La Mitología clásica
Su influencia en la Cultura
Occidental.
Algunos ejemplos.
Presentación
Este trabajo persigue como objetivo
abordar desde un punto de vista
 Interdisciplinar y
 Multimedia
 Un análisis global de la influencia de la
mitología clásica, a través de 3 ejemplos
concretos, en la historia de la Cultura,
especialmente a través de ejemplos
artísticos y literarios.

Tres mitos recurrentes en la historia
del arte occidental
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Apolo y Dafne
 El

Narciso y Eco
 El

amor no correspondido
desprecio del Amor
Orfeo y Eurídice
 El
Amor y la muerte
Tres ámbitos de estudio

Su influencia en la Historia del Arte

Las fuentes clásicas

La Historia de la Literatura
Primer mito: Apolo y Dafne
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Dafne, nombre que en griego significa laurel, era una ninfa hija del
dios-río Peneo que transcurre por la región de Tesalia. El dios Apolo
amaba a Dafne con una gran pasión pero la ninfa no le correspondía
y le esquivaba. En una ocasión Apolo perseguía a Dafne y ésta huía
hacia las montañas para evitarlo. Cuando el dios estaba a punto de
alcanzarla, la joven dirigió una plegaria a su padre o bien a Zeus ,
suplicándole que la metamorfoseara para poder escapar al asedio
del dios. Su petición fue escuchada y concedida, y al momento la
joven comenzó a transformarse en un laurel. De sus pies iban
saliendo raíces y sus extremidades se convertían en frondosas
ramas del árbol que desde ese momento fue el consagrado al dios
Apolo y pasó a representarlo.
Apolo y Dafne en la historia del arte:
algunos ejemplos 1
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POLLAIUOLO, Antonio (14321498
Pintado en la década de 1470.
Londres. National Gallery
Este pintor y escultor, junto con su
hermano Piero, trabajan en Florencia
en la segunda mitad del siglo XV y
pertenecen al primer renacimiento.
Sigue el relato mítico pero viste a sus
personajes con trajes a la moda
florentina de su tiempo y les da el
aspecto idealizado en este
movimiento. El paisaje reflejado en el
cuadro es probablemente el valle del
río Arno, en las afueras de Florencia.
Lo de incluir paisajes locales es un
rasgo de los pintores del renacimiento.
Esta pintura, por su pequeño tamaño y
forma, pudo formar parte de una
puerta o ser la tapadera de un cofre.
Apolo y Dafne en la historia del arte:
algunos ejemplos 2
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VOS, Cornelio del (1584-1651)
Óleo sobre lienzo. Museo del Prado,
Madrid.
Pintor flamenco, de la escuela de
Rubens y por tanto de estilo barroco.
Apolo es reconocible por la aureola
que rodea su rostro que le representa
como el dios de la luz, identificado con
Helios-Sol. Otro de sus atributos es el
arco y las flechas que aquí lleva en el
carcaj colgado del torso. La figura de
Dafne extiende los brazos para
escapar del dios y sus manos ya se
están convirtiendo en ramas de laurel.
Del pie que apoya en la tierra está
saliendo una raíz. La línea diagonal
está claramente marcada desde el
brazo derecho de Dafne hasta la pierna
izquierda de Apolo y observamos
también un marcado claroscuro.
Apolo y Dafne en la historia del arte:
algunos ejemplos 3
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TIÉPOLO, Giambattista (1696-1770)
Apolo persiguiendo a Dafne. Galería Nacional
de Washington. H.1755-60
Tiépolo es el más importante pintor italiano
del barroco tardío. Su obra quiere ser la
continuación de la gran pintura veneciana. En
esta representación vemos a Apolo, coronado
de laurel, el árbol que le estará dedicado a
partir de este episodio mítico, y a la vez
caracterizado por una aureola, símbolo del
Sol que él representa, resaltada por el tono
amarillo del manto que le envuelve. Lleva el
carcaj colgado del cuerpo y extiende su brazo
hacia Dafne que ya se está convirtiendo en el
árbol del laurel. Una de sus piernas es ya un
tronco bien prendido en la tierra y sus manos
son las ramas incipientes. La joven se apoya
sobre el dios-río Peneo, su padre que está
representado, como todas las divinidades
fluviales, con una vasija de la que sale agua.
El pequeño Eros-Cupido, que no ha favorecido
estos amores, se esconde tras el manto que
cubría a Dafne para escapar de las iras del
dios Apolo.
Apolo y Dafne en la literatura clásica:
Las Metamorfosis de Ovidio 1
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Bibliografía: Ovidio. Metamorfosis. Libro Primero IV.
El primer amor de Febo fue Dafne, la hija del
Peneo , y no fue producto del ciego azar, sino de la
violenta cólera de Cupido . A éste lo había visto el
Delio, orgulloso de su victoria sobre la serpiente, en
el momento en que el otro doblaba los extremos de
su arco tirando de la cuerda, y le dijo: "¿Qué tienes
tú que ver, niño retozón, con las armas de los
valientes? Llevar esa carga me cuadra a mi, que sé
dirigir golpes infalibles a una fiera o a un enemigo,
que hace poco he tendido por tierra, hinchada por
mis innúmeras flechas, a Pitón, la alimaña que con
su vientre venenoso oprimía tantas yugadas de
tierra. Tú conténtate con estimular con tu antorcha
no sé qué pasiones amorosas, y no trates de
aspirar a la gloria que me es propia." A lo que
respondió el hijo de Venus:"Aunque tu arco
atraviese todo lo demás, el mío te va a atravesar a
ti, y en la misma medida en que todos los animales
son inferiores a la divinidad, otro tanto es menor tu
gloria que la mía". Dijo, y batiendo las alas se abrió
camino por los aires y fue raudo a detenerse en la
sombreada cima del Parnaso, donde sacó de su
aljaba portadora de flechas dos dardos de diferente
efecto; el uno hace huir al amor, el otro lo produce.
