El águila orgullosa de pecho blanco,
volando va lenta y pesada
sus plumas gruesas y envejecidas
sus uñas están gastadas.
Su pico largo y puntiagudo
que un día fue digno de admiración,
por devorar al más débil
con violencia y sin compasión,
hoy encorvado apunta
a su propio corazón.
Hace un intento por
recordar su historia,
pero qué lejos están ya
sus días de gloria
el dolor que marca cada
movimiento
parece poner en silencio
la memoria.
Con sus últimas fuerzas
sube a la montaña,
moribunda al alto nido
logra llegar
y le da a su pico golpes
contra una pared
aledaña
hasta que lo consigue
arrancar.
Cuando vuelve a crecer el garfio afilado
sus uñas una a una arranca,
el águila aprende que su poder
no es eterno
mientras se tiñen de rojo sus plumas negras y blancas.
Mas el lento calvario no ha
terminado,
su soberbia todavía no la
ha abandonado,
hasta que no arranque con
sus uñas, una por una,
las viejas plumas de su
sangriento pasado.
El tiempo pasa y sanan
las heridas del ayer,
eleva el vuelo con más fuerza que antes, al amanecer,
aunque mucho más humilde
después de aprender
que solamente con sangre el orgullo puede desaparecer.
Si el águila orgullosa de
pecho blanco, con dolor
tiene que aprender que su
poder es pasajero y existe
uno mayor…
El hombre pecador debe
saber
que el orgullo
sólo puede desaparecer
cuando se es cubierto con
sangre a los pies de la cruz
del Señor.
Venid a Mí los que estáis trabajados y cargados que
Yo
os haré descansar.
El que cree en Mí, como dice la Escritura, ríos de agua
viva
correrán por su vientre.
Mi paz os dejo, mi paz os doy, no como el mundo la da
Yo os la doy; no se turbe vuestro corazón
ni tenga miedo.
Jesús te ama y espera por ti con los abrazos abiertos.
Tú eres hijo del Rey más poderoso y ha puesto
todo a tus pies.
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