2Y
Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano?
Y él respondió: Una vara.
17Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás
las señales.
20Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y los
puso sobre un asno, y volvió a tierra de Egipto. Tomó
también Moisés la vara de Dios en su mano.
9Y
dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear
contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y
la vara de Dios en mi mano. 10E hizo Josué como le dijo Moisés,
peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la
cumbre del collado. 11Y sucedía que cuando alzaba Moisés su
mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano,
prevalecía Amalec. 12Y las manos de Moisés se cansaban; por
lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó
sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un
lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que
se puso el sol. 13Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo
de espada.
32Dios
es el que me ciñe de poder, Y quien
hace perfecto mi camino; 33Quien hace mis
pies como de ciervas, Y me hace estar
firme sobre mis alturas; 34Quien adiestra
mis manos para la batalla, Para entesar
con mis brazos el arco de bronce.
2Habla
a los hijos de Israel y diles: Cuando
alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a
Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis
vuestra ofrenda. 3Si su ofrenda fuere holocausto
vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su
voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo
de reunión delante de Jehová. 4Y pondrá su
mano sobre la cabeza del holocausto, y será
aceptado para expiación suya.
2Habla
a los hijos de Israel y diles: Cuando alguna
persona pecare por yerro en alguno de los
mandamientos de Jehová sobre cosas que no se
han de hacer, e hiciere alguna de ellas; 3si el
sacerdote ungido pecare según el pecado del
pueblo, ofrecerá a Jehová, por su pecado que habrá
cometido, un becerro sin defecto para expiación.
4Traerá el becerro a la puerta del tabernáculo de
reunión delante de Jehová, y pondrá su mano sobre
la cabeza del becerro, y lo degollará delante de
Jehová.
20Cuando
hubiere acabado de expiar el santuario y el
tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho
cabrío vivo; 21y pondrá Aarón sus dos manos sobre la
cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él
todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus
rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así
sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al
desierto por mano de un hombre destinado para esto.
22Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las
iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el
macho cabrío por el desierto.
10Y
tomó Moisés el aceite de la unción y ungió el
tabernáculo y todas las cosas que estaban en él, y
las santificó. 11Y roció de él sobre el altar siete
veces, y ungió el altar y todos sus utensilios, y la
fuente y su base, para santificarlos. 12Y derramó del
aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y lo
ungió para santificarlo. 13Después Moisés hizo
acercarse los hijos de Aarón, y les vistió las
túnicas, les ciñó con cintos, y les ajustó las tiaras,
como Jehová lo había mandado a Moisés.
14Luego
hizo traer el becerro de la expiación,
y Aarón y sus hijos pusieron sus manos
sobre la cabeza del becerro de la expiación,
15y lo degolló; y Moisés tomó la sangre, y
puso con su dedo sobre los cuernos del altar
alrededor, y purificó el altar; y echó la demás
sangre al pie del altar, y lo santificó para
reconciliar sobre él.
18Después
hizo que trajeran el carnero del
holocausto, y Aarón y sus hijos pusieron sus
manos sobre la cabeza del carnero; 19y lo degolló;
y roció Moisés la sangre sobre el altar alrededor,
20y cortó el carnero en trozos; y Moisés hizo arder
la cabeza, y los trozos, y la grosura. 21Lavó luego
con agua los intestinos y las piernas, y quemó
Moisés todo el carnero sobre el altar; holocausto
de olor grato, ofrenda encendida para Jehová,
como Jehová lo había mandado a Moisés
22Después
hizo que trajeran el otro carnero, el
carnero de las consagraciones, y Aarón y sus hijos
pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero. 23Y
lo degolló; y tomó Moisés de la sangre, y la puso
sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el
dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo
pulgar de su pie derecho. 24Hizo acercarse luego los
hijos de Aarón, y puso Moisés de la sangre sobre el
lóbulo de sus orejas derechas, sobre los pulgares de
sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus
pies derechos; y roció Moisés la sangre sobre el altar
alrededor.
25Después
tomó la grosura, la cola, toda la grosura que
estaba sobre los intestinos, la grosura del hígado, los
dos riñones y la grosura de ellos, y la espaldilla derecha.
26Y del canastillo de los panes sin levadura, que estaba
delante de Jehová, tomó una torta sin levadura, y una
torta de pan de aceite, y una hojaldre, y las puso con la
grosura y con la espaldilla derecha. 27Y lo puso todo en
las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, e hizo
mecerlo como ofrenda mecida delante de Jehová.
28Después tomó aquellas cosas Moisés de las manos de
ellos, y las hizo arder en el altar sobre el holocausto;
eran las consagraciones en olor grato, ofrenda
encendida a Jehová.