El que lo produce es de oro, y resplandece su
afilada punta; el que lo hace huir es romo y tiene la
caña guarnecida de plomo. Este fue el que clavó el
dios en la ninfa del Peneo, mientras que con el otro
hirió hasta la médula de Apolo después de
atravesarle los huesos.
Apolo y Dafne en la literatura clásica:
Las Metamorfosis de Ovidio 2
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En el acto queda el uno enamorado; huye la otra hasta del nombre
del amor, y se complace en las espesuras de las selvas y en los
despojos de las fieras que cautiva, émula de la virginal Febe; una
cinta sujetaba sus cabellos abandonados en desorden. Muchos la
pretendieron, pero ella rechaza a sus pretendientes y, libre de
marido al que no soportaría, recorre los parajes más solitarios de los
bosques y desdeña enterarse de lo que es el Himeneo, el Amor o el
lazo conyugal. Muchas veces le dijo su padre: "Un yerno me debes,
hija". Muchas veces le dijo su padre: "Me debes nietos, hija
mía".Ella, que odiaba como un crimen las antorchas nupciales,
mostraba su bello rostro teñido de avergonzado rubor y, en los
brazos acariciantes de su padre y colgada de su cuello, le decía:
"Concédeme, padre mío querido, poder disfrutar de una virginidad
perpetua; también a Diana se lo concedió su padre." El desde luego
atendió a sus ruegos; pero a ti tu mismo atractivo te impide lograr
lo que deseas, y tu hermosura se opone a tus anhelos.
Apolo y Dafne en la literatura clásica:
Las Metamorfosis de Ovidio 3
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Febo está enamorado, ha visto a Dafne y ansía
unirse a ella; lo que ansía, espera conseguirlo, y le
engañan sus propios oráculos. Y como arden las
pajas livianas una vez despojadas de las espigas,
como se incendian los cercados por las antorchas
que acaso un viandante ha acercado en demasía o
abandonado al aproximarse el día, así se encendió
en llamas el dios, así se quemaba su corazón
entero y con sus esperanzas alimentaba un amor
estéril. Advierte que sus cabellos le caen por el
cuello sin aliño y se dice: ” ¿Y si se los peinara?".
Ve sus ojos que resplandecen como ascuas y
semejantes a estrellas, ve su boca, que no basta
con ver; se extasía con sus dedos y manos, con sus
brazos y con sus antebrazos desnudos en más de la
mitad; y las partes ocultas las supone mejores aún.
Pero ella huye más veloz que la brisa ligera, y no se
detiene a estas palabras con que él la llama: "Ninfa,
por favor, Peneide, detente; no soy un enemigo
que te persigo; detente, ninfa. Así huye la cordera
del lobo, así la cierva del león, así las palomas, con
las alas revoloteando, del águila, cada una de sus
enemigos; el amor es el motivo que tengo para
seguirte. ¡Desgraciado de mí! No vayas a caerte de
bruces, no vayan las zarzas a señalar tus piernas
que no merecen ser heridas, y no vaya yo a ser
causante de tu dolor. Son fragosos los parajes por
donde te precipitas; no corras tanto, yo te lo pido,
y modera tu huida; también yo te seguiré más
despacio.
Apolo y Dafne en la literatura clásica:
Las Metamorfosis de Ovidio 4
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Pero entérate de a quién gustas; no es un habitante del monte, no soy un pastor, no un ser
repelente que guarde aquí vacas o rebaños de ovejas. No sabes, temeraria, no sabes de quién
huyes, y por eso huyes. A mí me obedecen como esclavas la tierra de Delfos y Claros y Ténedos
y la residencia real de Pátara ; Júpiter es mi padre; por mediación mía se revela tanto lo que
será como lo que ha sido y lo que es; gracias a mí suena el canto en armonía con las cuerdas.
Infalible es mi flecha, desde luego, pero hay una que lo es aún más que la mía, y que ha causado
una herida en mi corazón antes intacto. Invento mío es la medicina, en todo el mundo se me
llama auxiliador, y el poder de las hierbas me está sometido, ¡Ay de mí, porque ninguna hierba es
capaz de curar el amor, y no sirven de nada a su señor las artes que sirven a todos los demás!"
Aún iba a seguir hablando cuando la Penea huyó a la carrera, despavorida, y al abandonarlo
dejándolo con la palabra en la boca, aun entonces le pareció agraciada; el viento le descubría las
formas, las brisas que se le enfrentaban agitaban sus ropas al choque, y un aura suave le
empujaba hacia atrás los cabellos; con la huida aumentaba su belleza. Pero el joven dios no
puede soportar por más tiempo dirigirle en vano palabras acariciantes, y, obedeciendo a los
consejos de su mismo amor, sigue sus huellas en carrera desenfrenada. Cuando un perro de las
Galias ha visto a una liebre en campo abierto, mientras él busca el botín con la ligereza de sus
patas, la liebre busca la vida; el uno parece que va a hacer presa, espera conseguirlo de un
momento a otro y con el hocico tendido va rozando las huellas; la otra está en la incertidumbre
sobre si estará ya apresada, se arranca de las fauces mismas de su perseguidor y deja atrás el
hocico que ya la tocaba; así corren veloces el dios y la muchacha, él por la esperanza, ella por el
temor.
