La Resurrección de Jesús
Juan 20:1-31
Enfoque
Los seguidores de Jesús lo vieron
realizando muchos milagros. Estas
señales poderosas fueron una
demostración de su identidad.
Creyeron que Jesús era Dios. Pero
entonces fue arrestado, juzgado y
declarado culpable. El Mesías fue
clavado en una cruz y martirizado a
muerte, como un criminal. ¿Dónde
quedaban los milagros ahora, en
momentos en que verdaderamente
necesitaban uno? Dios respondió
mostrándoles un milagro el más
grande de todos.
1. ¿Cuál de los milagros que hemos visto y
estudiado
es
el
más
digno
de
recordarse?
2. ¿En qué se diferencia el milagro de la
resurrección de Jesús de los otros
milagros que hemos estudiado?
En todos los demás milagros, Jesús obró
a favor de alguien. Aquí, él es el objeto
del milagro. El obrador de milagros está
muerto. Este milagro verdaderamente
demuestra su poder. Él mismo vuelve de
la muerte a la vida.
Infórmese
La resurrección de Jesús está
registrada en los cuatro evangelios:
Mateo 28:1-15; Marcos 16:1-8;
Lucas 24:1-12; y Juan 20:1-31. Cada
uno de estos relatos de la Pascua,
trae información respecto de este
milagro, que complementa los
otros evangelios. Cuatro evangelios
narran la historia, proclamando
con claridad la verdad, ¡Jesús ha
resucitado! En este estudio nos
enfocaremos en el evangelio de
Juan.
Juan 20:1-9
Y el primer día de la semana María Magdalena fue*
temprano al sepulcro, cuando todavía estaba*
oscuro, y vio* que ya la piedra había sido quitada
del sepulcro. Entonces corrió* y fue* a Simón Pedro
y al otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo*:
Se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos
dónde le han puesto. Salieron, pues, Pedro y el otro
discípulo, e iban hacia el sepulcro. Los dos corrían
juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que
Pedro, y llegó primero al sepulcro; e inclinándose
para mirar adentro , vio* las envolturas de lino
puestas allí, pero no entró. Entonces llegó* también
Simón Pedro tras él, entró al sepulcro, y vio* las
envolturas de lino puestas allí, y el sudario que
había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto
con las envolturas de lino, sino enrollado en un
lugar aparte. Entonces entró también el otro
discípulo, el que había llegado primero al sepulcro,
y vio y creyó. Porque todavía no habían entendido la
Escritura, que Jesús debía resucitar de entre los
muertos.
1. Según Juan, ¿quiénes fueron los tres
primeros que fueron a ver el sepulcro?
¿Por qué?
La primera en llegar fue María
Magdalena. Llegó a la tumba temprano
en la mañana. Lucas 24:1 nos dice que
llegó acompañada de otras mujeres, que
llevaban especias aromáticas para
completar la preparación del cuerpo de
Jesús para su sepultura. Cuando María
Magdalena vio que la tumba estaba
abierta, fue corriendo a decírselo a los
otros dos que llegaban, Pedro y el
discípulo “a quien Jesús amaba” (Juan).
Estos fueron a examinar el sepulcro
vacío.
2. Estos tres quedaron sorprendidos con lo
que
encontraron.
¿Qué
cosas
inesperadas
vieron?
¿Cómo
reaccionaron ante estos eventos?
María Magdalena quedó sorprendida al
encontrar el sepulcro abierto. Juan y
Pedro vieron que el cuerpo de Jesús no
estaba, pero observaron que las vendas
y el sudario que habían cubierto el
cuerpo de Jesús estaban allí. Este detalle
ya era evidencia suficiente de que algo
extraordinario había sucedido. Si
alguien habría robado el cuerpo de
Jesús, no se hubiese molestado en
quitarle las vendas y el sudario.
Fíjense también como reaccionó cada
uno de los que llegaron al sepulcro,
respecto a estos detalles. María
Magdalena vio que la piedra había sido
quitada, pero no miró dentro de la
tumba. Juan fue corriendo al sepulcro y
se asomó pero no entro. Por último,
llegó Pedro y entró al sepulcro vacío.
Después entró también Juan. Sus
actitudes
demuestran
temor
y
confusión. Si hubiesen entendido con
más claridad la profecía de Jesús, no se
habrían sorprendido de encontrar el
sepulcro vacío.
Juan 20:10-18
Entonces los discípulos se volvieron a
sus casas. Pero María estaba fuera
llorando junto al sepulcro; y llorando
se inclinó y miró dentro del sepulcro;
y vio dos ángeles en ropas blancas que
estaban sentados, el uno a la cabecera,
y el otro a los pies, donde el cuerpo de
Jesús había sido puesto. Y le dijeron:
Mujer, ¿por qué lloras? Ella les dijo:
Porque se han llevado a mi Señor, y no
sé dónde le han puesto. Y habiendo
dicho esto, volteó hacia atrás, y vio a
Jesús que estaba allí; mas no sabía
que era Jesús.
