La Escuela de Pintura Cuzqueña, se caracteriza por su
originalidad y su gran valor artístico es el resultado de
la unión de dos corrientes poderosas: la tradición
artística europea, por un lado, y el afán de los pintores
indios y mestizos de expresar su realidad.
El aporte español a la Escuela Cuzqueña, se da desde
época muy temprana, cuando se inicia la
construcción de la gran catedral de Cuzco.
Es con la llegada del pintor taliano Bernardo Bitti en
1583, la que marca un primer momento del desarrollo
del arte cuzqueño. Este jesuita introduce en el Cuzco
estilos europeos utilizados en esa época.
Este nuevo arte cuzqueño,
llamado también mestizo se
caracteriza por:
• tener toques primitivos ,
• desarrollar el interés por temas
sacro- costumbristas,
• la presencia de la flora y fauna
andina en la decoración de sus
vírgenes, santos y arcángeles ,
• por los característicos “mantos
triangulares” en forma de
montaña, influencia de la “pacha
mama” (Madre Tierra).
En cuanto a la técnica, se
nota un desentendimiento
de la perspectiva y
fragmentación del espacio
en escenas divididas. Se nota
el uso de colores intensos y el
dorado.
Las obras en un
principio eran
anónimas pero
conforme se fue
afianzando más en
el Virreinato, fueron
emergiendo pintores
conocidos.
El ícono de la Escuela es el
cuzqueño, Inga Diego
Quispe Tito, quién marca el
rumbo de las
características que tendría
la pintura cuzqueña en
adelante. Como cierta
libertad en el manejo de la
perspectiva, el interés por
el paisaje con abundancia
de aves y árboles. Sus
cuadros son una fusión
entre el primitivismo
autóctono indígena y el
manierismo occidental.
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