Apolo y Dafne en la literatura clásica:
Las Metamorfosis de Ovidio 5
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Sin embargo el perseguidor, ayudado por las alas del amor, es
más rápido, se niega el descanso, acosa la espalda de la
fugitiva y echa su aliento sobre los cabellos de ella que le
ondean sobre el cuello. Agotadas sus fuerzas, palideció;
vencida por la fatiga de tan acelerada huida, mira a las aguas
del Penco y dice : "Socórreme, padre; si los ríos tenéis un
poder divino, destruye, cambiándola, esta figura por la que he
gustado en demasía"'. Apenas acabó su plegaria cuando un
pesado entorpecimiento se apodera de sus miembros; sus
suaves formas van siendo envueltas por una delgada corteza,
sus cabellos crecen transformándose en hojas, en ramas sus
brazos; sus pies un momento antes tan veloces quedan
inmovilizados en raíces fijas; una arbórea copa posee el lugar
de su cabeza ; su esplendente belleza es lo único que de ella
queda. Aun así sigue Febo amándola, y apoyando su mano en
el tronco percibe cómo tiembla aún su pecho por debajo de la
corteza reciente; y estrechando en sus brazos las ramas, como
si aun fueran miembros, besa la madera; pero la madera huye
de sus besos. Y el dios le habla así: "Está bien. puesto que ya
no puedes ser mi esposa, al menos serás mi árbol'; siempre te
tendrán mí cabellera, mi citara, mi aljaba; tú acompañarás a los
caudillos alegres cuando alegre voz entone el Triunfo y visiten
el Capitolio los largos desfiles. También tú te erguirás ante la
puerta de la mansión de Augusto, como guardián fidelísimo,
protegiendo la corona de encina situada entre ambos quicios ;
y del mismo modo que mi cabeza permanece siempre juvenil
con su cabellera intacta, lleva tú también perpetuamente el
ornamento de las hojas." Terminó de hablar Peán; el laurel
asintió con sus ramas recién hechas, y parecía que, como
cabeza, agitaba su copa.
INFLUENCIA DE LOS MITOS
CLÁSICOS EN LA LITERATURA
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La Mitología clásica se considera una
fuente de inspiración para muchos
escritores, ésta ha llegado a nosotros
a través de textos que figuran entre
las obras capitales de la literatura
universal.
A partir del Renacimiento, la mitología
grecorromana desempeña una función
primordial en la cultura Occidental.
El mundo fascinante de la mitología
clásica impresiona al hombre
renacentista por su desbordante
vitalismo, su sensualidad y su belleza.
Cumple, pues, una función estética,
ornamental; pero cuando el poeta
acude a “Las Metamorfosis” de Ovidio
para inspirarse, escoge un episodio
que simbolice su propio conflicto
sentimental.
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Ovidio
El poeta romano Ovidio, nacido en el
año 43 a.C., escribió Metamorfosis,
una serie de historias que constituyen
uno de los poemas más importantes
de todos los tiempos. Esta obra, que
repasa la historia del mundo, desde la
creación hasta la época de Julio César,
con gran ingenio y agudeza, ha
influido en numerosas generaciones de
escritores.
Apolo y Dafne en la historia de la
literatura 1
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Los textos propuestos presentan el
tema del amor frustrado, y lo hacen a
través de un mito clásico.
El mito de “Apolo y Dafne” tuvo
una larga trayectoria durante le siglo
de oro, en Garcilaso aparece más de
una vez, Quevedo también lo utiliza
para desmitificar el mito.
Garcilaso en el soneto XIII ha elegido
el momento esencial de la
transformación, es decir, aquel que
describe una Dafne cambiante.
“A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que al oro escurecían;
de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo
estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar , crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!”
Apolo y Dafne en la historia de la
literatura 2
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En el soneto anterior Garcilaso recoge
el momento en que convertida Dafne
en laurel, Apolo llora junto al árbol,
pero sus lágrimas son tantas que éstas
sirven de riego.
Quevedo se inspira en este mito
clásico para desmitificarlo y destruir
sus connotaciones poéticas.
A Dafne , huyendo de Apolo
“Tras vos, un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol, ¿y vos tan cruda?
vos os volvéis murciélago sin duda,
pues vais del Sol y de la luz huyendo.
Él os quiere gozar, a lo que entiendo,
si os coge en esta selva tosca y ruda:
su aljaba suena, está su bolsa muda;
el perro, pues no ladra, está muriendo.
Buhonero de signos y planetas,
viene haciendo ademanes y figuras,
cargado de bochornos y cometas”
Esto la dije; y en cortezas duras
de laurel se ingirió contra sus tretas,
y, en escabeche, el Sol se quedó a
escuras.
