Este salmo presenta la figura de un hombre
que tiene su morada entre gentiles pero
cuyos ojos están firmemente fijos en
Jerusalén, en cuyo templo reposa la gloria
de Yavé.
Es un cántico poético, breve pero
profundísimo, que expresa la situación
dramática que, en no pocas ocasiones, se
vive la fe. Nuestro fiel israelita ama la
verdad de Yavé y al Yavé de la verdad, pero
vive en un ambiente en el que la mentira y el
engaño son la moneda corriente de la
sociedad en todas sus proyecciones: social,
política, económica, religiosa, etc.
«En mi angustia grité al Señor, y él me
respondió. ¡Señor, líbrame de los labios
mentirosos y de la lengua traidora!... ¡Ay de
mí, exiliado en Mésec, acampado en las
tiendas de Cedar!». Mésec y Cedar son dos
pueblos que representan a los gentiles.
Vemos cómo este hombre, que quiere ser fiel a Yavé, le pide que le libre de la falsedad,
del engaño, sobre todo de la mentira que solapadamente provoca una relación ficticia y
aparente del hombre con Dios
En mi aflicción llamé al Señor, y El me respondió.
Líbrame, Señor, de los labios mentirosos, de la lengua traidora.
¿Qué te va a dar o mandarte Dios, lengua traidora?
Flechas de arquero, afiladas con ascuas de retama.
¡Ay de mí, desterrado en Masac, acampado en Cadar!
Demasiado llevo viviendo con los que odian la paz;
cuando yo digo: "Paz", ellos dicen: "Guerra".
Rezo por todos aquellos a quienes se ha privado de su derecho a vivir en su
tierra, que han sido expulsados por la fuerza, perseguidos, separados, exiliados.
Por todos aquellos que han tenido que construir una casa lejos de su propia casa
y tienen que vivir en una cultura ajena a la suya. Por todos aquellos que provienen
de un país, mientras que sus hijos nacen en otro; que sufren en sus propias
familias la tensión de albergar dos tradiciones bajo un techo. Por todos aquellos
que sueñan con la tierra prometida mientras acampan en el desierto.
Rezo por todos los desterrados del mundo, para que preserven sus raíces al
mismo tiempo que den flores nuevas; para que encuentren amistad y den cariño;
para que sus vecinos se hagan sus amigos; y para que sus peregrinaciones sirvan
para recordarles a ellos y a la humanidad que todos somos uno. Rezo por que no
se consideren ya exiliados, sino que se encuentren a gusto y en su casa, estén
donde estén, y prosperen en cualquier tierra con el calor de la esperanza y la
fuerza de la fe.
Hoy soy un desterrado para llegar a ser ciudadano del cielo por
siempre.
Dios, todopoderoso, Cristo vino a declarar la guerra a los poderosos
hostiles a tu salvación: nosotros, oprimidos y desterrados, te pedimos
fuerza para proclamar el mensaje de paz que nos legó tu mismo Hijo.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
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SALMO119 - Ciudad Redonda