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"La vida familiar es el primer lugar en el cual el Evangelio se encuentra con la
vida ordinaria y muestra su capacidad de transfigurar las condiciones
fundamentales de la existencia en el horizonte del amor. Jesús no se
presenta a la mujer samaritana simplemente como Aquél que da la vida sino
como el que da la «vida eterna» (Jn 4, 14)" (Mensaje final del Sínodo de los
Obispos sobre la nueva evangelización y la transmisión de la fe, n. 7).
La Semana de la Familia se enmarca en un contexto especial, el Año de la fe
que "es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único
Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha
revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión
de vida mediante la remisión de los pecados (cf. Hch 5, 31). Gracias a la fe,
esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la
resurrección. La «fe que actúa por el amor» (Ga 5, 6) se convierte en un
nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del
hombre (cf. Rm 12, 2; Col 3, 9-10; Ef 4, 20-29; 2 Co 5, 17) (Carta apostólica
del Papa Benedicto XVI Porta fidei 6).
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Todos nos hemos dado cuenta de las serias dificultades por las que
pasa la institución matrimonial y familiar, sobre todo por las
continuas arremetidas de algunos legisladores que quieren
modificar y redefinir esta importante institución, sólo en favor de
una minoría que busca y reclama unos derechos sociales, basados
únicamente en la orientación sexual, atentando así contra la solidez
de una institución básica de la sociedad, que es anterior al Estado y
a cualquier legislación.
Pero las dificultades no sólo vienen de estos intentos legislativos.
También debemos mirar la realidad que viven muchas de nuestras
familias en las que se experimenta la desintegración por la falta de
diálogo, de respeto, de comprensión y de colaboración mutua en el
interior del hogar. Familias que sufren las consecuencias de un
sistema económico que las asfixia por su capitalismo salvaje, por la
falta de empleo; familias que no tienen acceso a los elementales
servicios de la salud, la educación y la vivienda.
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En este panorama no podemos dejar de lado el hecho de que en muchas de las
familias ha desaparecido Dios. No hay oración, ni celebración de los sacramentos,
no hay instrucción cristiana, tampoco testimonio. Este valor fundamental no se
infunde en el espíritu de las nuevas generaciones.
Toda esta realidad se convierte en un verdadero desafío para los creyentes
discípulos misioneros. Bien oportuno este año de la fe, para hacer el esfuerzo de
recuperarla, de fortalecerla y hacerla más vigorosa. Qué bueno que esta jornada
en favor de la familia nos permita recuperar el sentido cristiano de la vida del
hogar; nueva oportunidad para la reconciliación con Dios y con todos los
miembros de la familia para reemprender el trabajo de hacer de ella una
verdadera "comunidad de fe, de vida y de amor".
Recordemos que la familia es una pequeña iglesia, la primera iglesia donde se
acoge, se vive, se celebra y se anuncia la Palabra de Dios, espacio donde se edifica
la santidad y desde donde la Iglesia y el mundo pueden ser santificados. La familia
cristiana está puesta al servicio de la edificación del Reino de Dios, en la historia,
mediante la participación en la vida y misión de la Iglesia. Es urgente que la
familia retome este rumbo y desde esta perspectiva de fe, pueda ofrecer a la
sociedad los mejores aportes para reconstruir su tejido social.
La Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia hace llegar a todos los agentes de
la pastoral familiar un saludo afectuoso y una cordial invitación para que
continúen, con esfuerzo y confianza en el Señor, esta tarea tan importante de
anunciar "a tiempo y a destiempo "el evangelio del matrimonio y la familia. La
pastoral familiar, en el contexto de toda la tarea evangelizadora, debe retomar
con renovado entusiasmo el compromiso que nos señala el documento de
Aparecida:
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Dado que la familia es el valor más querido por nuestros pueblos, creemos
que debe asumirse la preocupación por ella como uno de los ejes
transversales de toda la acción evangelizadora de la Iglesia. En toda diócesis
se requiere una pastoral familiar "intensa y vigorosa" para proclamar el
evangelio de la familia, promover la cultura de la vida, y trabajar para que los
derechos de las familias sean reconocidos y respetados". (Documento de
Aparecida 435).
Que San José, el fiel custodio del Redentor y la Santísima Virgen María, la
madre solícita y fiel creyente ayuden a nuestras familias en la delicada misión
de transmitir la fe en su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador.
"Creemos que "la familia es imagen de Dios que, en su misterio más íntimo
no es una soledad, sino una familia" . En la comunión de amor de las tres
Personas divinas, nuestras familias tienen su origen, su modelo perfecto, su
motivación más bella y su último destino". DA 434
Pablo Emiro Salas Anteliz
Obispo del Espinal
Presidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y familia
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Los valores que integran a la familia”