18Y
Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de
Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu
mano sobre él; 19y lo pondrás delante del
sacerdote Eleazar, y delante de toda la
congregación; y le darás el cargo en presencia de
ellos. 20Y pondrás de tu dignidad sobre él, para
que toda la congregación de los hijos de Israel le
obedezca.
9Y
Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de
sabiduría, porque Moisés había puesto sus
manos sobre él; y los hijos de Israel le
obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a
Moisés.
16Entonces
respondieron a Josué, diciendo:
Nosotros haremos todas las cosas que nos has
mandado, e iremos adondequiera que nos mandes.
17De la manera que obedecimos a Moisés en todas
las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que
Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con
Moisés. 18Cualquiera que fuere rebelde a tu
mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en
todas las cosas que le mandes, que muera;
solamente que te esfuerces y seas valiente.
13Y
los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la
izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la
derecha de Israel; y los acercó a él. 14Entonces Israel
extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza
de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda
sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus
manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.
15Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya
presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac,
el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta
este día,
1Esta
es la bendición con la cual bendijo Moisés
varón de Dios a los hijos de Israel, antes que
muriese. 2Dijo: Jehová vino de Sinaí, Y de Seir les
esclareció; Resplandeció desde el monte de Parán,
Y vino de entre diez millares de santos, Con la ley
de fuego a su mano derecha. 3Aun amó a su
pueblo; Todos los consagrados a él estaban en su
mano; Por tanto, ellos siguieron en tus pasos,
Recibiendo dirección de ti,
20Jehová
me ha premiado conforme a mi justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos me ha
recompensado. 21Porque yo he guardado los
caminos de Jehová, Y no me aparté impíamente de
mi Dios. 22Pues todos sus juicios estuvieron delante
de mí, Y no me he apartado de sus estatutos. 23Fui
recto para con él, y me he guardado de mi maldad,
24Por lo cual me ha recompensado Jehová conforme
a mi justicia; Conforme a la limpieza de mis manos
delante de su vista.
2
Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti,
Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo.
4La
mano negligente empobrece; Mas la mano
de los diligentes enriquece. 5El que recoge en el
verano es hombre entendido; El que duerme en
el tiempo de la siega es hijo que avergüenza.
6Hay bendiciones sobre la cabeza del justo;
Pero violencia cubrirá la boca de los impíos.
3sabiendo
Jesús que el Padre le había dado
todas las cosas en las manos, y que había salido
de Dios, y a Dios iba
40Al
ponerse el sol, todos los que tenían
enfermos de diversas enfermedades los traían a
él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de
ellos, los sanaba. 41También salían demonios de
muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo
de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba
hablar, porque sabían que él era el Cristo.
22Vino
luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le
rogaron que le tocase. 23Entonces, tomando la
mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y
escupiendo en sus ojos, le puso las manos
encima, y le preguntó si veía algo. 24El, mirando,
dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo
que andan. 25Luego le puso otra vez las manos
sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue
restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.
26Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la
aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.
1Cuando
descendió Jesús del monte, le seguía
mucha gente. 2Y he aquí vino un leproso y se
postró ante él, diciendo: Señor, si quieres,
puedes limpiarme. 3Jesús extendió la mano y le
tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su
lepra desapareció.
14Vino
Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de
éste postrada en cama, con fiebre. 15Y tocó su
mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les
servía. 16Y cuando llegó la noche, trajeron a él
muchos endemoniados; y con la palabra echó
fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;
17para que se cumpliese lo dicho por el profeta
Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras
enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
13Entonces
le fueron presentados unos niños, para
que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los
discípulos les reprendieron. 14Pero Jesús dijo: Dejad
a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de
los tales es el reino de los cielos. 15Y habiendo
puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.
18Mientras
él les decía estas cosas, vino un hombre
principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba
de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y
vivirá.
24les
dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta,
sino duerme. Y se burlaban de él. 25Pero cuando la
gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la
mano a la niña, y ella se levantó. 26Y se difundió la
fama de esto por toda aquella tierra.
14Finalmente
se apareció a los once mismos,
estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su
incredulidad y dureza de corazón, porque no habían
creído a los que le habían visto resucitado. 15Y les
dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a
toda criatura. 16El que creyere y fuere bautizado,
será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
17Y estas señales seguirán a los que creen: En mi
nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas
lenguas; 18tomarán en las manos serpientes, y si
bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los
enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
7En
aquellos lugares había propiedades del
hombre principal de la isla, llamado Publio, quien
nos recibió y hospedó solícitamente tres días. 8Y
aconteció que el padre de Publio estaba en cama,
enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a
verle, y después de haber orado, le impuso las
manos, y le sanó. 9Hecho esto, también los otros
que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran
sanados;
2Entonces
los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y
dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios,
para servir a las mesas. 3Buscad, pues, hermanos, de entre
vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu
Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. 4Y
nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la
palabra. 5Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a
Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a
Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito
de Antioquía; 6a los cuales presentaron ante los apóstoles,
quienes, orando, les impusieron las manos.
