BUROCRASIA FIU FIU
PRESENTA
LO QUE LA VERDAD ESCONDE...
UNA NOCHE CUALQUIERA DE MI VIDA...
... coincidí con una mujer impresionante.
Una ninfa del placer.
La encontré en un pub,
a la hora en que las meigas tratan de despistar
la buena voluntad de los corazones puros.
Su rubial cabellera
se alargaba por un cuello esbelto sobre el que su
rostro ofrecía sus mejores dones.
La cara tersa, suave, adornada por un dorado
bronceado susceptible de admiración y envidia entre
las demás féminas.
Sus ojos de mar,
inundaban de azul cada una de sus miradas.
Una de ellas, posada sobre mí, sobrecogió mi pobre
corazón. Atenazado por su encantos.
Decir que permanecí clavado, sería poco.
Me retuvo como a un esclavo.
Cuando quise darme cuenta,
había atravesado medio local,
posándome frente a ella.
En ningún caso, durante el trayecto,
pude desviar mis pupilas de su subyugante mirada.
Sin decirnos nada, nos lo dijimos todo.
Cogió su bolsito, puso en pie el imponente traje que vestía
su cuerpo de ensueño, y salimos del local.
En cuanto tuvimos que
abandonar la primera acera para cruzar,
aunamos nuestras manos, y al poco,
tenía mi brazo rodeando su cintura.
Los dos caminábamos muy juntos, hasta que nos detuvimos
en una esquina. La apoyé contra la pared de un vetusto
edificio. Acorralada. Sin aire que nos distanciara.
Ambos cuerpos acariciando el tacto del otro,
mientras mis labios buscaban ansiosos los suyos en la
oscuridad de la noche.
La magia nos unió en un beso.
Un flujo de pasión se desató
en aquel largo encuentro oscular.
Dos seres buscando cobijo..
Dos almas encontradas.
La lívido desatada, no tiene freno, y el nuestro era un
sunnami de pasión. La besé con más fuerza, mientras
acariciaba su pelo y ahondaba en mi deseo.
Ella, sin despegar su rostro del mío,
me preguntó si en su casa o en la mía.
Le dije que en la mía.
Cogimos el coche,
y apresuradamente
arribamos a mi santuario.
Sin tiempo al ocio ni al despiste,
alcanzamos la puerta de entrada.
El arrebato sonó a sexo seguro,
a pasión desenfrenada por un
encuentro inesperado de almas
que buscan el placer
cuando la mirada ha dictado su
razón.
La razón del deseo.
Las ropas
fueron poblando los pasillos
hasta mi dormitorio, abrazándonos,
explorando nuestros cuerpos,
atacando, alternativamente,
el cuello del uno y del otro.
Con arrebato
Los pezones de ella
se vislumbraron duros
y tersos para mi regocijo,
sin que ello la retuviera
de arañarme pasionalmente
mi potente musculatura.
El intercambio de flujos encontró
su mejor aliado
en el regalo de caricias.
Vibrando con el instante vivido.
Por fin nos tumbamos en la cama.
Ideal para continuar con nuestros
juegos premonitorios de lo inevitable.
Sólo faltaba descubrir
lo que sus braguitas me ocultaban...
Su mayor tesoro.
Y cual fue mi sorpresa
cuando al bajarle
el trapito femenino
por entre las piernas,
al alzar la vista, me topé con su ...
¡¡¡MegaRabbit!!!
LA VIRGEN!!!
Qué noche!!!
BUROCRASIA FIU FIU
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LA NOCHE LOCA