• Pero sus intenciones, según Pablo, no son buenas: no cumplen la
ley que imponen a otros, y quieren salvarse de la persecución
(Gal 6,12-13).
• Además, ponen en tela de juicio la legitimidad apostólica de la
predicación paulina: Pablo no sería un verdadero apóstol (Gal
1,1.12), su evangelio buscaría tan sólo la aprobación humana
(Gal 1,10) y no estaría conforme con el testimonio de ‘las
columnas de la iglesia’ de Jerusalén (Gal 2,2-10).
• Pablo, polémicamente, identifica como una recaída en la idolatría. Además,
ponen en tela de juicio la legitimidad apostólica de la predicación paulina:
Pablo no sería un verdadero apóstol (Gal 1,1.12), su evangelio buscaría tan
sólo la aprobación humana (Gal 1,10) y no estaría conforme con el
testimonio de ‘las columnas de la iglesia’ de Jerusalén (Gal 2,2-10).
LA GRACIA COMO EVANGELIO
(GAL 2, 14-21)
La argumentación paulina se apoya en la experiencia
cristiana, suya (Gal 1,1.4.11-12.15; 2,11-20; 4,12;
6,14.17) y de su comunidad (Gal 1,4; 3,1-5; 4,13-15;
5,24-25); y tiene el acierto de acudir al testimonio de
la ley para fundamentar su tesis sobre la insuficiencia
salvífica de la ley (Gal 3,6-4,31).
•
El discurso de Pablo en Antioquía (Gal 2,14b-21), que cierra
el relato autobiográfico (Gal 1,13-2,14a) e introduce la
segunda parte de su defensa (Gal 3,1-5,12), la demostración
teórica, es la primera exposición, concisa y magistral, del
evangelio de la gracia que Pablo predicaba.
• Gal 2,18-21 tiene como protagonista un yo, que no puede ser
reducido a Pablo en exclusiva, pues expresa algo válido para
cualquier hombre (Gal 2,18) y para cualquier cristiano (Gal
2,19-21): los gálatas quedan invitados a identificarse con la
experiencia cristiana personalizada por Pablo.
•
La insistente repetición del
término Cristo (Gal
2,16.16.17.17.19.20.21)
señala la concentración
cristológica del párrafo
central, que se identifica
claramente por una
inclusión verbal (Gal
2,16.21: ley, justicia, Cristo).
• Sin embargo hemos reconocido que las personas no
son justas como Dios las quiere por haber observado
la Ley, sino por la fe en Cristo Jesús. Por eso hemos
creído en Cristo Jesús, para ser hechos justos a partir
de la fe en Cristo Jesús, y no por las prácticas de la
Ley. Porque el cumplimiento de la Ley no hará nunca
de ningún mortal una persona justa según Dios. Esta
es para mí la manera de no despreciar el don de Dios;
pues si la verdadera rectitud es fruto de la Ley, quiere
decir que Cristo murió inútilmente. ( Gal 2, 16. 21)
LA FE QUE JUSTICICA, ACEPTACIÓN DE LA
GRACIA. ( Gal 2, 15- 16)
 En defensa de una vida cristiana liberada de la práctica
de la ley judía, Pablo formula su doctrina de la
justificación por la fe (Gal 2,15-16) que no es más que un
certero alegato a favor de la primacía de la gracia.
 Antes de entrar en consideraciones teológicas, delante de
todos Pablo dirige un severo reproche a Pedro (Gal 2,14).
Cuando advertí que no andaban derecho según la verdad del
Evangelio, le dije a Cefas delante de todos: «Si tú, que
has nacido judío, te has pasado del modo de vivir de los
judíos al de los otros pueblos, ¿por qué ahora impones a
esos pueblos el modo de vivir de los judíos?( Gal 2, 14)
• Nosotros somos judíos de nacimiento; no pertenecemos
a esos pueblos pecadores. 16. Sin embargo hemos
reconocido que las personas no son justas como Dios
las quiere por haber observado la Ley, sino por la fe en
Cristo Jesús. Por eso hemos creído en Cristo Jesús, para
ser hechos justos a partir de la fe en Cristo Jesús, y no
por las prácticas de la Ley.
• Pedro es acusado de haber seguido la forma pagana de
vivir, a sabiendas de que era judío; Pedro se habría
conducido como pagano y judío, contemporáneamente.
• Haber compartido mesa con cristianos provenientes del
paganismo, sin dejar de considerarse judío, le obligaría
ahora, en presencia de los hombres de Santiago, a
continuar siendo judío sin dejar la mesa común.
Con Pedro Pablo
comparte dos
convicciones. Como
judíos, se saben
portadores de una
elección gratuita y de una
situación privilegiada en
la historia salvífica, no
son, como los gentiles,
pecadores, que ni tienen
la ley ni pueden
cumplirla (Gal 2,15).
También el judío
creyente afirmaba
que la justificación
provenía sólo de
Dios, que su
imputación de
justicia hacía justo al
hombre, merced al
poder soberano de la
palabra de Dios.