Garcilaso y Quevedo
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La pareja Apolo-Dafne, utilizada en
Garcilaso como motivo de pareja ideal
truncada por la fatalidad, se encuentra
en este poema de Quevedo en el
ámbito de jeques y buscones, de
mercenarios amores, de engaños y
estafas “ él os quiere gozar” que
tantas veces fue argumento de sus
jácaras y de su poesía satírica.
Hasta el posible “locus amoenus” del
ámbito pastoril renacentista se altera
por esa “selva tosca y ruda”, en
coherente enlace con una pretendida
relación amorosa de no menos
tosquedad.
A diferencia de Garcilaso que
recreaba las fases de la transformación
miembro a miembro, Quevedo reduce
todo a una simple técnica agrícola: la
ninfa hace un injerto consigo
misma,en un laurel.
Eco y Narciso
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El joven Narciso
Mural de la antigua ciudad de Pompeya
en el que está pintado Narciso, joven que
despreciaba el amor.
Narciso, hermoso joven, era hijo del dios del río
Cefiso y de la ninfa Liríope. A causa de su gran
belleza, tanto doncellas como muchachos se
enamoraban de Narciso, pero él rechazaba sus
insinuaciones. Entre las jóvenes heridas por su
amor estaba la ninfa Eco, quien había disgustado a
Hera y ésta la había condenado a repetir las últimas
palabras de lo que se le dijera. Eco fue, por tanto,
incapaz de hablarle a Narciso de su amor, pero un
día, cuando Narciso estaba caminando por el
bosque, acabó apartándose de sus compañeros.
Cuando él preguntaba “¿Hay alguien aquí?”, Eco
contenta respondía: “Aquí, aquí”. Incapaz de verla
oculta entre los árboles, Narciso le gritó: “¡Ven!”.
Después de responder: “Ven, ven”, Eco salió de
entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso
cruelmente se negó a aceptar el amor de Eco; ella
estaba tan apenada que se ocultó en una cueva y
allí se consumió hasta que nada quedó de ella salvo
su voz. Para castigar a Narciso, Némesis, la diosa
de la venganza, hizo que se apasionara de su
propia imagen reflejada en una fuente. En una
contemplación absorta, incapaz de apartarse de su
imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el sitio
donde su cuerpo había caído, creció una hermosa
flor, que hizo honor al nombre y la memoria de
Narciso.
Eco y Narciso en la historia del arte:
algunos ejemplos
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WATERHOUSE, John William (18491917)
Pintor inglés. En los primeros años
pinta motivos griegos y romanos, pero
en la década de 1880 los sustituye por
temas literarios, que pinta con estilo
romántico y soñador. Por los temas
tiene influencias prerrafaelistas pero
su ejecución es bastante distinta de la
de aquellos.
Eco y Narciso, 1905. Fragmento John
William Waterhouse. Pintor inglés que
por los temas que trata entra dentro
de la corriente del prerrafaelismo. Aquí
representa a Narciso inclinado sobre el
estanque contemplando su propio
reflejo en las aguas. A sus pies ya
nacen los narcisos blancos. El carcaj
yace a su lado porque el joven venía de
cazar. La cabeza está coronada con
guirnalda de hojas, como la
iconografía del renacimiento. La túnica
roja imprime una nota de color en el
paisaje típicamente inglés.
Poussin: Eco y Narciso
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POUSSIN, Nicolás (15931665)
Eco y Narciso. París. Museo
del Louvre. H. 1627
Pintor del barroco francés. Su
obra refleja el clasicismo.
Narciso yace al borde del
estanque muerto de su propia
contemplación y encima de su
cabeza surge la flor que toma
su nombre. Detrás está
representada la ninfa Eco,
enamorada del joven pero no
correspondida, que se ha
retirado de toda actividad
hasta consumirse del todo
excepto una débil voz. A un
lado Cupido con una antorcha
en la mano.
Nicolás Poussin
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Pintor francés que trabajó sobre todo en Roma.
Considerado el mejor pintor francés del s. XVII y el
principal promotor de la tradición clásica en la pintura
francesa. Sus primeros años en Paris son oscuros. En
1623 parte para Roma donde fue su mecenas el
cardenal Francesco Barberini. Estudió escultura
romana. Nunca se sintió a gusto con el estilo barroco
y su pintura adquiría una tendencia clásica y austera.
En 1630 cae gravemente enfermo, lo que coincide con
un cambio en la dirección de su obra. Se entregó a su
apasionada afición por las antigüedades. Pintó temas
de mitología clásica tratándolos de manera poética y
pastoril con influencia de Tiziano. Al final de la década
volvió a temas religiosos e históricos, con menor
influencia de Tiziano y más de Rafael y G. Romano. Su
fama era grande. En 1640 volvió de mala gana a Paris
para decorar la Gran Galería del Louvre. Por envidias
e intrigas de sus colegas volvió a Roma a los dos años
donde permaneció el resto de su vida. A partir de
1645 muestra en su pintura un nuevo interés por el
paisaje, consiguiendo una impresión de sencillez y
calma grandiosas.
En 1650 se había convertido en una especie de
ermitaño pero su fama y posición en el mundo del
arte era única. Entre 1653 y 1665 en que murió su
estilo profundiza en la expresión psicológica de los
personajes y sus composiciones adquirieron un
carácter alegórico atemporal, poético, imaginativo y
casi místico, lejos del frío racionalismo de su primera
época.
