Esdras
2:68-70
“Y algunos de los jefes de casas
paternas, cuando vinieron a la casa
de Jehová que estaba en Jerusalén,
hicieron ofrendas voluntarias para la
casa de Dios, para reedificarla en su
sitio.
69 Según sus fuerzas dieron al
tesorero de la obra sesenta y un mil
dracmas de oro, cinco mil libras de
“…70 Y habitaron los
sacerdotes, los levitas, los del
pueblo, los cantores, los
porteros y los sirvientes del
templo en las ciudades; y todo
Israel en sus ciudades.”
A. En nuestro mensaje
anterior hablamos un
poco acerca del concepto
de “responsabilidad”, de
la responsabilidad del
creyente para con su
familia y para con su
B. El libro de Esdras
comienza su narración
estableciendo una fecha:
“En el primer año de Ciro,
rey de Persia…” Estamos
hablando
aproximadamente del año
1. Nabucodonosor, rey de
Babilonia, destruyó el templo de
Jerusalén 70 años antes de los
eventos narrados en Esdras.
2. Una cita del renombrado
historiador judío Flavio Josefo
nos ubicará en el contexto de
este pasaje (Antigüedades de
los Judíos, Vol. II. p. 197):
“La destrucción fue total.
La reconstrucción parecía
imposible. Sin embargo, Dios
tenía un plan. Aunque el
pueblo había sido
desobediente y había estado
sufriendo por causa de su
desobediencia, Dios tenía un
C. Para cuando llegamos
a este momento, Dios ya
ha echado a andar su
plan.
1. Despertó el espíritu de Ciro y
puso en su corazón el deseo de
“edificarle casa en Jerusalén,
que está en Judá” (Esdras 1:2).
2. Ciro había invitado al pueblo,
que hasta ese momento
permanecía cautivo en
Babilonia, a que se levantara y
fuera a Jerusalén a reconstruir
3. Dios también movió el
corazón de Ciro para que
promoviese toda clase de ayuda
para quienes decidiesen viajar a
Jerusalén (Esdras 1:4) con este
propósito y devolviese todos
los utensilios que
Nabucodonosor había sacado
de la casa de Jehová setenta
años antes (Esdras 1:7-11).
4. La otra cosa que Dios hizo
como parte de su plan fue
despertar el espíritu de la gente
del pueblo para que pusieran
manos
a la ha
obra.
Todo esto
sucedido en Babilonia.
Ahora hay que viajar a Jerusalén y
poner manos a la obra
Ahora es tiempo de que el pueblo de
Dios cumpla con su responsabilidad.
D. La Biblia no dice cosa
alguna acerca de este
monumental viaje. La
expresión que parece
conectar el viaje con el
propósito del mismo se
reduce a dos palabras: “cuando
Dos cosas más en esta introducción,
antes de entrar al desarrollo del
mensaje:
La primera es que no porque
llegaron a Jerusalén ya habían
logrado su objetivo.
Y la segunda es que algunos de los
jefes llegaron directamente al lugar
donde estaba la casa de Dios. Dice el
verso 68,
“Y algunos de los jefes de casas
paternas, cuando vinieron a la casa de Jehová que
estaba en Jerusalén”.
El pasaje habla
específicamente acerca
de la responsabilidad
que
el pueblo
tomó de ofrendar para la
reconstrucción
Tú necesitas tomar
conciencia de
tu responsabilidad
personal
en relación con
las ofrendas.
¿De qué
responsabilidades
nos habla el texto
a consideración?
Del estudio de este pasaje
podemos derivar cinco
responsabilidades que
fueron restauradas en el
pueblo de Israel al volver a
Jerusalén.
La
primera de ellas es
A. Algo así sucedió en el
episodio que narra
nuestro pasaje. Había
buenos ejemplos y malos
ejemplos.
La preposición “de”, que la
sigue, indica que no todos
los jefes de las casas
paternas fueron buenos
ejemplos al ofrendar;
fueron sólo ‘algunos’.
Es decir, sólo algunos de
los jefes de las casas
paternas se dispusieron a
ofrendar para la
reconstrucción del templo
de Jerusalén. Sólo fueron
‘algunos’ lo que dieron el
Sólo algunos
aceptaron la
responsabilidad
financiera de la
reconstrucción del
templo.
B. Hay una gran
diferencia entre ser un
buen ejemplo al ofrendar
y ser un presumido al
ofrendar.
¿Sabe una cosa? Jesús sí
dijo esas palabras (Mateo 6:1-4).
Pero las dijo porque los
líderes religiosos de la época
hacían mucho guato acerca
de la cantidad de dinero que
estaban dando al templo.
Lo hacían para presumir.
Eso de ninguna manera
constituye un buen ejemplo al
ofrendar. Ser un buen ejemplo
es hacer lo que hicieron
aquellos jefes de casas
paternas en los tiempos de
Esdras; ellos lo hicieron en el
contexto de sus familias.
Ellos estaban tratando
de enseñar a sus hijos
a ser responsables
en cuanto a las ofrendas.
Vea usted en dónde están.
