LA PREGUNTA QUE
INTERROGA POR EL
SER
ASOMBRO
Comienzo no es lo mismo que origen. El comienzo es histórico y
acarrea para los que vienen después un conjunto creciente de
supuestos sentados por el trabajo mental ya efectuado. Origen es, en
cambio, la fuente de la que mana en todo tiempo el impulso que
mueve a filosofar. Únicamente gracias a él resulta esencial la filosofía
actual en cada momento y comprendida la filosofía anterior.
Este origen es múltiple. Del
asombro sale la pregunta y el
conocimiento, de la duda acerca
de lo conocido el examen crítico
y la clara certeza, de la
conmoción del hombre y de la
conciencia de estar perdido la
cuestión
de
sí
mismo.
Representémonos ante todo estos
tres motivos.
ASOMBRO
ASOMBRO
Platón decía que el asombro es el origen de la filosofía. Nuestros
ojos nos "hacen ser partícipes del espectáculo de las estrellas, del sol
y de la bóveda celeste". Este espectáculo nos ha "dado el impulso de
investigar el universo. De aquí brotó para nosotros la filosofía, el
mayor de los bienes deparados por los dioses a la raza de los
mortales". Y Aristóteles: "Pues la admiración es lo que impulsa a los
hombres a filosofar : empezando por admirarse de lo que les
sorprendía por extraño, avanzaron poco a poco y se preguntaron por
las vicisitudes de la luna y del sol, de los astros y por el origen del
universo."
El filosofar es como un
despertar de la vinculación a las
necesidades de la vida. Este
despertar tiene lugar mirando
desinteresadamente a las cosas,
al
cielo
y
al
mundo,
preguntando qué sea todo ello y
de dónde todo ello venga,
preguntas cuya respuesta no
ser viría para nada útil, sino que
resulta satisfactoria por sí sola.
ASOMBRO
Una vez que he satisfecho mi asombro y admiración con el conocimiento de lo
que existe, pronto se anuncia la duda. A buen seguro que se acumulan los
conocimientos, pero ante el examen crítico no hay nada cier to. Las
percepciones sensibles están condicionadas por nuestros órg anos sensoriales y
son eng añosas o en todo caso no concordantes con lo que existe fuera de mí
inde pendientemente de que sea percibido o en sí.
Nuestras for mas mentales son las de nuestro humano intelecto. Se enredan en
contradicciones insolubles. Por todas par tes se alzan unas afir maciones frente a
otras. Filosofando me apodero de la duda, intento hacerla radical, mas, o bien
g ozándome en la neg ación mediante ella, que ya no respeta nada, pero que por
su par te tampoco log ra dar un paso más, o bien preguntándome dónde estará la
cer teza que escape a toda duda y resista ante toda crítica honrada.
La famosa frase de Descar tes "pienso, luego existo" era para él
indubitablemente cier ta cuando dudaba de todo lo demás, pues ni siquiera el
perfecto eng año en materia de conocimiento, aquel que quizá ni percibo, puede
eng añar me acerca de mi existencia mientras me eng año al pensar.
LA
PREGUNTA
POR EL
SER
Martín Heidegger
LA PREGUNTA
“Hay que hacer la pregunta que interroga por el sentido del ser. Si es
una pregunta fundamental o incluso la pregunta fundamental, tal
pregunta ha menester de que se llegue a ‘ver a través’ de ella
adecuadamente. De aquí que deba dilucidarse brevemente lo que en
general es inherente a una pregunta, para poder hacer visible
partiendo de ello que la pregunta que interroga por el ser es una
señalada pregunta
LA PREGUNTA
“Todo preguntar es un buscar. Todo buscar tiene una dirección previa
que le viene de lo buscado. Preguntar es buscar, conocer ‘qué es’ y
‘cómo es’ un ente. El buscar este conocer puede volverse un
‘investigar’ o poner en libertad y deter minar aquello por lo que se
pregunta. El preguntar tiene, en cuanto ‘pregunta por…’, su aquello
de qué se pregunta. Todo ‘preguntar por…’, es de algún modo
‘preguntar a…’. Al preguntar es inherente, además del aquello de que
se pregunta, un aquello a que se pregunta. En la pregunta que
investiga, es decir, específicamente teorética, se trata de deter minar y
traducir en conceptos aquello de qué se pregunta.
LA PREGUNTA
En esto reside, como aquello a que propiamente se atiende, aquello
que se pregunta y en que el preguntar llega a la meta. El preguntar
mismo tiene, en cuanto a conducta de un ente, de aquel que pregunta,
un ‘peculiar carácter de ser’. El preguntar puede llevarse a cabo como
un ‘no más que preguntar’ o como un verdadero preguntar. Lo
peculiar de éste reside en que el preguntar ‘ve a través’ de sí desde el
primer momento en todas las direcciones de los mencionados
caracteres constitutivos de la pregunta misma.”
LA PREGUNTA
“Ya se apuntó. Nos movemos siempre ya en cierta comprensión del
ser. De ella brota la pregunta que interroga expresamente por el
sentido del ser, y la tendencia a for jar el concepto correspondiente.
No sabemos lo que quiere decir ‘ser’. Pero ya cuando preguntamos
‘¿qué es ser?’, nos mantenemos en cierta comprensión de ‘es’, sin que
podamos fijar en conceptos lo que el ‘es’ significa. Ni siquiera
tenemos noción del horizonte desde el cual debamos apresar y fijar el
sentido. Esta comprensión del ser, ‘del tér mino medio’ y vaga, es un
factum. (cursiva en original).”
LA PREGUNTA
“[…] El preguntar de esta pregunta, en cuanto modo de ser de un
ente, él mismo deter minado esencialmente por aquello por lo que se
pregunta en él –por el ser. Este ente que somos en cada caso
nosotros mismos y que tiene entre otros rasgos ‘la posibilidad de ser’
del preguntar, lo designamos con el tér mino ‘ser ahí’ (dasein). El
hacer en for ma expresa y de ‘ver a través’ de ella la pregunta que
interroga por el sentido del ser, pide el previo y adecuado análisis de
un ente (el ser ahí) poniendo la mira en su ser.”
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La pregunta que interroga por el ser