Lectio divina del Salmo dominical
Domingo XXI
Año
B:
Nosotros
serviremos
al
del Tiempo Ordinario
Señor.
Jos 24,1-2a.15-17.18b: Nosotros serviremos al Señor: ¡Es
nuestro Dios!
Sal 33,2-3.16-17.18-19.20-21.22-23: Gustad y ved qué bueno es el
Señor.
Ef 5,21-32: Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a
la Iglesia.
Jn 6,60-69: ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de
vida eterna.
Gustad y ved
qué bueno
es el Señor.
Bendigo al Señor
en todo momento,
su alabanza está
siempre en mi
boca;
mi alma se gloría
en el Señor:
que los humildes
lo escuchen y se
alegren.
Gustad y ved
qué bueno
es el Señor.
Los ojos del
Señor miran
a los justos,
sus oídos
escuchan
sus gritos;
pero el Señor
se enfrenta
con los
malhechores,
para borrar
de la tierra
su memoria.
Gustad y ved
qué bueno
es el Señor.
Cuando uno
grita, el
Señor lo
escucha
y lo libra de
sus
angustias;
el Señor está
cerca de los
atribulados,
salva a los
abatidos.
Gustad y ved
qué bueno
es el Señor.
Aunque el justo sufra
muchos males,
de todos lo libra el
Señor;
él cuida de todos sus
huesos,
y ni uno solo se
quebrará.
Gustad y ved
qué bueno
es el Señor.
La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
Gustad y ved
qué bueno
es el Señor.
Lectio
Ahora leemos el
salmo entero, despacio…
Salmo 33 (34)
[1 De David. Cuando fingiéndose demente ante
Abimélek, fue despachado por él y se marchó.]
2 Bendigo
al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
3 mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen
y se alegren.
4 Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
5 Yo
consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
6 Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
7 Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.
8 El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
9 Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.
10 Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
11 los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.
12 Venid,
hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
13 ¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?
14 Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
15 apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
16 Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
17 pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
18 Cuando
uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
19 el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
20 Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
21 él cuida de todos sus huesos,
y ni uno sólo se quebrará.
22 La maldad da muerte al malvado,
los que odian al justo serán castigados.
23 El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
Si quieres escuchar el original hebreo, pincha aquí
Lectio
¿Qué lugar ocupa este salmo en el
salterio?
Según el P. Ramón Ribera, monje de
Montserrat, y otros estudiosos, el orden de
los salmos no se debe al azar sino que hay
toda una estructura interna.
Lectio
¿Qué lugar ocupa este salmo en el
salterio?
Nuestro salmo se encuentra en la primera
parte del salterio, dedicado a las súplicas
a Dios, formada por los libros:
1º: salmos 1-40
2º: salmos 41-71
Y 3º: salmos 72-88
Salmo 33: El Señor,
salvación de los justos.
Dentro del primer libro, el salmo 33 se encuentra en la
introducción (salmos 33-36) de la Segunda Colección
de David (salmos 33-71) de redacción más antigua que
la Primera Colección.
Lectio
¿Qué dice el texto?
El salmo 33 (34) es un salmo alfabético de carácter sapiencial con elementos de acción de
gracias. La enseñanza propuesta no es una doctrina teórica sino la formulación de una
experiencia espiritual.
Aunque el título del salmo hace referencia a 1Sm 21, 10-15, al tiempo del reinado de Saúl, la
composición se puede situar en la época del exilio o tiempo posterior.
Su estructura es la siguiente:
Vv. 2-11: un “pobre del Señor” (un anawin) alaba y da gracias al Señor que lo ha salvado de
una gran tribulación y angustia. A esta alabanza anima a los humildes, a los fieles. Quien
alaba y teme al Señor nunca se verá defraudado, será salvado y protegido, no le faltará
de nada.
Vv. 12-22: es una reflexión sapiencial sobre la retribución de un sabio anciano: “Venid, hijos,
escuchadme…” Lo que enseña es el temor del Señor. Temer al Señor equivale a buscarlo
y es sinónimo también de fidelidad. Este temor incluye la observancia de los
mandamientos y es fuente de bendiciones y prosperidad. Quien lo guarda experimentará
la cercanía de Dios, quien lo rechaza su propia maldad recaerá sobre él.
v. 23: es un añadido litúrgico. No parecía bien terminar el salmo con una amenaza.
San Juan aplica el versículo 21 de este salmo a Cristo muerto en la cruz (Jn 19, 36),
reconociendo la protección del Padre sobre el cuerpo ya muerto de su Hijo. Esta
protección no es tardía, antes bien prueba que la protección de Dios supera la muerte.
Meditatio
:Lo propio de este paso es meditar qué me dice a mi el texto.
Esto es algo muy personal por ello aquí para ayudar a esta meditación relacionamos el salmo con
las lecturas del domingo.
Gustad y ved
Gustad y entended. El que “ve” conoce, por eso el que ha gustado la bondad
del Señor en la Eucaristía está llamado a comprender, a trascender lo
material y elevarse a lo espiritual, a reconocer a Cristo en el Pan y el Vino
consagrados, y a quedarse con Él superando el escándalo.
Venid, hijos…
En realidad se trata de una invitación a ponernos en marcha:
“Ea, hijos…”
La Eucaristía es opción por Cristo, y envío. Servicio a Dios y a
los hombres.
El Señor redime a sus siervos.
Si hemos elegido servir al Señor, como las tribus de Israel en
Siquém, no temamos. Él siempre nos da su gracia y su
auxilio para seguirlo en medio de contrariedades, dudas y
posibles rebeldías.
Basta que reconozcamos con humildad, como san Pedro, que
sin Él no tenemos a quién acudir.
Oratio
¿Qué me hace decirle a Dios este salmo, la
liturgia de este domingo?
Gracias, Señor,
porque en la Eucaristía
hemos saboreado y conocido tu Amor.
Haz que éste
nos lance a los caminos del mundo
para servirte en nuestros hermanos con alegría,
siendo fermento de paz y de unión.
Amén.
Contemplatio
Miro y me dejo mirar… En esto los Padres de la Iglesia son maestros…
“¿Quién es el que bendice al Señor en todo tiempo, sino el
humilde de corazón? Fue esta humildad la que nos
enseñó con su cuerpo y con su sangre; porque al
confiarnos su cuerpo y sangre, nos está recomendando
su humildad.
Avivad el amor en vosotros, hermanos, y gritadle a cada uno
de vuestra gente, y decidle: Proclamad conmigo la
grandeza del Señor. Que arda en vosotros esta llama.
¿Por qué se os recitan y exponen estas cosas? Si amáis
a Dios, arrastrad al amor de Dios a todos los que están
unidos a vosotros, a todos los de vuestra casa; si amáis
el cuerpo de Cristo, es decir, la unidad de la Iglesia,
arrebatadlos a este deleite, y decidles: Proclamad
conmigo la grandeza del señor.
Así que arrastrad a cuantos podáis, exhortando, llevando,
rogando, exponiendo, dando razones, todo con
mansedumbre y dulzura: arrastrad hacia el amor”
(SAN AGUSTÍN, Comentario al Salmo 33, 4. 6. 7)
Actio
¿Qué me hace vivir el Señor a partir de esta Palabra?
Es el momento de la “obediencia de la Fe”…
Señor,
¿a quién vamos a acudir?
Tú tienes palabras
de Vida eterna.
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Domingo XXX del T.O. Año C