanática del Niño, le pedía que
resolviera todos los problemas que se me iban
presentando en mi familia, lo buscaba todo el
tiempo le lloraba…le suplicaba, sentía que al
salir de la Iglesia, todo estaba en orden.
Eduqué a mis hijos en ese fanatismo que les
provocaba temor y a veces tranquilidad, y del
cual hasta la fecha los ha mantenido alejados
un poco de la Iglesia. Ahora cuando ellos me
ven en esta etapa de mi vida en la que me
encuentro feliz… realizada tratando de apoyar a
los que menos tienen en todos los aspectos y
que todo esto es por mi reconocimiento del
Señor Nuestro Padre Dios, ellos observan y con
alegría he notado que a mis acciones para con
la Iglesia me apoyan y en alguna ocasión, ante
un problema se dejan guiar por mí en relación a
la confianza y la entrega que debemos hacer a
Nuestro Padre Dios de los sentimientos y las
cosas que no nos han sido dadas.
De esta manera yo busco acercarme más a
Dios Padre, al querer se me permita,
acompañar a mis dos nietas en este
camino del conocer al Dios Papá-Máma.
¡SEÑOR! TUVE MIEDO… DUDÉ DE MI FE…
ME ASUSTÓ EL SILENCIO, MI SOLEDAD
INTERIOR Y QUISE CONFRONTARTE,
INTERROGARTE SOBRE LO QUE ME
PASABA, PORQUE CUANDO “YO” HABÍA
DECIDIDO LLEGAR A TI SIN SABER
EXACTAMENTE DE QUE MANERA, TÚ ME
PONÍAS TRABAS, ME DABAS LARGAS; Y
ESO ME INQUIETÓ, ME ASUSTÓ.
QUIERO IMAGINAR QUE ANTE MIS DUDAS, TÚ JUNTO
A MÍ SONREÍAS Y MOVÍAS LA CABEZA DICIENDO
“TONTITA”, Y ME PUSISTE EN EL LUGAR EXACTO,
EN LO QUE ME GUSTAS, EN LA COMODIDAD, EN LA
ABUNDANCIA, EN LO AGRADABLE Y YO POCO LO
APRECIABA, YO QUERÍA LLEGAR A TI, ADONDE
ESTABAN TODOS, SENTÍA QUE DE ALGO ME ESTABA
PERDIENDO Y AL MISMO TIEMPO, TÚ ERAS MI
MAESTRO
PARTICULAR,
EXCLUSIVO,
MOSTRÁNDOME
COMO
LLEGAR
A
TI
A
REENCONTRARTE POR OTRO CAMINO, QUE NO ERA
EL QUE YO HABÍA TRAZADO, Y TÚ COMO EL
PRIMER ARQUITECTO DE MI VIDA
ME
ACOMPAÑABAS A RECORRER OTRO DISTINTO, CON
AMOR, CON CUIDADOS, COMO TU HIJA
PREDILECTA QUE SOY.
Descargar

Diapositiva 1