Juan 20:10-18 (continuación)
Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A
quién buscas? Ella, pensando que era el
hortelano, le dijo: Señor, si tú le has
llevado, dime dónde le has puesto, y yo lo
llevaré. Jesús le dijo: María. Volviéndose
ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir,
Maestro). Jesús le dijo: No me toques;
porque aún no he subido a mi Padre; mas
ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi
Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a
vuestro Dios. Vino María Magdalena
dando las nuevas a los discípulos de que
había visto al Señor, y que Él le había
dicho estas cosas.
3. Después que Pedro y Juan
regresaron a la casa, María
Magdalena permaneció cerca del
sepulcro. ¿Qué hizo? ¿Por qué?
María
quedó
afuera
toda
confundida.
Lloraba
y
no
terminaba de entender que había
sucedido. Creía que alguien se
había robado el cuerpo de Jesús.
4. ¿Quién se aparecio a María para
explicarle lo que había sucedido? ¿Qué
fue
necesario
para
vencer
su
resistencia?
Cuando María miró dentro del sepulcro
vacío, vio dos ángeles. Estaba tan
atolondrada que no reaccionó ante la
presencia
de
estos.
Cuando
le
preguntaron por el motivo de sus
lágrimas, les dijo que el cuerpo de Jesús
había sido robado. No fueron los ángeles
quienes le ayudaron a superar su pena.
Jesús mismo apareció, de pie, junto a
ella. Al principio lo confundió con el
jardinero. Cuando Jesús pronunció su
nombre, María reconoció a su Salvador.
5. Habiendo consolado a María
Magdalena, ¿qué le encomendó
Jesús que hiciera?
Jesús le dijo a María que fuese a
contarles a los discípulos respecto
de la resurrección. Ellos no sabían
que Jesús estaba vivo. María no fue
la única que tenía necesidad de ser
reconfortada
por
el
Cristo
resucitado. Obedeciendo a su
Salvador, María Magdalena fue y
les contó a los discípulos.
Juan 20:19-23
Y el mismo día al anochecer, siendo el
primero de la semana, estando las puertas
cerradas en donde los discípulos estaban
reunidos por miedo a los judíos, vino Jesús,
y poniéndose en medio, les dijo: Paz a
vosotros. Y habiendo dicho esto, les mostró
las manos y el costado. Entonces los
discípulos se regocijaron viendo al Señor.
Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a
vosotros: Como me envió el Padre, así
también yo os envío. Y habiendo dicho esto,
sopló en ellos, y les dijo: Recibid el Espíritu
Santo. A quienes remitiereis los pecados, les
son remitidos; a quienes se los retuviereis,
les son retenidos.
6. ¡Jesús
realmente
estaba
vivo!
Repetidamente se apareció a los suyos
para revelarles esta verdad. ¿De qué modo
convenció a sus discípulos que había
resucitado? ¿Qué les dijo que hicieran?
Los discípulos habían visto a Jesús morir.
Ahora probó que verdaderamente estaba
vivo. Esa noche vino a ellos mientras
estaban congregados en un lugar tras
puerta trancada. De modo milagroso Jesús
entró al lugar, y después les mostró las
heridas de sus manos y su costado. Este
era verdaderamente Jesús, y estaba vivo.
Él entonces les dio el Espíritu Santo, y les
otorgó poder para perdonar pecados en su
nombre.
Juan 20:24-29
Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no
estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron,
pues, los otros discípulos: Hemos visto al Señor. Y
él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los
clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y
metiere mi mano en su costado, no creeré. Y ocho
días después, estaban otra vez sus discípulos
dentro, y con ellos Tomás. Entonces vino Jesús,
estando las puertas cerradas, y poniéndose en
medio, dijo: Paz a vosotros. Entonces dijo a Tomás:
Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y da acá tu
mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo,
sino creyente. Y Tomás respondió, y le dijo: ¡Señor
mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Tomás, porque me
has visto, creíste; bienaventurados los que no
vieron, y creyeron.
7. Uno de los discípulos estuvo ausente esa
noche y dudó de lo que sus condiscípulos le
informaron. ¿Qué fue lo que convenció a
Tomás de que Jesús estaba vivo? ¿De qué
manera demuestran las acciones de Jesús
su gran amor?
Tomás quiso una prueba de que Jesús
vivía. Quiso ver las manos y el costado de
Jesús el mismo. Podremos llamar a Tomás
un incrédulo, pero recuerden que los
demás discípulos habían visto ya esta
evidencia (v. 20). Jesús nos permite ver su
gran amor al mostrarle a Tomás sus manos
y su costado. No tenía por que hacerlo.
Podría haber insistido que Tomás creyera
a los demás discípulos. En cambio, Jesús
se llegó a él y le presentó la prueba de su
resurrección.
8. Habiéndole mostrado sus manos y su
costado, ¿que le dijo Jesús a Tomás que
hiciera? ¿Cuál fue la reacción de Tomás?