Eco y Narciso en la literatura clásica:
Las Metamorfosis de Ovidio 1
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Narciso era un hermoso joven que despreciaba el amor. Su leyenda
es referida de diferentes maneras según los autores. La versión más
conocida es la de Ovidio en las Metamorfosis. Su relación con Eco,
en palabras de Ovidio, fue así:
Así él, famosísimo en las ciudades de Aonia , daba respuestas
siempre certeras al pueblo que venía a consultarle. La primera que
hizo la prueba de la credibilidad y garantía de sus oráculos fue la
azul Liriope, a quien un día el Cefiso aprisionó en su sinuosa
corriente y, cautiva en sus aguas, la violó. De su vientre grávido dio
a luz la bellísima ninfa un niño que ya en aquel momento hubiera
podido despertar la pasión amorosa, y le llamó Narciso. Consultado
sobre si este niño llegaría a ver la longeva edad de una vejez
avanzada, respondió el vate portavoz del destino: "Si no llega a
conocerse a sí mismo". Durante mucho tiempo pareció vana esta
fórmula del adivino: pero la hizo valer el resultado, la realidad, el
género de muerte y lo inaudito de la locura.
Eco y Narciso en la literatura clásica:
Las Metamorfosis de Ovidio 2
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En efecto, había ya añadido el hijo del Cefiso un año a los quince y podía ya
pasar tanto por un niño como por un joven. Fueron muchos los jóvenes y
muchas las muchachas que lo desearon; pero -tan dura soberbia había en
aquella tierna belleza-- no hubo jóvenes, no hubo muchachas que tocaran
su corazón. Perseguía él un día hacia las redes a los espantados ciervos,
cuando lo vio la ninfa de la voz, la que no ha aprendido ni a callar cuando
se le habla ni a hablar ella la primera, Eco, la resonadora. Un cuerpo era
todavía Eco, y no sólo una voz; pero, charlatana ya entonces, no tenía para
el uso de su boca otras facultades que las que ahora tiene, las de poder
repetir, de entre muchas palabras, sólo las últimas. Era esto obra de Juno,
porque, siempre que ésta podía sorprender, y era con frecuencia, a ninfas
acostadas en el monte con su Júpiter, aquella, astuta, la retenía con sus
largas conversaciones hasta que las ninfas hubiesen podido huir. Cuando la
Saturnia se dio cuenta de esto, le dijo: "De esa lengua con la que me has
engañado se te dará un servicio restringido, y el más breve uso de tu voz„.
Y con el efecto confirma las amenazas; ella, sin embargo, duplica las voces
en los finales de frase y devuelve las palabras que ha oído.
Eco y Narciso en la literatura clásica:
Las Metamorfosis de Ovidio 3
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Pues bien, cuando vio a Narciso, que erraba por campos solitarios, y se
enamoró, le seguía los pasos a escondidas; y cuanto más le sigue, más
cerca siente la llama que la hace arder, no de otro modo que cuando el
inflamable azufre, que se ha aplicado al extremo de las antorchas, se
enciende al aproximarle la llama, ¡Oh, cuántas veces quiso acercársele con
palabras seductoras y dirigirle cariñosas súplicas! Su naturaleza se lo impide
y no le permite empezar; pero para lo que sí le permite está ella preparada,
para esperar sonidos a los que responder con sus palabras. Casualmente el
muchacho, que se había alejado dei fiel grupo de sus acompañantes, había
dicho: "¿Hay alguno por aquí?" y "por aquí" había respondido Eco. Se
queda él atónito, y al dirigir su mirada en todas direcciones, grita con
poderosa voz: "Ven"; llama ella a quien le llama. Se vuelve él y como nadie
venía dijo: ”¿Por qué huyes de mí?", y escuchó en respuesta tantas
palabras como había pronunciado. Insiste, y engañado por la sensación de
la voz que contestaba, exclama: "Aquí, reunámonos", y Eco, que jamás
respondería con más gusto a ningún otro sonido, "reunámonos" repitió; y
secundando sus propias palabras salió de la selva y se encaminaba a echar
sus brazos al cuello ansiado. Huye él, y al huir le impide enlazarlo con sus
manos; "antes moriré", dice,” que puedas tú gozar de mí". Ella no repitió
más que "puedas tú gozar de mí".
Eco y Narciso en la literatura clásica:
Las Metamorfosis de Ovidio 4
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Desdeñada, se esconde en la espesura, llena de vergüenza se cubre
el rostro de ramaje, y desde aquel momento vive en cuevas
solitarias. Pero aun así el amor pervive en ella, y crece con el dolor
de verse rechazada; sus insomnes inquietudes adelgazan su cuerpo
desdichado, la demacración le arruga la piel y todo el jugo de su
cuerpo se disipa en el aíre. Sólo su voz y sus huesos subsisten; su
voz perdura; los huesos dicen que revistieron la forma de una
piedra. Y desde entonces está oculta en las selvas, y no se la ve en
ningún monte; todo el mundo la oye; un sonido es lo que vive en
ella.” Después, según sigue relatando Ovidio, las doncellas
despreciadas por Narciso piden venganza al cielo. Némesis las
escucha y hace que, en un día muy caluroso, después de una
cacería, Narciso se incline sobre un estanque para beber. Ve allí la
imagen de su rostro, tan bello, que se enamora de él en el acto, e
insensible ya al resto del mundo, se deja morir, inclinado sobre su
imagen. En el lugar de su muerte brotó una flor, a la que se dio su
nombre: el narciso.
