Formación para la Vida
Cristiana
Orientaciones Pastorales 2008.
Sr. Cardenal Norberto Rivera
Carrera
I.
Orientaciones y principios
iluminadores y de inspiración.
1. La formación abarca todas las etapas de
la vida cristiana:
Un bautizado en cada rincón... consciente de su vocación
puede hacer más presente la luz de Cristo en la urbe (n.
3); saber acompañar a quienes se inician en la fe (n. 4).
2. Consiste en:
• formar para la vida cristina, para vivir como cristianos
(n. 4);
• reconocer la presencia y la voz de Jesús que llama (n. 15);
• estar dispuestos a ser enviados (n. 13; nn. 22-23);
• entregar la propia vida y proyecto a favor del Reino (n.
14);
• estar dispuestos a desarraigarnos de nuestros estereotipos
y dialogar con las nuevas generaciones (n. 23);
• tener cercanía con los más pobres Id; aprender a proponer
la fe en la Ciudad nn. (24-31);
• hacer que la vivencia de Iglesia, la liturgia, la
organización intraeclesial, la planeación sean tocadas por
el mundo (n. 24);
…
• acudir al kerigma en su frescura, como medio de
espiritualidad para renovar nuestro encuentro con Cristo
(n. 35);
• estar a la escucha del Espíritu en la Ciudad (n. 46);
• como discípulos y misioneros al servicio de todos y al
encuentro de todos, especialmente de los pobres y
sencillos (Id.);
• impulsando la vocación de todos los bautizados,
construyendo una Iglesia que busca vivir en comunión y
participación
• y apoyando un itinerario de formación que comprende la
fe en Cristo como estilo de vida (Id.).
3. Que parta de las situaciones concretas y dé
respuesta a las necesidades (n 6):
Los “signos” en la Ciudad nos impulsan a un cambio
profundo (n. 8); la espiritualidad y creatividad del agente
nace de su inserción en la realidad (Id.); los cristianos deben
volver a sus propios ambientes, en donde las personas
trabajan, se divierten, luchan, sufren y se alegran, encontrar a
Dios en lo cotidiano (n. 25).
4. Que tome en cuenta la pastoral
familiar:
Atención más cercana y sistemática (n. 7); que la familia
atienda el primer cultivo de la fe (Id.); implica revisión
para una pastoral más orgánica (Id.); aprovechar aporte
de los movimientos (Id.) hacia el Encuentro Mundial de
las Familias (Id.).
5. Exige la conversión al Evangelio (n. 9):
Que necesita la comunión; lleva a la misión y busca el
encuentro con la diversidad cultural (Id.); significa
renovación pastoral (n. 23); espíritu de renovación
“recomenzar desde Cristo” (n. 68); ir al encuentro de las
diversas realidades culturales y sociales, sintonizando
con las aspiraciones de las nuevas generaciones (n. 36);
Relanzar la Misión (nn. 32-36).
6. Pide actuar como Iglesia (nn. 16 – 21):
Movidos y enviados por el mismo Espíritu (n. 16); la
comunión signo de la maduración y de la identidad del
discípulo (n. 17); la comunión exigencia para la
Arquidiócesis por su complejidad y pluralidad de carismas
(n. 18); debe expresarse entre las parroquias, entre los
decanatos, entre las vicarías territoriales, entre las vicarías
funcionales y sus comisiones, entre los movimientos y
organizaciones laicales, con las familias de vida consagrada
y entre ellas (n.20); la comunión madura el diálogo y
cercanía con quienes debemos evangelizar
7. Los agentes:
Se es evangelizador por una elección y un envío (n. 37);
todos son necesarios, pero resultan especialmente
importantes los laicos para evangelizar los ambientes
seculares y por la madurez que debemos buscar como Iglesia
(n. 39); ministros ordenados, religiosos y religiosas debemos
cuidar esta prioridad (n. 40);
8. Evangelización y formación cristiana:
(primer anuncio, reiniciación cristiana,
catequesis y apostolado n. 47);
Proceso que, mediante el encuentro cada vez más profundo
con Cristo, va madurando al bautizado como discípulo y
misionero (nn. 47-48); en la base está el anuncio
kerigmático, así, por el poder del Espíritu y de la Palabra, las
personas son conducidas a escuchar a Jesucristo, a creer en
Él como su Salvador, a reconocerlo como quien da pleno
significado a su vida y a seguir sus pasos (n. 48): la
comunidad cristiana ha de mostrar ese camino hacia Cristo.
