Los Primeros Siglos
Medievales
El fin del Imperio Romano Occidental significó un quiebre de la unidad
que había existido en torno al mar Mediterráneo y dio paso a la fusión
cultural
entre los diversos pueblos germanos que invadieron y
ocuparon los territorios imperiales y la población romana y romanizada
que allí existía.
Así comenzó la etapa histórica que conocemos como Edad Media y en
la cual lentamente se fue conformando Occidente, una nueva realidad
cultural cuyo ámbito geográfico fue el continente europeo.
La Edad Media ha sido llamada también “Edad de la Fe”, ya que su
religión católica fue el gran elemento de unidad de Occidente, y la
Iglesia, uno de los pilares fundamentales.
Durante los primeros siglos de la Edad Media, debido a as múltiples
amenazas exteriores, Occidente vivió replegado sobre sí mismo
sosteniéndose con una economía de subsistencia.
La pérdida de importancia del sector
occidental del imperio fue manifiesta
cuando, en el año 330 d.C, Constantino
trasladó la capital a la ciudad de Bizancio, la
que llamó Constantinopla. Más tarde, en el
año 395 d.C Teodosio dividió el Imperio en
dos: Occidente y Oriente.
En Occidente la situación era muy seria. La
presencia de germanos en el imperio era
cada vez mayor, sobre todo a partir del siglo
IV.
Algunos habían recibido tierras a cambio de apoyar al ejército imperial; otros entraron
por la fuerza, se instalaron y negociaron su situación con los emperadores, que incluso
aceptaron la existencia de los reinos germanos aliados en territorio romano.
Al interior del imperio los germanos se movilizaban y en ocasiones atacaban o
combatían entre sí.
En el año 410, ante el estupor del mundo romano, la ciudad de Roma fue
saqueada por los visigodos al mando de Alarico. Cuando en el año 476 otro
jefe germano, Odoacro, depuso a Rómulo Augústulo, último emperador de
Occidente, este sector de imperio, en la práctica, ya era un mosaico de reinos
germanos.
El siguiente documento es ilustrativo de la compleja relación que se establecía
entre los pueblos germanos y las autoridades romanas. ¿Qué puedes señalar al
respecto?
“Ataulfo, rey visigodo que después de la invasión de Roma y la
muerte de Alarico se casó con Placidia, la hermana del
emperador que había sido hecha prisionera, (…) prefirió combatir
fielmente bajo el emperador Honorio y emplear a los godos en la
defensa del estado romano. Ataulfo, convencido de que (…) no
era oportuno derogar las leyes del Estado (…) escogió alcanzar
con las fuerzas de los godos la gloria de restaurar e incluso
acrecentar el nombre de Roma y así ser considerado por la
posteridad el restaurador del Imperio Romano”
Fuente: Pablo Osorio, Historiarum adversus paganus. Sligo IV d. C. En: Emilio Mitre:
“Los germanos y las grandes invasiones”. Bilbao. Ediciones Moretón, 1968.
Antes de responder a la interrogante deben realizar la ficha de análisis de la fuente.
Análisis de Fuente Primaria Escrita:
Título: Invasión Goda sobre el Imperio Romano
El Orbe Romano se derrumba, y, sin embargo, nuestra soberbia no
termina. ¿Qué ánimos crees tú tienen ahora los atenienses, los
espartanos, y la Grecia entera dominada ahora por los bárbaros? Estas
son solo algunas pocas ciudades en que florecieron reinos destacados, y
que ahora están sometidas.
Nos han invadido manadas de lobos, desde del Norte, que en tan poco
tiempo han atravesado tantas provincias. ¡Cuántos monasterios
saqueados, cuantos ríos han cambiado por sangre humana! Manadas de
prisioneros han sido arrastrados; Fenicia, Palestina y Egipto están ya
prisioneras por el terror.No me he propuesto realmente escribir la historia,
sino llorar brevemente nuestras miserias.
...Nos damos cuenta de haber de tiempo atrás ofendido a Dios, y no
tratamos de aplacarlo. A nuestros pecados deben los bárbaros su fuerza;
por nuestros vicios es vencido el ejército romano. Y como si no fueran
bastantes estos desastres, las guerras civiles han consumido más vidas
que la espada enemiga.
San Jerónimo. Epístola 60, 16-17 a Heliodoro, año 396. En: Kakarieka, Julius. El fin del mundo antiguo. Testimonio de
los contemporáneos. Editorial Universitaria. Chile. 1978. Pp. 41 y 42.
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