En el pueblo de Copacabana,
alrededor de 1580 sus habitantes vivían
divididos en dos grupos, los Anansayas
y los Urinsayas. A pesar de haber
recibido la fe cristiana, vivían
apegados a su religión primigenia. Las
malas cosechas y otras desventuras los
obligaron a pensar en atraerse los
favores del cielo y resolvieron los
Anansayas erigir una cofradía y ponerla
bajo la advocación de la Virgen de la
Candelaria. Mientras que los Urinsayas se
opusieron alegando que ellos tenían
pensado dedicarla a San Sebastián, pero
al final no se hizo nada. Un hombre
llamado Titu Yupanqui ayudado por su
hermano Felipe, trabajó la imagen de la
Vírgen en arcilla, de una vara de alto, por
los resultados, esta imagen debió
representar la buena voluntad alejada de
las gracias naturales de María. Fue
colocada a un lado del altar por el Padre
Antonio de Almedia, que hacía de
párroco. Al dejar Copacabana don
Antonio, se hizo cargo de
Copacabana el predicador bachiller
don Antonio Montoro, quien al ver esa
imagen desgarbada, tosca y sin
proporciones, mandó sacarla del
altar y llevarla con el desaire a un
rincón de la sacristía.
Querida Madre Nuestra Señora de
Copacabana,
tú que nos amas y nos guías todos
los días,
tú que eres la más bella de las
Madres
a quien amo con todo mi
corazón,
te pido una vez más que me
ayudes a alcanzar una gracia.
Sé que me ayudarás y sé que
siempre me
acompañarás hasta
la hora de mi muerte.
Amén
Es típico del santuario,
basílica desde 1949,
que los que lo visitan
salgan de él
caminando hacia
atrás, con la
intención de no darle
la espalda a su
querida patrona.
Su fiesta
originalmente se
celebraba el 2 de
febrero, día de la
Purificación de
María, y luego se
ha trasladado al 5
de agosto, con
liturgia propia y
gran celebración
popular.
Los padres Agustinos
construyeron la
primera capilla
Mayor, entre los años
1614 y 1618
El milagro mas grande efectuado por esta
virgen es el de lograr cerrar los ojos de tanta
gente, atrayendo sus corazones hacia el
error, hundiéndolos más y más en la fosa
inmensa de la esclavitud del pecado.
Después de Cristo, solamente la Fe salvará al
hombre, puede venir cualquiera a curarte
del cáncer o del sida, pero no curará tu
corazón, no tiene la menor idea de librarte
del pecado que condena a muerte, que te
manda al infierno, lejos de Dios, de su amor
infinito.
1° testimonio
Con la alegría de enviarles unas líneas desde estas zonas gélidas del Altiplano; como
siempre guardando y avivando los gratos recuerdos de su compañía en la Parroquia
de Matucana.
Aprovecho unos instantes para dedicar a los instrumentos que la Tecnología nos
brinda, esto ante la computadora y el bendito Internet. Por la mañana fui a un Centro
Poblado para una Misa, lo que más alegría deparan estas salidas son las “confesiones”
de nuestros feligreses. Durante tantos años se predicó que “no hace falta confesarse”,
por lo tanto “todos pueden y deben comulgar”. A Dios gracias, nuestra gente tan
sencilla y religiosa, cuando se le explica el sentido y la necesidad de la confesión,
¡siempre se acercan!, seguimos siendo muy útiles como decía el Papa Juan pablo II.
El último sábado hicimos una peregrinación o Romería, de la ciudad de Juli hacia la
pequeña bahía de Huaylluni, donde se encuentra una pequeña capilla colonial, en la
que se celebra la fiesta de la Virgen de Copacabana, el 6 de Agosto; pues, fue
aleccionador, ver muchos niños y jóvenes en pleno calor caminando al compas del
Rosario, y todo este recorrido supone casi 10 kilómetros de caminata de ida. También
se confesaron varios, estuve solo, si hubiese ido otro sacerdote seguramente que
mucha gente se confesaría. Luego de la Santa Misa, un intenso deporte con los
jóvenes, luego el almuerzo. Es decir toda una gozada.
Sé que en el Valle de Cañete, las Romerías al Santuario a la Ermita son una cadena
ininterrumpida; pues, la verdad, vale la pena atenderlos y cuidarlos. ¡El amor a la
Virgen!
