Jesús
contó la
siguiente
parábola:
Un pastor
tenía cien
ovejas.
Todas las
mañanas
las llevaba
al prado a
pastar, y al
atardecer,
regresaban
a casa.
Pero un día, una de las ovejas se alejó de
las demás. Poco a poco se fue distanciando.
El pastor, al
darse cuenta,
se preocupó
mucho y salió a
buscarla por
todas partes.
La ovejita
estaba perdida,
y se sentía
triste y sola;
expuesta a los
peligros sin la
protección de su
pastor.
El pastor
continuó
buscando, sin
descansar,
hasta que
por fín,
encontró a la
ovejita.
Lleno de
alegría por
haberla
encontrado,
la puso
sobre sus
hombros y la
llevó a casa.
El Pastor les
dijo a sus
amigos y
vecinos:
“Felicítenme
porque
encontré a
mi oveja
perdida.”
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