• El problema nace cuando Pablo distingue dos principios de justificación y, en
especial, cuando los contrapone antitéticamente: las obras de la ley y la fe de
Cristo; el judío, y por supuesto el judeocristiano que se oponía al evangelio
paulino, no veían ni podrían aceptar una oposición frontal entre ley cumplida
y fe concedida. la práctica de la ley era prueba fehaciente de la fidelidad a
Dios: la observancia legal era, en concreto, cumplimiento de la alianza.
• Y eso que obras de la ley son las obras que, habiendo sido determinadas por la
voluntad escrita y revelada por Dios, son buenas y justas, es decir, un modo de
vida en conformidad con la ley divina.
Su actividad misionera entre los gentiles, que
no podían cumplir una ley que desconocían,
estaba siendo coronada por el éxito; en
ambos casos, era patente la voluntad divina
de justificar sin pasar por la ley (Gal 1,21).
Luego me fui a las regiones de Siria y
Cilicia, (Gal 1,21).
La doctrina paulina de la justificación
estuvo, pues, su experiencia, personal y
apostólica; era él, como creyente y como
misionero, el mejor testigo de su
evangelio.
• El judío creyente en Cristo no tiene que dejar de ser
judío, si desea llegar a ser cristiano.
• La fe en Cristo, con todo, no incluye necesariamente
la ley mosaica; el cristiano gentil no ha de hacerse
judío para poder ser cristiano auténtico.
• La diversidad de origen y de experiencias religiosas
permanece en la unidad de la fe: la justificación de
Dios es universal, porque es gracia y no efecto de un
esfuerzo de obediencia.
• Todo lo que él hace, su
predicación primero y su
defensa del evangelio
después, muestra que su
opción personal es a
favor de la gracia de
Dios. Sólo el evangelio
que contiene a Cristo
solo es el evangelio
verdadero; únicamente
el evangelio de Dios (Gal
1,6-9), que es Jesucristo.
La seguridad con que el
apóstol predica y defiende
su evangelio, un evangelio
que no había recibido de la
comunidad
pero
que
comprometía a vivirlo en
común, tiene como razón y
origen la persuasión de que
Dios, en persona, le había
encomendado
ese
evangelio y de que Cristo es
su contenido único.
Centrarse sólo en
Cristo,
y
éste
crucificado
(Gal
2,19; 1 Cor 2,2),
hizo
a
Pablo,
experimentada la
gracia, apóstol de
la libertad cristiana
y
pastor
de
comunidades
abiertas, católicas.
3.2 LA COMUNIDAD CRISTIANA, HIJA DE LA
GRACIA.
En el Pablo redactor
de la carta a los
gálatas podemos
atisbar lo que la
religión de Jesús
hubiera dado de sí, sin
la reflexión teórica y la
misión apostólica
paulina.
Supo, y quiso,
defender la lógica
interna del
kerigma primitivo,
según su propia
expresión la
verdad del
evangelio.
Pero nos negamos a ceder, aunque sólo fuera
por un momento, a fin de que el Evangelio
se mantenga entre ustedes en toda su
verdad.
Cuando advertí que no andaban derecho
según la verdad del Evangelio, le dije a
Cefas delante de todos: «Si tú, que has
nacido judío, te has pasado del modo de
vivir de los judíos al de los otros pueblos,
¿por qué ahora impones a esos pueblos el
modo de vivir de los judíos? (Gal 2,5.14).
En consecuencia, los creyentes
quedan salvados todos por Cristo,
todos igualados por la fe en Él,
beneficiarios todos de la misma
gracia y de ella responsables.
La comunidad se encuentra a sí
misma confrontada con el mundo,
puesto que su razón no es ni sabía
ni poderosa: su razón es la palabra
de la cruz, la única palabra que
contiene el único evangelio (1 Cor
2,1-2): Dios está allí para nosotros,
donde esté Jesús, y éste
crucificado.
• La Iglesia cristiana no es una
palabra de muerte, sino que,
al estar asociada en el
kerigma a la confesión de la
resurrección, es, sobre todo,
mensaje de esperanza.
• La fe nos hace libres de todo
vínculo legal, porque en Jesús
muerto y resucitado Dios se nos
ha mostrado definitivamente a
nuestro favor.
La comunidad cristiana era para Pablo, y
debe aún hoy continuar siéndolo una
comunidad abierta, no porque así lo quiera
ella siempre, o porque se lo haya propuesto
ahora como táctica acomodada a los
tiempos, sino porque así lo quiso quien la
fundó, y así se lo impuso desde sus inicios.
La carta a los gálatas es el documento
principal que testimonia la lucha que
sostuvo el primer cristianismo por liberarse
de la tutela judía; es prueba documental de
su propia consideración como movimiento
mesiánico; es algo así, pues, como la partida
de nacimiento como religión universal.
Para Pablo, el hermano
por el que Cristo murió
marca la frontera de la
libertad que hemos
recibido como gracia: la
liberación de la ley, que es
gracia, impone al hermano
como quehacer inevitable
.
Y así el débil, ese hermano
por quien Cristo murió, se
pierde a causa de tu saber.
12. Cuando ustedes
ofenden a sus hermanos
hiriendo las conciencias
que son todavía débiles,
pecan contra el mismo
Cristo. (1 Cor 8,11-12).