De pequeño me llamaban la atención los trabalenguas
El ejercicio de repetir cacofonías incoherentes, era menos
difícil que el reto de entender su significado
A veces su contenido me dejaba un amargo sabor de boca;
otras un dolor cerebral
Incoherencias absurdas que provocaban la frustración de
no entender nada del asunto, y de que el mundo de los
adultos era más complicado de lo que podía asimilar
¿Cómo comprender el interminable?
“Éste es un gato con los pies de trapo y los ojos al
revés, ¿quieres que te lo cuente otra vez?”; o:
“Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal,
tragaban trigo en un trigal tres tristes tigres”
Y lo que es peor: "El rey de Constantinopla se
quiere desconstantinopolizar, el que logre
desconstantinopolizarlo buen
desconstantinopolizador será”
Crecí
Las dudas conmigo
Jamás logré averiguar cómo acababa el cuento del gato;
¿le enderezarían los ojos?
Tampoco quién fue capaz de “des no sé qué” al rey de “no
sé dónde”; supongo que nadie, pues lo siguen
solicitando
Menos comprendí por qué estaban tistes los triges... ¡Digo,
tristes los tigres!
Para mí eran frases absurdas, juegos sin sentido de gente
ociosa que buscaba demostrar ser más hábil
O simple burla a la inocencia infantil
Cosas sin importancia que quitan el sueño
cuando se tiene poco tiempo usando el
cerebro
Me refiero a la estancia en esta tierra, no a
la falta de costumbre
Sin embargo, uno que me contó mi madre
me impactó
Decía más o menos así:
“Si porque te quiero mucho, quieres que te quiera
más; te quiero más que a mi vida; ¿Qué más
quieres? ¿quieres más? Te quiero tanto que si
el salvarte fuera la muerte, y el perderte tener
vida; prefiero la muerte y salvarte, a perderte y
tener vida”
Me llevó tiempo repetirlo; más años asimilarlo
Al comprenderlo, supe que más que un
trabalenguas era un mensaje de amor y entrega
tales, que significaba dar la vida por el ser
querido
¿Quién podía amar así?
Hoy sé las palabras de mi Señor Jesucristo:
“Éste es mi mandamiento: Que os améis
los unos a los otros, como yo os he
amado”
Nadie tiene mayor amor que éste, que uno
entregue su vida por sus amigos
Dios, en su infinito amor, entregó a su Hijo
unigénito para morir por nosotros
Jesucristo se dió para salvarnos, prefiriendo
la muerte a perdernos
¿A quién no se le traba la lengua al conocer esta
realidad?
Y pensar que a muchos les es difícil declarar con
sus labios que Jesús es su Señor y Salvador,
agradecerle y hacer un compromiso con Él con
un corazón arrepentido y humillado...
¿Demasiado?
Para Él no lo fue hacerlo válido, sin dar marcha
atrás al sentir que el aliento se le iba, que su
espíritu moría; pues nos miraba con amor,
sabiendo que el sacrificio por tí y por mí no sería
en vano
Al recordar esto, comprendo lo único que importa:
Que Dios nos ama tanto, que fue capaz de dar su
vida por nosotros, y ahora nos toca
corresponder de la misma forma ante Él y
nuestros hermanos
Es el trabalenguas más difícil de todos
Difícil de repetir con la boca, sentir con el corazón,
y estar dispuestos a hacer efectiva cada palabra
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