1Aconteció
que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo,
después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y
hallando a ciertos discípulos, 2les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu
Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído
si hay Espíritu Santo. 3Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis
bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. 4Dijo Pablo:
Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo
que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en
Jesús el Cristo. 5Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el
nombre del Señor Jesús. 6Y habiéndoles impuesto Pablo las
manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas,
y profetizaban
14Cuando
los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que
Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a
Pedro y a Juan; 15los cuales, habiendo venido, oraron por
ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; 16porque aún no
había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente
habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 17Entonces les
imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 18Cuando
vio Simón que por la imposición de las manos de los
apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
19diciendo:
Dadme también a mí este poder, para
que cualquiera a quien yo impusiere las manos
reciba el Espíritu Santo. 20Entonces Pedro le dijo: Tu
dinero perezca contigo, porque has pensado que el
don de Dios se obtiene con dinero. 21No tienes tú
parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no
es recto delante de Dios. 22Arrepiéntete, pues, de
esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea
perdonado el pensamiento de tu corazón; 23porque
en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que
estás.
11Esto
manda y enseña. 12Ninguno tenga en poco tu
juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en
palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.
13Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la
exhortación y la enseñanza. 14No descuides el don
que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con
la imposición de las manos del presbiterio. 15Ocúpate
en estas cosas; permanece en ellas, para que tu
aprovechamiento sea manifiesto a todos. 16Ten
cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello,
pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los
que te oyeren.
3Doy
gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia
conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones
noche y día; 4deseando verte, al acordarme de tus lágrimas,
para llenarme de gozo; 5trayendo a la memoria la fe no fingida
que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu
madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6Por lo cual te
aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por
la imposición de mis manos. 7Porque no nos ha dado Dios
espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio
propio.
20A
los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos,
para que los demás también teman. 21Te encarezco delante de
Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que
guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con
parcialidad. 22No impongas con ligereza las manos a ninguno,
ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro. 23Ya no
bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu
estómago y de tus frecuentes enfermedades. 24Los pecados de
algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a
juicio, mas a otros se les descubren después. 25Asimismo se
hacen manifiestas las buenas obras; y las que son de otra
manera, no pueden permanecer ocultas.
5¿O
pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él
ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? 6Pero
él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los
soberbios, y da gracia a los humildes. 7Someteos, pues, a
Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. 8Acercaos a Dios,
y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y
vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
12Por
lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas
paralizadas; 13y haced sendas derechas para vuestros pies, para
que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.
14Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al
Señor. 15Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la
gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os
estorbe, y por ella muchos sean contaminados; 16no sea que
haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola
comida vendió su primogenitura. 17Porque ya sabéis que aun
después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no
hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con
lágrimas.
8Quiero,
pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando
manos santas, sin ira ni contienda. 9Asimismo que las mujeres
se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con
peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, 10sino
con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan
piedad. 11La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción.
12Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio
sobre el hombre, sino estar en silencio. 13Porque Adán fue
formado primero, después Eva; 14y Adán no fue engañado, sino
que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. 15Pero
se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y
santificación, con modestia.
1Aconteció
en Iconio que entraron juntos en la
sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera
que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo
de griegos. 2Mas los judíos que no creían excitaron
y corrompieron los ánimos de los gentiles contra
los hermanos. 3Por tanto, se detuvieron allí mucho
tiempo, hablando con denuedo, confiados en el
Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su
gracia, concediendo que se hiciesen por las
manos de ellos señales y prodigios.
1Había
entonces en la iglesia que estaba en
Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón
el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene,
Manaén el que se había criado junto con
Herodes el tetrarca, y Saulo. 2Ministrando éstos
al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo:
Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a
que los he llamado. 3Entonces, habiendo
ayunado y orado, les impusieron las manos y
los despidieron.
13¿Está
alguno entre vosotros afligido? Haga
oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.
14¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a
los ancianos de la iglesia, y oren por él,
ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. 15Y
la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo
levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán
perdonados. 16Confesaos vuestras ofensas unos
a otros, y orad unos por otros, para que seáis
sanados. La oración eficaz del justo puede
mucho.
29Y
ahora, Señor, mira sus amenazas, y
concede a tus siervos que con todo denuedo
hablen tu palabra, 30mientras extiendes tu mano
para que se hagan sanidades y señales y
prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo
Jesús. 31Cuando hubieron orado, el lugar en que
estaban congregados tembló; y todos fueron
llenos del Espíritu Santo, y hablaban con
denuedo la palabra de Dios.
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