9. Nuestro caminar Diocesano y el
Documento de Aparecida (nn. 28 – 31).
10. Renovación estructural de la Iglesia (nn.
42-46):
Una institución más sencilla y cercana.
II. Indicaciones y criterios
organizativos
11. Es un tema (el de la formación)
estructural para la renovación de
nuestra pastoral:
No circunstancial (n. 5); apenas hemos
empezado en diez años de insistencia misionera
(n. 10); [es fundamento de muchas acciones y
programas y deben estructurarse en torno a él].
12. Se requiere organización,
evaluación (n. 5):
planeación,
La comunión debe manifestarse en la organización
y acción pastoral (n. 21); se necesita una evaluación
sistemática teniendo presente la planeación del año
pasado a mediano y largo plazo (n. 62I.
13. Etapas y lugares de la formación:
•
•
La Asamblea Diocesana propuso la formación inicial,
básica, específica y permanente (n.50); reflexión
especialmente luminosa, la formación inicial para
proponer los cimientos del cristiano (n. 51);
Urge prestar mayor atención a la formación inicial como
sustento de la básica y de la específica (n. 52);
especialmente responsable la parroquia para suscitar y
acompañar esta etapa (n. 53); es necesaria una vinculación
más clara entre la formación básica y específica, completar
sus contenidos con programas integrales y establecer una
colaboración y coordinación entre las instancias que
implementan sus programas (n. 54);
• Para la formación permanente se necesita una
relación más directa con el plan diocesano y una
coordinación de instancias y niveles para que
respondan al mismo proyecto (n. 55); es necesaria
una claridad de cada uno de los responsables de la
formación (n. 56);
14. Responsables de la formación:
•
•
Los obispos principales responsables, para que cada
parroquia, cada comunidad educativa, cada
comunidad de vida consagrada, cada asociación o
movimiento y cada pequeña comunidad se inserten
activamente en la pastoral orgánica (n. 57).
Los presbíteros y los diáconos tienen una
responsabilidad especial en la formación,
especialmente en lo referente a la parroquia (n. 58).
• Los delegados de pastoral y los decanos factor
de animación y coordinación en relación con
los párrocos, las comunidades de vida
consagrada, los coordinadores de movimientos
laicales (n. 59).
• Los religiosos y las religiosas se compenetren
más del plan diocesano (n. 60).
• Todos los laicos se sientan responsables en la
formación de los discípulos y en la misión (n.
61).
15. Conclusión:
•
•
Dos los criterios principales:
– Mayor esfuerzo de coordinación y
– evaluación sistemática (n. 62).
Coordinación de las vicarías de agentes y de
pastoral para dar seguimiento y para formalizar
encuentros de coordinación y favorecer la
colaboración (n. 63).
• Las vicarías territoriales tengan como centro la
formación de agentes, dando un lugar importante a
los laicos, favoreciendo el intercambio entre sí, para
lograr la pastoral de conjunto (n. 64).
• Creación de un equipo dedicado a elaborar subsidios
y materiales (n. 65).
• Integrar paulatinamente el proyecto de formación de
agentes de evangelización de la Arquidiócesis de
México (n. 66).
16.Referencia a la XIII Asamblea (n. 1):
Mejorar los contenidos y la organización de
la formación (n. 2); con esto se da
continuidad a corto y mediano plazo (n. 5); la
consulta previa (n. 6); el Documento
conclusivo, punto de partida e instrumento de
trabajo para todos los involucrados y
responsables de la formación (n. 67).
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