Eco y Narciso en la historia de la
literatura 1
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La historia de Eco y
Narciso fue ampliamente
tratada en la poesía de
los siglos de Oro: “Fábula
de Narciso” de Hernando
de Acuña, “Narciso” de
Bermúdez y Alfaro, “Eco y
Narciso” de Farín y
Sousa, “Fábula de Eco”
de Tamayo de Salazar y a
Narciso y Eco” de Miguel
Barrios.
Eco y Narciso en la historia de la
literatura 2
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
El texto elegido es “Narciso” de Juan de Arguijo, éste nos
muestra a Narciso despechado por no ser correspondido,
engañado de sí mismo.
Extasiado ante la imagen bella de un hombre que las
aguas reflejan, muestra el deseo ardiente de poseerlo.
Acaba el poema haciendo referencia a la metamorfosis de
éste en flor y al igual que en el soneto XIII de Garcilaso,
éste se cierra con una paradoja :el agua que fue el
principio de su muerte prematura, hace que crezca esta flor
y le dé vida.
A Narciso (Juan de Arguijo (1567-1623)
Crece el insano ardor, crece el engaño
del que en las aguas vio su imagen
bella;
y él, sola causa en su mortal querella,
busca el remedio y acrecienta el daño.
Vuelve a verse en la fuente, ¡caso
extraño!;
del agua sale el fuego; mas en ella
templarlo piensa, y la enemiga estrella
sus ojos cierra al fácil desengaño.
Fallecieron las fuerzas y el sentido
al ciego amante amado, que a su
suerte
la costosa beldad cayó rendida.
Y ahora, en flor purpúrea convertido,
l'agua, que fue principio de su muerte,
hace que crezca, y prueba a darle
vida.
Orfeo y Eurídice
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Orfeo, en la mitología griega, poeta y músico, hijo
de la musa Calíope y de Apolo, dios de la música, o
de Eagro, rey de Tracia. Recibió la lira de Apolo y
llegó a ser un músico tan excelente que no tuvo
rival entre los mortales. Cuando Orfeo tocaba y
cantaba, conmovía a todas las cosas, tanto
animadas como inanimadas. Su música encantaba a
los árboles y las rocas, amansaba las fieras y hasta
los ríos cambiaban su curso para seguirlo.

Orfeo es más conocido por su desafortunado
matrimonio con la adorable ninfa Eurídice. Poco
después de la boda, la novia sufrió la picadura de
una víbora y murió. Abrumado por el dolor, Orfeo
decidió ir al mundo subterráneo para buscarla y
llevarla otra vez al mundo de los vivos, algo que
nadie había hecho hasta entonces. Hades, el
soberano del reino subterráneo, quedó tan
conmovido por su música que le devolvió a
Eurídice, con la condición de que él no volviera la
cabeza hacia atrás mientras regresaban al mundo
de los vivos. Orfeo no pudo dominar su ansiedad, y
cuando alcanzó la luz del día giró la cabeza, por lo
que Eurídice se desvaneció. Desesperado, Orfeo
renunció a la compañía humana y vagó por el
desierto, tocando su música para las rocas, los
árboles y los ríos. Finalmente, un violento grupo de
mujeres tracias, seguidoras del dios Dioniso, se
encontraron con el delicado músico y lo mataron.
Cuando ellas arrojaron su cabeza cortada al río
Hebro, ésta continuó llamando a Eurídice y llegó
finalmente a la costa de Lesbos, donde las musas lo
sepultaron. Después de su muerte, la lira de Orfeo
se transformó en la constelación Lira.
Orfeo y Eurídice en la historia del
arte: algunos ejemplos 1
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Pedro Pablo Rubens
Museo del Prado.
Orfeo, en la mitología griega, poeta y músico, hijo de la musa
Calíope y de Apolo, dios de la música, o de Eagro, rey de
Tracia. Recibió la lira de Apolo y llegó a ser un músico tan
excelente que no tuvo rival entre los mortales. Cuando Orfeo
tocaba y cantaba, conmovía a todas las cosas, tanto animadas
como inanimadas. Su música encantaba a los árboles y las
rocas, amansaba las fieras y hasta los ríos cambiaban su
curso para seguirlo.
Orfeo es más conocido por su desafortunado
matrimonio con la adorable ninfa Eurídice. Poco después de la
boda, la novia sufrió la picadura de una víbora y murió.
Abrumado por el dolor, Orfeo decidió ir al mundo subterráneo
para buscarla y llevarla otra vez al mundo de los vivos, algo
que nadie había hecho hasta entonces. Hades, el soberano
del reino subterráneo, quedó tan conmovido por su música
que le devolvió a Eurídice, con la condición de que él no
volviera la cabeza hacia atrás mientras regresaban al mundo
de los vivos. Esto es lo que se nos presenta en el cuadro de
Rubens “Orfeo y Eurídice”. Orfeo no pudo dominar su
ansiedad, y cuando alcanzó la luz del día giró la cabeza, por lo
que Eurídice se desvaneció. Desesperado, Orfeo renunció a la
compañía humana y vagó por el desierto, tocando su música
para las rocas, los árboles y los ríos. Finalmente, un violento
grupo de mujeres tracias, seguidoras del dios Dioniso, se
encontraron con el delicado músico y lo mataron. Cuando
ellas arrojaron su cabeza cortada al río Hebro, ésta continuó
llamando a Eurídice y llegó finalmente a la costa de Lesbos,
donde las musas lo sepultaron.