Dice el texto 68
“Y algunos de los jefes de las casas
paternas, cuando vinieron a la casa
de Jehová que estaba en
Jerusalén…”
A. Así que después de
haber viajado a lo largo de
más de 1500 kilómetros de Babilonia a Jerusalén,
ahí estaban.
Todo aquello quedó
arrasado, no quedaron
sino montones de
escombros aquí y allá, y
es sobre esos escombros
que aquellos hombres
están parados.
Pero vea usted cómo
llamaron al sitio:
“la casa de Jehová que
estaba en Jerusalén”.
B. Hoy, sesenta años
después, las cosas
han cambiado
radicalmente, pero el
principio bíblico no
El lugar para entregar
nuestros diezmos y
ofrendas al Señor es la
iglesia local, porque es
ella la que tiene
la
encomienda de la Gran
Comisión, en todos sus
C. ¿Y sabe usted otra
cosa? Éste es el plan del
Señor para el
sostenimiento de
Su iglesia y para el
extendimiento
del
No hay otro plan.
ministerio.
A. Contexto del pasaje.
Imagínelo.
B. ¿Significa que los
miembros de la iglesia no
tienen autoridad en
cuanto al manejo de sus
C. Y en esa ocasión no se
esperaba que todos
dieran la misma cantidad,
porque no todos tenían la
misma posibilidad. Dice el
verso 69 que dieron “según
sus fuerzas”, es decir,
conforme a su capacidad
Y mi actitud al dar debe
ser la correcta, “No con
tristeza, o por necesidad,
porque Dios ama al dador
alegre.” (2ª a Corintios
9:8).
D. Y una cosa más a este
respecto. ¿Sabe usted lo
que es el diezmo?
El diezmo no es la manera
en la que Dios nos quita
nuestro dinero (que, para
empezar, Él nos lo ha dado);
el diezmo es una manera de
¿Se ha dado cuenta de
que el diezmo es la única
instancia en la Biblia con
la que se nos dice que
podemos probar a Dios?
Eso es lo que dice
Malaquías 3:10…
“Traed todos los diezmos al
alfolí, y haya alimento en mi
casa; y probadme ahora en
esto, dice Jehová de los
ejércitos, si no os abriré las
ventanas de los cielos, y
derramaré sobre vosotros
bendición hasta que
Y las promesas siguen en los
versículos 11 y 12 de
Malaquías 3. Léalo y se dará
cuenta de que no es un mal
trato dar al Señor nuestro
diezmo, para empezar, y más
que nuestro diezmo, “según
sea nuestra fuerza”.
Y esto puede verse en las
cantidades que ellos dieron al
Señor. En el verso 69 dice,
“Según sus fuerzas dieron al tesoro
de la obra sesenta y un mil dracmas
de oro, cinco mil libras de plata,
y cien túnicas sacerdotales.”
Pero eso no fue lo que hizo
la gente de nuestro texto.
Un comentarista estima la
contribución total en alrededor
de 90,000 libras esterlinas,
que en dólares serían $137,700
dólares, o $1,721,250 pesos.
¡Una gran ofrenda! Y aparte,
100 túnicas sacerdotales.
La lección a derivar es
que aquella fue una
ofrenda generosa. No se
anduvieron con medias
tazas. Vieron la
necesidad y dieron
¿Ha cambiado usted su
residencia de una ciudad
a otra? ¿Cuál es su
primera prioridad?
Encontrar dónde vivir,
¿no es cierto?
Vea usted cuál parece
haber sido la prioridad
número uno de la gente
de nuestro texto: Llevar
sus ofrendas a la casa del
Señor.
¿Qué prioridad
tienen tus ofrendas
en tu planeación
financiera?
Cuándo te depositan tu
sueldo en tu cuenta,
¿de inmediato haces
una transferencia a la
cuenta de la iglesia?
¿Cuando llega el sábado
por la noche, sacas tu
chequera y escribes un
cheque con lo que es tu
diezmo y ofrendas
para ese día?
¿Apartas el efectivo
para diezmo y
ofrendas?
O primero sacas tu lista de pagos y
comienzas: abono de la casa,
abono del auto nuevo, abono del
viaje de vacaciones, pago de las
colegiaturas, pago de tarjetas, para
la despensa, para los servicios, y
¡ups, no completé para los pagos,
menos para mi diezmo y ofrenda!
¿Sabes una cosa?
Dios espera Su parte
de tus primicias,
no de tus sobrantes.
¿Te molesta que se hable
acerca del dinero desde el
púlpito? ¿Te incomoda que
se hable de la mayordomía
del dinero? ¿Por qué? ¿Será
que no estás siendo el
mayordomo que Dios quiere
Si yo hago bien mi trabajo, el
Espíritu Santo hará el Suyo.
Es con Él, no conmigo, con
quien debas quejarte acerca
de tu incomodidad o de tu
molestia porque el Pastor
habló acerca del dinero.
Y sólo hay dos cosas que
puedes hacer al respecto:
Responder en obediencia
al Espíritu Santo
o apagarlo.
Tú decides.
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