LA EPOPEYA DE JONÁS
Lección 4 para el 25 de julio de 2015
«Él [Joroboam II] restauró los límites
de Israel desde la entrada de Hamat
hasta el mar del Arabá, conforme a la
palabra de Jehová Dios de Israel, la
cual él había hablado por su siervo
Jonás hijo de Amitai, profeta que fue
de Gat-hefer» (2ª de Reyes 14:25)
Aquí se identifica a Jonás, hijo de Amitai
(Jonás 1:1), como un profeta galileo
(nacido en una aldea cercana a Nazaret).
Un profeta exitoso, dado que su profecía
sobre Israel se cumplió (Jeremías 28:9).
Jonás poseía grandes virtudes y grandes
defectos.
Era testarudo y rebelde; pero dispuesto a
aprender. Era fiel a Dios, valiente y hombre
de oración; pero estrecho de miras, egoísta
y vengativo.
Dios está dispuesto a usar a las personas a
pesar de sus defectos.
«Y temieron aquellos hombres a Jehová con
gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová,
e hicieron votos» (Jonás 1:16)
Dios había indicado a Israel que los gentiles serían atraídos y convertidos por su
vida ejemplar (Deuteronomio 4:5-6; Isaías 56:7). Sin embargo, Jonás fue llamado a
ir a los gentiles y predicarles el mensaje de salvación.
Aunque se le
pidió que
fuera al este
por tierra,
decidió ir al
oeste por mar.
Aunque él
desobedeció,
el viento y el
mar
obedecieron a
su Creador.
Aunque
dormía, los
marineros le
rogaron que
orase.
Aunque no
quería hablar
de Dios, fue
obligado a dar
testimonio de
su fe y su
misión.
A pesar de Jonás, los marineros del barco en el que embarcó fueron sus primeros
conversos entre los paganos. ¡Qué grande es el amor de nuestro Dios!
«Pero Jehová tenía preparado un gran pez
que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el
vientre del pez tres días y tres noches.
Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde
el vientre del pez» (Jonás 1:17-2:1)
Hay evidencias de que la frase «tres días y tres noches» era una antigua figura de
lenguaje que indicaba el tiempo necesario para el viaje imaginario al Seol (Jonás 2:2).
Jesús usó la experiencia de Jonás para
indicar que estaría «en el corazón de la
tierra» (Mateo 12:40) hasta que, al igual
que Jonás fue vomitado por el gran pez,
resucitase de entre los muertos.
«Pero Jehová tenía preparado
un gran pez que tragase a
Jonás; y estuvo Jonás en el
vientre del pez tres días y
tres noches. Entonces oró
Jonás a Jehová su Dios desde
el vientre del pez» (Jonás 1:17-2:1)
Enfrentado a una
muerte segura, Jonás
se volvió arrepentido
a Dios, confiando en
Su perdón y en Su
poder para salvarle
(Jonás 2:6-9).
La misma misericordia manifestada por
Dios hacia Jonás, fue manifestada más
tarde hacia los ninivitas.
«Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el
mensaje que yo te diré… Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad,
camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días
Nínive será destruida» (Jonás 3:2-4)
«Los mensajeros de Dios en las grandes ciudades
no deben desalentarse por la impiedad, la
injusticia y la depravación que son llamados a
arrostrar mientras tratan de proclamar las gratas
nuevas de salvación. El Señor quisiera alentar a
todos los que así trabajan con el mismo mensaje
que dio al apóstol Pablo en la impía ciudad de
Corinto: “No temas, sino habla, y no calles: porque
yo estoy contigo, y ninguno te podrá hacer mal;
porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.”
Hechos 18:9, 10… En toda ciudad, por muy llena
que esté de violencia y de crímenes, hay muchos
que con la debida enseñanza pueden aprender a
seguir a Jesús. A miles puede comunicarse así la
verdad salvadora, e inducirlos a recibir a Cristo
como su Salvador personal»
E.G.W. (Profetas y reyes, pg. 207)
«Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía
estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía
yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande
misericordia, y que te arrepientes del mal» (Jonás 4:2)
¡Increíble! Jonás es la única persona en
las Escrituras que acusa a Dios de tener
gracia; de ser compasivo, lento para la
ira y abundante en amor; de perdonar
en lugar de enviar calamidades. ¿Cuál
era el problema de Jonás?
El problema se llama egoísmo. Jonás era
incapaz de preocuparse de alguien más
que de sí mismo. Su propia fama y
bienestar pesaban mucho más que la
salvación de más de 120.000 personas.
¿Estamos tan ciegos como Jonás?
¿Sentimos el peso del deber de trabajar
en favor de la salvación de nuestros
prójimos y estamos dispuestos a
llevarlo con alegría?
E.G.W. (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pg. 571)
«Se requiere de todos que trabajen para
disminuir los males y multiplicar las
bendiciones de sus semejantes. Si somos
fuertes para resistir la tentación estamos bajo
mayor obligación de ayudar a los que son
débiles y ceden a ella. Si tenemos
conocimiento, debemos instruir al ignorante.
Si Dios nos ha bendecido con bienes de este
mundo, es nuestro deber socorrer a los
pobres. Debemos trabajar para beneficio de
los demás. Que todos los que están dentro de
la esfera de nuestra influencia participen de
cualquier excelencia que poseamos. Nadie
debe contentarse con alimentarse del pan de
vida sin compartirlo con los que le rodean»
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