Orfeo y Eurídice en la historia del
arte: algunos ejemplos 2
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Nicolás Poussin
Museo del Louvre
En los primeros lienzos de Poussin, las "poesie", el
paisaje aparecía como un reflejo de las emociones
de los dioses y diosas que los habitaban. A finales
de los años cuarenta, sin embargo, su
representación de la naturaleza se vuelve más
reflexiva. En la serie de obras realizadas a partir de
1648, el paisaje es una parte tan importante de la
composición como las figuras; no son pinturas con
paisaje de fondo sino figuras dispuestas en un
paisaje, al modo de Tiziano. La obra que nos ocupa
es un buen ejemplo de ello. Realizada para su
mecenas Pointel, evoca a partir de Ovidio el tema
de Orfeo, el hijo de la Musa Calíope, que
representa el canto y la música. Estaba casado con
Eurídice, hija de Apolo, que murió a consecuencia
de la mordedura de una serpiente en el talón.
Orfeo bajó a los Infiernos con su lira, y con su
canto conmovió a los dioses, aunque no logró
recuperar a su esposa. Poussin puso, con todo, su
énfasis en el orden y armonía de la Naturaleza
representada, más que en la narración, o en los
efectos atmosféricos, como hacía Claudio de
Lorena. Así, el paisaje, aunque tomado del natural podemos reconocer, por ejemplo, el Castillo de
Sant'Angelo o el puente Milvio de Roma - aparece
como una construcción arquitectónica, con planos
muy definidos y en un espacio delimitado.
Orfeo y Eurídice en la historia del
arte: algunos ejemplos 3
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Tiziano, 1508, Academia Carrara de
Bérgamo.
Esta triste historia de amor tomada de la
"Metamorfosis" de Ovidio es la que
interpreta Tiziano en este "cassone", un
panel de madera empleado como frente
decorativo de un arcón. Debido al tema
podría tratarse de un regalo nupcial. El
maestro sigue el esquema aprendido de
Giorgione al insertar las figuras en la
naturaleza, pero también manifiesta
dependencias del arte del norte de Europa
al presentar la naturaleza de manera real.
La tabla muestra dos escenas: en primer
plano el momento en que Eurídice es
mordida por la serpiente -con la ciudad de
Venecia al fondo- y en segundo plano el
gesto del desdichado Orfeo al perder a su
esposa por segunda vez, empleando como
fondo una ciudad en llamas en alusión al
reino del Hades del que Orfeo intentó en
dos ocasiones sacar a la bella Eurídice con
tan tristes resultados.
Orfeo y Eurídice en la literatura
clásica: Las Metamorfosis de Ovidio 1
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De allí se aleja el Himeneo, cubierto por azafranado
manto, atravesando el cielo inmenso, y se dirige a la
región de los Cícones , y en vano lo llama la voz de
Orfeo . Presente estuvo, sí, pero ni llevó allí palabras
rituales ni rostro gozoso ni favorable presagio. Incluso la
antorcha que sostenía no dejó de chisporrotear
produciendo un humo que hacía brotar las lágrimas, y
no logró, por más que se la movió, dar llama alguna. El
resultado fue aún más grave que el augurio: pues la
recién casada, Eurídice, durante un paseo en el que iba
acompañada por un tropel de Náyades, sucumbió de la
mordedura de una serpiente en un tobillo .
Orfeo y Eurídice en la literatura
clásica: Las Metamorfosis de Ovidio 2
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La lloró mucho el artista rodopeo en los aires de arriba , tras de lo
cual, para no dejar de probar también con las sombras, se atrevió a
descender a la Estige por la puerta del Ténaro , y, atravesando
multitudes ingrávidas y espectros que habían recibido sepultura, se
presentó ante Perséfone y ante el soberano que gobierna el
repulsivo reino de las sombras, y pulsando las cuerdas en
acompañamiento a su canto dijo así: "Oh divinidades del mundo
situado bajo tierra, al que venimos a caer cuantos somos
engendrados mortales, si es lícito y vosotros permitís que yo diga la
verdad omitiendo los rodeos propios de una boca mentirosa, no he
descendido aquí para ver el oscuro Tártaro , ni para encadenar las
tres gargantas, provistas de culebras en vez de vello, del monstruo
Meduseo ; el motivo de mí viaje es mi esposa, en la que una
víbora, al ser pisada, introdujo su veneno, y le arrebató sus años en
crecimiento.
Orfeo y Eurídice en la literatura
clásica: Las Metamorfosis de Ovidio 3
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Yo quise ser capaz de soportarlo, y no
negaré que lo he intentado ; el Amor ha
vencido. Es un dios bien conocido en las
regiones de arriba; yo no sé si también lo es
aquí, pero sospecho que sí lo es también, y
s i la fama del antiguo rapto no ha mentido,
también a vosotros os unió el Amor. Por
estos lugares llenos de espanto, por este
inmenso Caos '' y por el silencio del vasto
territorio yo os lo pido: volved a tejer el
prematuro destino de Eurídice. Todos los
seres os somos debidos, y tras breve
demora, más tarde o más temprano,
marchamos velozmente al mismo sitio. Aquí
nos encaminamos todos, ésta es la última
morada, y vosotros poseéis los más
dilatados territorios habitados por la raza
humana.