Jesús le dijo a Tomás que tocara su cuerpo
resucitado. Le presentó la evidencia que
había solicitado. Después dijo: “No seas
incrédulo, sino hombre de fe.” La
Escritura no nos dice en realidad si Tomás
tocó las heridas de Jesús. No tenía
necesidad de hacerlo, porque sus ojos y
oídos reconocieron la verdad: este es
Jesús. ¡Está vivo! Tomás respondió
confesando su fe: “¡Señor mío y Dios mío!”
Juan 20:30-31
Y ciertamente muchas otras señales
hizo Jesús en presencia de sus
discípulos, las cuales no están
escritas en este libro. Pero éstas se
han escrito, para que creáis que
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y
para que creyendo, tengáis vida en
su nombre.
9. Juan nos relata algunas de las cosas
notables que sucedieron aquel día, pero no
nos cuenta todo. ¿Por qué registró las cosa
incluídas en este evangelio?
Juan nos dice que estas señales fueron
escritas para que “crean [creamos] que
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para
que al creer en su nombre tengan
[tengamos] vida.” Dios ha preservado
estos acontecimientos por amor a
nosotros, para que quedemos convensidos
de la verdad. Estos milagros son
testimonio de la realidad de que Jesús es
Dios, nuestro Salvador. Gracias a él
vivimos.
Relacione
1. Jesús presentó a sus seguidores pruebas
de que estaba vivo. ¿De qué manera
demuestran los versículos
de este
evangelio, que la resurrección de Jesús era
una realidad?
Muchas cosas en este relato apuntan a
laverdad histórica de la resurrección. En
1er lugar, la tumba estaba vacía. No había
ningún cuerpo. María Magadalena creyó
que el cuerpo de Jesús había sido robado,
hasta que el mismo habló con ella. Después
fue y les contó la verdad a los demás. Los
discípulos estaban reunidos en un lugar a
puertas cerradas, por temor. Se alegraron
cuando Jesús se les apareció y les
mostró sus manos y su costado. Mas
que nada, vemos evidencia en Tomás.
Él no creyó que Jesús estaba vivo. En
realidad, se rehusó a creer hasta
tanto no viese la evidencia por si
mismo. Y lo que vio fue suficiente
para convencer a un escéptico. Toda
esta evidencia nos muestra la verdad
de la resurrección de Jesús.
2. Habiéndose revelado a Tomás, Jesús le
dijo: “Dichosos los que no han visto y sin
embargo cree.” ¿Qué significan para usted
estas palabras?
Jesús hablaba de nosotros. No vimos esa
evvidencia con nuestros propios ojos. No
fuimos corriendo al sepulcro vacío, ni
pusimos nuestros dedos en las cicatrices
de los clavos en las manos de Jesús. Pero
con todo y eso, Dios nos ha revelado su
verdad en las Escrituras. Por medio de su
Espíritu Santo, creemos la verdad de la
resurrección. Creemos que Jesús es
nuestro Salvador crucificado y resucitado.
¡Él vive!
3. Obviamente esto sucedió hace mucho
tiempo. 1 Corintios 15:19-22 dice:
“Si sólo en esta vida esperamos en
Cristo, somos los más miserables de
todos los hombres. Mas ahora Cristo
ha resucitado de los muertos;
primicias de los que durmieron es
hecho. por cuanto la muerte entró
por un hombre, también por un
hombre la resurrección de los
muertos. Porque así como en Adán
todos mueren, así también en Cristo
todos serán vivificados.
¿Cómo se relaciona la resurrección
con nosotros en la actualidad?
Tal como nos lo recuerd estos
versículos, la resurrección de Jesús
tiene para nosotros muchas cosas
implícitas. Jesús es nuestro Salvador.
Gracias a su muerte y resurrección,
obtenemos perdón de pecados y la
dádiva de la vida eterna. Gracias q
que él rsucitó, nosotros también
resucitaremos. Él hizo morder el
polvo de la muerte privándola de su
poder y nos resucitará para que en el
día del juicio final estemos con él.
Perciba
Con demasiada frecuencia nos hemos
comportado como los discípulos al
comuienzo
de
esta
historia:
temerosos de contarles a otros.
Cristo
nos
perdona
nuestra
resistencia a compartir su amor y
ahora nos comisiona a que seamos
sus testigos.
En el transcurso de esta lectura,
notamos que ciertas personas, llenas
de asombro, ven a Jesús. ¡Estuvo
muerto, pero ahora vive! Jesús
demuestra esta realidad y después les
imparte
instrucciones: “¡No se
guarden esto para ustedes! Vayan y
diganles a los demás que estoy vivo.
Díganles que estan perdonados y que
pueden vivir conmigo para siempre.
¡Anúncienles las buenas nuevas!” ¿A
quién le comunicara usted las buenas
nuevas esta semana?
La Resurrección de Jesús
Juan 20:1-31