La mayordomía de la iglesia que
vive en santidad
¿Cómo entregar la ofrenda al Señor?
2Cor 8:1-5
Introducción
La madre de un niño de nueve años
llamado Marcos recibió una llamada
telefónica a medía tarde. Era la maestra de
la escuela de su hijo.
—Señora Pérez, algo extraño
sucedió hoy en la clase de tercer año de su
hijo. Él hizo algo tan sorprendente que
pensé que usted debía saberlo
inmediatamente.
La madre comenzó a preocuparse.
—Nada igual ha sucedido en todos mis años de enseñanza —
continuó la maestra—. Esta mañana estaba dictando una clase sobre
escritura creativa. Y como siempre hago, narré la historia de la
hormiga y el saltamontes:
“La hormiga trabaja duro todo el verano y almacena mucho
alimento, pero el saltamontes juega todo el verano y no trabaja.
Entonces llega el invierno. El saltamontes empieza a pasar hambre
porque no tiene comida. Por tanto, ruega: "Señora hormiga, usted
tiene mucha comida. Por favor deme algo de comer"».
—Niños y niñas —dije —, su tarea es escribir el final de la
historia.
—Su hijo Marcos —continuó la maestra— levantó la mano y
me dijo: "Maestra, ¿puedo hacer un dibujo?»
—Está bien, Marcos —le contesté—, si quieres puedes
hacerlo. Pero primero debes escribir el final de la historia. Como en
todos los años pasados, la mayoría de los niños dijeron que la
hormiga compartió su alimento en todo el invierno, y tanto ella
como el saltamontes vivieron. Algunos niños escribieron: «No, Sr.
Saltamontes. Usted debió haber trabajado en el verano. Ahora sólo
tengo alimento para mí». Por tanto, la hormiga vivió y el
saltamontes murió.
—Sin embargo —prosiguió la maestra—, su hijo concluyó la
historia de manera diferente a los demás niños. Él escribió: «Por
consiguiente la hormiga le dio toda su comida al saltamontes; el
saltamontes vivió todo el invierno. Pero la hormiga murió».
—¿Y el dibujo? —preguntó la madre.
—Al final de la página —dijo la maestra— Marcos había
dibujado tres cruces.
Como el pequeño de nuestra
historia, cuando se trata de hablar de
“entregar algo”, en lo primero que
debemos pensar es en la cruz del
Calvario. Sólo de esa forma tendremos
una perspectiva correcta de lo que
significa “dar”. Precisamente esto fue lo
que hicieron los hermanos de las iglesias
de Macedonia. Cuando hubo una
necesidad en las iglesias de Jerusalén,
pensaron en todo aquello que habían
recibido de Cristo y sin ningún
resentimiento se entregaron al Señor y a
los hermanos.
Cuando entregas los diezmos
y las ofrendas, ¿en qué
piensas? ¿cómo los
entregas?
“Entregamos la ofrenda al Señor cuando:”
I. Comprendemos la gracia del Señor, 2Cor 8:1
“Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de
Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia”
“Entregamos la ofrenda al Señor cuando:”
II. Contribuimos con gozo en el corazón, 2Cor 8:2
“que en grande prueba
de tribulación, la abundancia de
su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de
su generosidad. Pues doy testimonio de que han dado conforme
a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas.”
“Entregamos la ofrenda al Señor cuando:”
III. Compartimos con generosidad en dádivas,
2Cor 8:3-4
“pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos
el privilegio de participar en este servicio para los
santos”.
“Entregamos la ofrenda al Señor cuando:”
IV. Consagramos con gusto nuestras vidas al Señor,
2Cor 8:5
“Y no como lo esperábamos, sino que a
sí mismos se
dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros
por la voluntad de Dios”.
Conclusión
Jeff Lewis acababa de aceptar el cargo
de maestro de tiempo completo en el
Colegio Johnson de la ciudad de
Seattle. La familia había soportado por
meses que Jeff condujera de ida y
vuelta al trabajo antes que lograran
mudarse a su nueva casa.
En 1992, Jeff y Cristina escucharon la devastadora noticia:
«Su bebé tiene cáncer. Miguel necesita un trasplante de médula
ósea». La buena noticia era que la hermana de Miguel de seis de
años de edad, Amira, era perfectamente compatible para el
trasplante. Sin embargo, la compañía de seguros de Jeff, no
pagaría la intervención. Una pequeña cláusula en el contrato
declaraba que Jeff debería tener una antigüedad en el trabajo de por
lo menos un año para cubrir el valor de un trasplante. Él había
estado enseñando en el nuevo empleo sólo por seis meses.
En marzo, la necesidad del trasplante de Miguel se
convirtió en urgencia. Si no recibía pronto la nueva médula, su
enfermedad progresaría rápidamente, y el bebé moriría. Los
Lewis necesitaban conseguir para mayo la imposible cantidad de
doscientos mil dólares.
Joe Kennedy, colega de Jeff,
contó a sus estudiantes la situación de
Jeff. Damián, un jovencito de séptimo
grado que cojeaba al caminar y se
esforzaba en clases de educación
especial, oyó hablar del caso de Jeff , y
fue a visitarlo su casa. «Sr. Lewis, no
se preocupe por el costo de la
operación... si su bebé está en
dificultades, deseo ayudar».
Damián, el niño de quien los demás se burlaban, extendió la
mano y puso doce billetes de cinco dólares en la mano de un
maestro que había sido determinante en su vida. Eran sus ahorros
de toda su vida.
Se hizo público “el donativo de
Damián”. Algunos muchachos
organizaron una caminata. Otros se
pusieron en contacto con el periódico
local. Otros más organizaron un lavado
de autos. Miguel se había vuelto
importante para el colegio.
La ola de compasión de los chicos del Colegio Johnson se
extendió por toda la ciudad. Una semana, después del donativo de
Damián, los fondos ascendían a $16,000. Poco a poco se fueron
incrementando y muchas historias de sacrificio se fueron sumando.
Para finales de mayo, después de tres meses de colectas, los
fondos de Miguel habían alcanzado los $62,000.
Los Lewis estaban llenos de
esperanza cuando el hospital dictaminó
el trasplante de Miguel en dos
semanas. Cuatro semanas después del
donativo de $60 de Damián, el fondo de
Miguel Lewis llegó a más de $220,000.
A Miguel le hicieron su trasplante de médula. Vivió. Damián,
el muchacho que se sacrificó para que otro pudiera vivir, aceptó a
Jesucristo como Salvador después de convivir con la familia de
Miguel. Tras luchar por años con sus propios problemas físicos,
Damián murió de complicaciones después que se le infectara una
de sus piernas.
Miguel Lewis vive para contar la historia de Damián. Este, el
héroe poco probable, dio todo de sí para salvar la vida de otro, y en
el proceso recibió la vida eterna.
Cuando entregas los
diezmos y las ofrendas,
¿en qué piensas?
Descargar

22 - Cómo entregar la ofrenda al Señor - 2Cor 8.1-5