Al pie de la
montaña había un
sepulcro nuevo,
donde aún nadie
había estado
enterrado.
Aprovecharon este sepulcro cercano
para poner ahí el cuerpo de Jesús,
porque estaban en la preparación
del sábado solemne.
María Magdalena, que
había asistido a la
crucifixión del Calvario...,
fue al sepulcro para ver si
todo estaba en orden y
para acabar de embalsamar
a Jesús.
¡ Y... qué sorpresa !
Alguien había removido la gran
piedra que cerraba la entrada
del sepulcro.
Miró dentro y vio que el cuerpo
de Jesús no estaba.
Volvió corriendo a la ciudad
para comunicarlo a los amigos de
Jesús.
Los primeros que
encontró
fueron Pedro
y Juan...
Les dijo:
¡Han robado
el cuerpo de
Jesús !
Los dos
discípulos
fueron de
prisa al
sepulcro.
También volvió
María
Magdalena,
pero no les
podía seguir.
Iba llorando
porque quería
mucho a Jesús,
que le había
perdonado sus
muchos pecados
Juan llegó primero al sepulcro
porque era más joven y corría más
que Pedro. Lo esperó. Y vieron una
cosa que les llamó la atención:
las vendas y la sábana, con que
habían amortajado a Jesús, estaban
doblados.
Pero, realmente, el cuerpo no
estaba...
En aquél momento se acordaron que
Jesús les había prometido:
-“Me matarán, pero al cabo de tres
días ¡ RESUCITARÉ !”
Volvieron a Jerusalén para
anunciarlo a los demás discípulos de
Jesús.
Cuando Pedro y Juan se marcharon,
María Magdalena se quedó sola,
triste y llorosa. Aún no creía que
Jesús había vuelto a la vida.
Miró dentro del sepulcro y vio dos
ángeles.
¿Por qué lloras?, le dijeron.
-Y ella respondió: se han llevado el
cuerpo de Jesús y no sé dónde lo
han puesto...
-Entonces oyó una voz detrás suyo
que le decía: ¡MARÍA!
Al oírla, reconoció a Jesús. Muy
contenta exclamó:
¡ MAESTRO !
El mismo día, dos seguidores
de Jesús, Cleofás y un amigo
suyo, marcharon de Jerusalén
hacia Emaús, un pueblecito no
lejos de la ciudad....
Durante el camino, Jesús se
les unió, pero ellos no lo
reconocieron.
¿De qué habláis?, les dice
Jesús.
De lo que hablan todos hoy en
Jerusalén: De la muerte en la
cruz de nuestro amigo Jesús,
un gran profeta.
- Y ahora, una mujer del
grupo, María Magdalena, nos
quiere asegurar que lo ha visto
vivo ...
Cuando llegaron a Emaús, casi era de noche. Jesús se despidió,
diciéndoles que tenía que continuar el viaje.
Cleofás y su compañero le dijeron: ”Quédate con nosotros que ya es
tarde”...
Y lo invitaron a cenar. Jesús tomó el pan...
lo bendijo... y lo partió...
Y en aquél momento ellos
se dieron cuenta que era
Jesús.
Pero Él desapareció
de su vista.
Vayamos a contarlo a los
demás, dijo Cleofás a su
compañero.
Dejaron la cena y volvieron a
Jerusalén.
Corrieron muy a prisa hacia la
ciudad. Entraron acalorados
en Jerusalén,
-recorrieron las calles,
- subieron las escaleras
-y entraron en la habitación
donde estaban los amigos de
Jesús, gritando:
-¡HEMOS VISTO A JESÚS!
¡HEMOS VISTO A JESÚS!
y hemos hablado con Él.
- Ellos, por su parte, dijeron:
¡Es verdad! El Señor resucitó
y se dejó ver por Simón.
Mientras estaban hablando de esto, con las puertas cerradas por miedo
a los judíos, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:
- LA PAZ SEA CON VOSOTROS
- NO TENGÁIS MIEDO,
NO SOY UN FANTASMA.
¡ SOY YO !
-“Mirad las heridas
de mis manos y mis pies”,
les dijo Jesús.
Viéndolo, todos creyeron que era Él
y estaban muy contentos.
A la reunión faltaba un discípulo que se llamaba Tomás.
Cuando le contaron
que habían visto
a Jesús vivo,
no se lo creyó.
Dijo: Si no veo sus heridas
y no las toco con mi dedo,
¡ NO ME LO CREERÉ !
Por mucho que
lo quisieran convencer,
no lo lograron.
Ocho días después ...
Estaban reunidos en la misma sala y también con las puertas
cerradas... Inesperadamente, se presenta Jesús y les dice:
¡ LA PAZ SEA CON VOSOTROS!
Y añadió: Tomás, ven, pon tu dedo en mis heridas.
Tomás, confundido, exclamó:
¡ SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO !
Y Jesús le respondió:
Tú has creído porque has visto.
Felices los que creerán,
sin haber visto.
Algunos días después, los amigos de Jesús decidieron volver a su oficio
de pescadores, en el lago de Tiberíades.
Fueron a pescar de noche,
para encontrar buena pesca.
A pesar de ello,
aquella noche no pescaron nada.
Al amanecer, desde la orilla, un
hombre les dijo:”Echad la red al
otro lado de la barca, y
pescaréis”.
Era Jesús,
pero ellos no lo sabían.
Lo hicieron así, y cogieron 153
peces grandes. Con todo, no se
rompió la red.
Juan, al ver el milagro, dijo:
¡¡¡Es JESÚS!!!
Pedro se emocionó tanto que se
echó al agua y llegó a la playa
nadando.
Jesús, mientras tanto, había
encendido una hoguera y
preparaba algunos peces para
comer.
Cogieron unos panes y se
pusieron a desayunar juntos,
hablando largamente con Jesús.
Jesús, antes de subir al Cielo,
les dijo:
Id y haced que todos los
pueblos sean mis discípulos.
Bautizadlos en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. YO CONTINUARÉ
SIEMPRE CON VOSOTROS.
FIN
Los once discípulos se reunieron en el monte donde Jesús los había
citado,y les dijo...
Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos.
Bautizadlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Id por todo el mundo a explicar lo que yo os he enseñado.
Yo continuaré siempre con vosotros.
Y SUBIÓ AL CIELO,
DONDE NOS ESPERA.
Ahora, como hizo Jesús,
vivamos amándonos unos a otros...
Y así seremos testigos de que
Él es nuestro Salvador.
FIN
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