TIPOS DE TEXTOS
Científico-tecnológicos
 Humanísticos
 Periodísticos
 Publicitarios y propagandístico
 Administrativos
 Jurídicos

Son los que se
relacionan con
el ser humano:
filosofía,
historia,
literatura…
Con frecuencia
comparten
rasgos con los
científicos
Recursos
propios del
lenguaje
literario
Expresión
subjetiva
El género más
frecuente será
el ENSAYO, con
rigor
argumentativo
aunque sin
datos
verificables
TIPOS DE TEXTOS HUMANÍSTICOS
ENSAYOS
•Temas : 1) humanísticos de ámbito académico: lengua, literatura, historia, sociología, filosofía… 2) de interés
general y social: juventud, familia, sociedad…
•Esbozo sin exhaustividad, trata el tema sin agotarlo
•Opiniones personales: subjetivo (1ª persona, valoraciones personales)
•Voluntad de estilo (recursos literarios, lenguaje cercano al literario o literario)
•Estructura libre: expositiva, argumentativa, descriptiva o argumentativa
•Lenguaje propio de las ciencias en los presentes atemporales, en el uso de lenguajes específicos y en cierta
objetividad
BIOGRAFÍAS Y AUTOBIOGRAFÍAS
•Estructura de texto narrativo: personajes, hechos narrados con tiempos en pasado
•También puede ser descriptivo: de persona (retrato) de época (cronografía)
•Subjetividad: visión personal de la vida de otro o de la propia
•1ª persona si es autobiografía y 3ª si es biografía (valoraciones personales)
LITERATURA DE VIAJES
•Estructuras narrativas, expositivas y descriptivas (topografía y paisaje)
•Visión personal y subjetiva (1ª personas, valoraciones personales)
DISCURSOS Y CONFERENCIAS
•Todo tipo de estructuras
•Fórmulas del lenguaje oral: alusiones al lector, coloquialismos, uso del humor, interrogaciones retóricas…
•Subjetividad: 1ª personas, mirada subjetiva a cualquier tipo de tema
RASGOS LINGÜÍSTICOS
Morfosintaxis:
• Adjetivos valorativos
• Predominio del modo indicativo
• Plural de modestia (1ªp. Plural), 1ª personas, también del texto científico,
objetividad
• Presente gnómico (propio de las ciencias) e histórico
• Períodos sintácticos amplios
Léxico-semánticos
• Términos abstractos
• Conectores de tipo lógico (causa, consecuencia, adición…) y cronológico
(después, a continuación, más tarde…)
• Tecnicismos de las ciencias humanísiticas: ontológico, empirismo, snécdoque
• Importante presencia de la polisemia
(La Fenomenología se erige, por tanto, en
el pórtico de unas nuevas fundaciones
que, si por un lado son supuestamente
antihistoricistas, por otro, no ocultan sus
deudas hacia la filosofía especulativa ni
ahuyentan el fantasma del duplicado
empírico-trascendental.) Posiblemente,
una de las consecuencias más decisivas
de este retorno a lo concreto fue que la
estética fenomenológica acabó escorando
hacia los lenguajes artísticos, recluyendo
incluso de un modo abusivo el ámbito de
lo estético en las obras de arte. Una vez
más, se activaba un sorprendente
maridaje entre las orientaciones
kantianas y hegelianas
EJEMPLO
•Términos abstractos
y tecnicismos
propios de la ciencia
•Presente gnómico
•Períodos sintácticos
amplios
•Uso de conectores
de tipo lógico: causa,
consecuencia…
•Predominio del
indicativo
En una calle estrecha de Valparaíso viví algunas semanas frente a la casa de don
Zoilo Escobar. Nuestros balcones casi se tocaban. Mi vecino salía temprano al
balcón y practicaba una gimnasia de anacoreta que revelaba el arpa de sus costillas.
Siempre vestido con un pobre overol*, o con unos raídos chaquetones, medio
marino, medio arcángel, se había retirado hace tiempo de sus navegaciones, de la
aduana, de las marinerías. Todos los días cepillaba su traje de gala con perfección
meticulosa. Era una ilustre ropa de paño negro que nunca, por largos años, le vi
puesta; un vestido que siempre guardó en el armario vetusto entre sus tesoros.
Pero su tesoro más agudo y más desgarrador era un violín Stradivarius que conservó
celosamente toda su vida, sin tocarlo ni permitir que nadie lo tocara. Don Zoilo
pensaba venderlo en Nueva York. Allí le darían una fortuna por el preclaro
instrumento. A veces lo sacaba del pobre armario y nos permitía contemplarlo con
religiosa emoción. Alguna vez viajaría al norte don Zoilo Escobar y regresaría sin
violín, pero cargado de fastuosos anillos y coHNn los dientes de oro que sustituirían
en su boca a los huecos que fue dejando el prolongado correr de los años.