El pasado 24 de Abril hubo ordenaciones de tres sacerdotes. Ya se puede imaginar la
gran alegría de contar con estos refuerzos; pero, viendo la extensión y población de la
Prelatura de Juli, es como “echar un balde de agua en un cascajal”, prontamente
desaparece por la ingente cantidad de actividades o labores.
Uno de los nuevos sacerdotes está conmigo en la Parroquia, se llama Edgard; un
elemento valiosísimo, ¡está gozando con las confesiones que atiende! Me pidió que le
predicara su Primera Misa, él es de la misma ciudad de Juli. Tanto las ordenaciones como
las Primeras Misas, han sido una ocasión estupenda para la catequesis de los pueblos; los
mismos seminaristas siguen comentando la belleza y sentido de las Ordenaciones,
también les han servido para afianzar su vocación.
Ya estamos estrenando el flagelo del friaje del Altiplano; como siempre, los que más sufren
los del campo o de las zonas más apartadas. En algunos momentos -de acuerdo a los
meteorólogos- llegaremos a los 25° bajo cero; pero también sirve para enreciar y templar
el cuerpo, pareciera que -incluso- los malos pensamientos quedan congelados, ¡si fuera
así la cosa estaría arreglada!, pero no, hay que luchar y ayudarnos todos, todos, todos.
Como siempre les ruego que me encomiende ante la Madre del Amor Hermoso y ante los
restos de mi queridísimo y entrañable Mons. Luis, procuro vivir y apoyarme en “La
Comunión de los Santos”.
2° testimonio
Natural de Tuy-Vigo, Galicia. Es otro gallego que vale oro. Siempre con sus
chascarrillos en los labios. Trabajó en Alis y Huarochirí. Tuvo muchas aventuras.
En Alis, le llamaban “el padre colorao” porque cuando caminaba, rápido y
transpirando, se le ponía roja la cara. A los convivientes les decía que el matrimonio
no es catrimonio (de catre), que había que unirse como Dios manda. En sus
predicaciones decía que todos los hombres llevamos en nuestra vida como una
alforja, donde en el bolso delantero vemos nuestras cualidades y detrás, no podemos
ver nuestros defectos, y necesitamos que nos lo digan.
Un día que retornaba de Laraos, donde hay hermosos andenes y una laguna muy
bella, al no dar bien la vuelta en una curva, rodó con su wolswagen. Menos mal que
se salió del carro, mientras este caía y se salvó de milagro. El alcalde que estaba en la
esquina de su casa viendo cómo se marchaba el “padresito”, vio cómo se caía el
carro y trató de ayudar al P. Victoriano. Al fondo del barranco quedó destrozado el
“sapito”. Desde esa fecha ya no quiso manejar nuestro padresito. El 2007, cuando
volvió para celebrar las Bodas de Oro, le escuché narrar su vocación al sacerdocio, a
los alumnos del Seminario Mayor y Menor, y en un programa radial. Decía que
cuando era niño deseaba ingresar al Seminario Menor, pero su hermano mayor que
estuvo allí, y enfermó, no se lo recomendó. Después de terminar los estudios
secundarios ingresó a la Marina. Como frecuentaba la Misa, el capellán le dijo que
porqué no se hacía sacerdote; él se franqueó y dijo que a él le gustaban las nenas y
que así cómo iba a ser sacerdote santo. El padre le explicó que eso era una cosa
natural y que también el sentía lo mismo pero que había de por medio un
compromiso con Dios, quien ayudaba dando el don del celibato, y que de allí había que
ser fiel a Dios como una persona que se casa. Después de esto ingresó al Seminario
Mayor.
En el homenaje que se rindió a Dios y a los sacerdotes que trabajaron en Yauyos, se animó
a cantar la canción de “el jardinero” porque se dijo que había que decir algo, ante tan
magno evento. Siempre que escribe sus cartas las envía con “sabor andino”. Dice que
vive en Yauyos, con el pensamiento.
Antes de volver a su tierra, estuvo un tiempo ayudando en la parroquia de Nuevo
Imperial. En la pista hay carros en abundancia que le podían llevar, pero él prefería
caminar. Le gustaba tanto caminar porque decía que así podía rezar más rosarios y
saludar a la gente.
Publicado por Leoncio Córdova Vega
Descargar

La Virgen de Copacabana - 1b-copaamerica