En la Sevilla de principios del siglo XIII, ciudad
antes cristiana, tras la dilatada ocupación por
los árabes, apenas si quedaban fieles
cristianos.
Entonces, el año 1219, cinco de los primeros
franciscanos vinieron a Sevilla a predicar el
Evangelio, e intrépidamente comenzaron a
hacerlo por toda la ciudad.
Por ello, fueron encarcelados y, tras declarar
ante el rey su propósito de evangelización,
condenados a muerte.
Llevados luego a África, fue allí donde se cumplió la sentencia
y fueron degollados. Ellos eran: Berardo, Pedro y Otón,
sacerdotes, con Acursio y Ayuto, hermanos legos.
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