Una mañana no salió al balcón de gimnasia. Lo enterramos allá arriba, en el
cementerio del cerro, con el traje de paño negro que por primera vez cubrió su
pequeña osamenta de ermitaño. Las cuerdas del Stradivarius no pudieron llorar su
partida. Nadie sabía tocarlo. Y, además, no apareció el violín cuando se abrió el
armario. Tal vez voló hacia el mar, o hacia Nueva York, para consumar los sueños de
don Zoilo. (Pablo Neruda, Confieso que he vivido, 1974)
En una calle estrecha de Valparaíso viví algunas semanas frente a la casa de don Zoilo
Escobar. Nuestros balcones casi se tocaban. Mi vecino salía temprano al balcón y
practicaba una gimnasia de anacoreta que revelaba el arpa de sus costillas.
Siempre vestido con un pobre overol*, o con unos raídos chaquetones, medio
marino, medio arcángel, se había retirado hace tiempo de sus navegaciones, de la
aduana, de las marinerías. Todos los días cepillaba su traje de gala con perfección
meticulosa. Era una ilustre ropa de paño negro que nunca, por largos años, le vi
puesta; un vestido que siempre guardó en el armario vetusto entre sus tesoros.
Pero su tesoro más agudo y más desgarrador era un violín Stradivarius que conservó
celosamente toda su vida, sin tocarlo ni permitir que nadie lo tocara. Don Zoilo
pensaba venderlo en Nueva York. Allí le darían una fortuna por el preclaro
instrumento. A veces lo sacaba del pobre armario y nos permitía contemplarlo con
religiosa emoción. Alguna vez viajaría al norte don Zoilo Escobar y regresaría sin
violín, pero cargado de fastuosos anillos y con los dientes de oro que sustituirían en
su boca a los huecos que fue dejando el prolongado correr de los años.
Una mañana no salió al balcón de gimnasia. Lo enterramos allá arriba, en el
cementerio del cerro, con el traje de paño negro que por primera vez cubrió su
pequeña osamenta de ermitaño. Las cuerdas del Stradivarius no pudieron llorar su
partida. Nadie sabía tocarlo. Y, además, no apareció el violín cuando se abrió el
armario. Tal vez voló hacia el mar, o hacia Nueva York, para consumar los sueños de
don Zoilo. (Pablo Neruda, Confieso que he vivido, 1974)
Elementos del texto narrativo
•Verbos de acción y en pasado
•Narrador en primera persona, propio de la autobiografía, también subjetividad, es una vivencia
•Cronotropo: cronología lineal, espacio realista
•Personajes: narrador testigo, el protagonista es Don Zoilo, antiheroico, redondo
•Estructura interna de planteamiento, nudo y desenlace
•Conectores temporales: “a veces”, “una mañana”
Elementos del texto descriptivo
•Abundantes adjetivos explicativos: “verde”, “pobre”
•Metáforas: “el arpa de sus costillas”
•Elemento descrito: un personaje, don Zoilo, en su vida cotidiana, mediante adjetivos (cómo era),
mediante acciones (qué hacía) y mediante objetos (qué tenía). Por tanto, un retrato subjetivo, dinámico
y literario
Elementos del texto literario
•Selección de vocabulario culto: ilustre, vetusto, fastuoso...
•Uso de recursos estilísticos: hipérbole, metáfora, epíteto, sinestesia...(“osamenta de ermitaño”, “llorar
su partida”, “consumar los sueños”, “agudo”, “desgarrador”)
Elementos del texto humanístico
•Adjetivos valorativos, que implican subjetivdad (innecesario porque al ser autobiografía ya se ha
comentado)
Junto a Yebel Musa* hay un estrecho valle y sobre él un pueblo. Al fondo del
valle se ve una playa apetecible y parece que poco explotada. Nosotros
continuamos sin embargo hacia el occidente, la dirección primordial de
nuestro viaje. Pronto la carretera se acerca a la costa y podemos disfrutar de
la solitaria quietud de ese litoral, el más septentrional de Marruecos, donde el
Mediterráneo pierde su nombre y su reino a manos del Atlántico. Es una costa
poco habitada, y en la franja más próxima al océano está cubierta de una
tupida vegetación, gracias a la brisa del Estrecho. La tarde es buena, apacible
y soleada. Aun así, cuando nos detenemos para estirar las piernas junto a la
orilla, sentimos el golpe y el frescor del viento. Aunque el mar está en calma,
ya no es la superficie lisa y clara del Mediterráneo frente a Restinga, apenas
cincuenta kilómetros atrás. El Atlántico es oscuro y turbio, y su paz está
erizada de crestas que el viento peina con sus dedos innumerables. Al fondo,
hacia el este, se alza el Yebel Musa, esquina de todas las tormentas. Más allá
del mar se divisa la costa española, tan cerca que desconcierta un poco. Es
muy corto el salto y demasiado limpia la vista, desde esta cornisa de África.
(L. Silva, Del Rif al Yebala, 2001 )
A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un
señor cura que pasaba me salvó con un grito: Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El
señor cura, sin detenerse, me dijo: ¿Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese
día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos
de Cristo, y con tanto rigor, que tenían un dios especial para las palabras.
Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer
milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté
desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas:
nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío
como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o
sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de
publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los
altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o
susurradas al oído en las penumbras del amor.
No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en
tantas lenguas que ya no es fácil saber como se llaman en ninguna. Los idiomas
se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el
destino ineluctable de un lenguaje global.
(Gabriel García Márquez, discurso en el I Congreso de la Lengua Española,
1997)
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