También Eurídice será de vuestra propiedad
cuando en sazón haya cumplido los años
que le corresponden; os pido su disfrute
como un obsequio; y si los hados niegan
esta concesión para mi esposa, yo tengo
tomada mi firme resolución de no volver:
gozad con la muerte de los dos". Mientras él
hablaba así y hacía vibrar las cuerdas
acompañando a sus palabras, lo lloraban las
almas sin sangre; Tántalo no trató de
alcanzar el agua que se le escapaba , quedó
paralizada la rueda de Ixíon, las aves no
hicieron presa en el hígado, y tú, Sísifo, te
sentaste en tu peña. Entonces se dice que
por primera vez las mejillas de las
Euménides, subyugadas por el canto, se
humedecieron de lágrimas, y ni la regia
consorte ni el que gobierna los abismos
fueron capaces de decir que no al
suplicante, y llaman a Eurídice. Se
encontraba ella entre las sombras recién
llegadas, y avanzó con paso lento por la
herida.
Orfeo y Eurídice en la literatura
clásica: Las Metamorfosis de Ovidio 4

El rodopío Orfeo la recibió, al mismo
tiempo que la condición de no volver atrás
los ojos hasta que hubiera salido de los
valles de Averno ; en otro caso quedaría
anulada la gracia. Emprenden la marcha a
través de parajes de silenciosa quietud y
siguiendo una senda empinada, abrupta,
oscura, preñada de negras tinieblas, y
llegaron cerca del límite de la tierra de
arriba. Allí, por temor a que ella
desfalleciese, y ansioso de verla, volvió el
enamorado los ojos, y en el acto ella cayó
de nuevo al abismo. Y extendiendo ella los
brazos y esforzándose por ser abrazada y
por abrazar, no agarra la desventurada otra
cosa que el aire que se le escapa, y al morir
ya por segunda vez no profirió queja alguna
de su esposo (pues de qué se iba a quejar
sino de que la había amado?), y diciéndole
un último adiós, que apenas pudieron
percibir los oídos de Orfeo, descendió de
nuevo al lugar de donde partiera.

Con la doble muerte de su esposa quedó
Orfeo no menos aturdido que el que vio
asustado los tres cuellos del perro , de los
cuales el central llevaba las cadenas; a
aquel hombre no le abandonó el pánico
antes que su anterior naturaleza, pues la
piedra le invadió el cuerpo o que Oleno ,
que se echó la culpa y quiso pasar por
convicto, o que tú, desdichada Letea,
ensoberbecida de tu belleza, corazones
ambos unidísimos en otro tiempo, hoy
peñas que descansan sobre el húmedo Ida.
Suplicó Orfeo, y en vano quiso volver a
pasar; el barquero lo rechazó, y aun así
durante siete días permaneció él sentado en
la orilla , desaliñado y ayuno del don de
Ceres ; la angustia y la pena de su alma y
las lágrimas fueron su alimento. Después de
lamentarse llamando crueles a los dioses del
Érebo , se retiró al elevado Ródope y al
Hemo batido por los aquilones.

Nota: Todos los textos de Ovidio están extraídos de la edición
bilingüe de Gredos, traducción de Antonio Ruiz de Elvira.
Orfeo y Eurídice en la historia de la
literatura 1
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
El mito de Orfeo y Eurídice
fue ampliamente tratado en el
Siglo de Oro.
Garcilaso se sirve de él para
expresar el amor frustrado, lo
evoca en su égloga III. En ésta
el poder del encanto de Orfeo
se identifica con el de la
palabra poética tras la muerte
del poeta. Si Orfeo después de
muerto podía seguir invocando
el nombre de su amada
Eurídice, y conseguir la
inmortalidad y la gloria para
los dos; así, el poeta, a través
de su poesía puede alcanzar la
gloria para él para su amada.
Orfeo y Eurídice en la historia de la
literatura 2
Estaba figurada la hermosa
Eurídice, en el blanco pie mordida
de la pequeña sierpe ponzoñosa,
entre la hierba y flores escondida;
descolorida estaba como rosa
que ha sido fuera de sazón cogida,
y el ánima, los ojos ya volviendo,
de su hermosa carne despidiendo.
Figurado se veía estrechamente
el osado marido que bajaba
al triste reino de la escura gente,
y la mujer perdida recobraba;
y cómo después desto él , impaciente,
por miralla de nuevo, la tornaba
a perder otra vez, y del tirano
se queja al monte solitario en vano.
El mito de Orfeo en la historia de la
Música
-Monteverdi, La fábula de Orfeo (drama musical),
1607.
-Rameau, Orfeo (cantata), 1721.
-Gluck, Orfeo y Eurídice (ópera), 1762.
-Haydn, Orfeo y Eurídice (ópera), 1791.
-Offenbach, Orfeo en los infiernos (ópera
fantástica), 1858.
-Darius Milhaud, Las desgracias de Orfeo (ópera
de cámara), 1926.
-Pierre Schaeffer-Pierre Henry, Orfeo 53 (ópera
concreta), 1953.
Créditos
Historia del Arte, Yolanda González Ruiz
 Literatura Clásica, Magdalena Zambrano
 Historia de la Literatura, Alicia Sanjuán

IES “Saturnino Montojo”, Ferrol, 2004 ©
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