Cantar del Mio Cid
Los juglares y el Mester de Juglaría
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En el siglo XII apareció en la Península la literatura de la lengua vulgar,
lengua que solo se transmitía de forma oral y única y exclusivamente por
juglares, que se ganaban la vida contando historias sobre las luchas que
enfrentaban a los caudalillos de los diversos reinos cristianos de la
península Ibérica contra los moros que habían conquistado la península a
comienzos del siglo VIII, así como las rivalidades suscitadas entre los
nobles castellanos y los de los otros nobles cristianos. Sus narraciones se
narraban en plazas y castillos a cambio de ropa, dinero o comida.
El Mester de juglería es el oficio de los juglares, aunque también puede
ser la forma de los juglares de componer y narrar historias o bien al
conjunto de obras creadas. Se caracteriza por su gran libertad métrica
entre otras cosas. Aun en las obras identificadas en líneas generales con la
clerecía, se advierte la influencia juglaresca, sobre todo en las vacilaciones
en la rima y en la medida de los versos. Su momento de máximo apogeo
corresponde a los siglos XII y XIII aunque se prolongó hasta el XIV. Una
obra como el Libro de Buen Amor, aunque utiliza la cuaderna vía y, por
tanto, es obra de 'clérigo' (de hombre culto), el hecho de que en ella figuren
coplas de escolares y de ciegos, con un lenguaje popular y chispeante,
permite que también se incluya entre las obras del mester de juglaría.
Los Cantares de Gesta
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Canción de gesta o Cantar de gesta, género literario que floreció en Francia a
finales del siglo XI. Se conservan unos 80 poemas épicos, en su mayoría de autores
anónimos, con una extensión media de 8.000 a 10.000 versos. El origen de estos
cantares en los que la leyenda se combina con una base histórica cierta ha sido muy
discutido. Algunos consideran que sus precedentes inmediatos fueron los cantos
épicos, posteriormente influidos por la tradición y el folclore germánicos; otros opinan
que los cantares son exclusivamente fruto de la imaginación de los troveros y
trovadores quienes se inspiraban en las historias que los monjes contaban a los
peregrinos que visitaban los santuarios de antiguos héroes. Los manuscritos
originales datan de los siglos XI a XV .Los poemas se ocupan principalmente de los
acontecimientos heroicos ocurridos durante el reinado de Carlomagno y sus
sucesores. Algunos de los temas más populares son las luchas entre nobles
caballeros, la alianza entre Guillaume d'Orange y Luis I, hijo de Carlomagno, y las
batallas libradas contra los moros invasores. En los primeros poemas predominan las
hazañas caballerescas, mientras que los cantares posteriores se integran en la
tradición del amor cortés. Los troveros componían estas canciones para cantarlas
con acompañamiento musical. El conjunto se agrupa en diferentes ciclos o gestas.
Características:
No tienen autor conocido, son anónimos.
Son obras escritas en verso.
Estaban destinados a ser cantados o recitados.
Se transmitían oralmente de padres a hijos.
Cantar del Mio Cid:
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HIPOTESIS SOBRE SU
AUTORIA:
Cantar de mío Cid, poema
épico castellano, de autor
anónimo, cuya datación por
el filólogo español Ramón
Menéndez Pidal, alrededor
de 1140 ha sido motivo de
polémica y de conjeturas
que postergan su creación
hasta el siglo XIII. La
opinión generalizada es que
el poema conservado
proviene de un manuscrito
del siglo XIV, copia a su vez
de otro transcrito por Per
Abbat en 1207.
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CONTENIDO DEL POEMA: Cantar de gesta
y no crónica, narra los hechos finales de la
vida de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid
Campeador (1043-1099), caballero de la
corte de Sancho II de Castilla y Alfonso VI de
Castilla y León, recurriendo en ocasiones a la
ficción para resaltar ciertos aspectos del
carácter heroico del protagonista: su lealtad
al rey, a pesar de que éste lo condena al
destierro; su fe en Dios; su piedad; su amor
por la familia y por la justicia, su valor en la
batalla. La mesura en la representación del
héroe, evitando cualquier desborde
fantástico en sus acciones, ha llevado a
destacar tal rasgo como distintivo de la épica
castellana frente a, por ejemplo, la francesa.
En palabras del poeta y crítico español
Dámaso Alonso, el poema tiene un estilo
"tierno, frágil, vívido, humanísimo y
matizado".
Cantar del destierro
• El Cid es acusado de falta de honradez por unos
envidiosos y es desterrado de Castilla por el rey Alfonso
VI. Sale de Vivar en compañía de su familia y sus fieles
caballeros. A su paso por Burgos, todos salen a verlo
porque sienten admiración; pero nadie se atreve a darle
albergue, ya que el rey lo ha prohibido amenazando con
fuertes castigos a quien ayudara al Campeador. El Cid
se dirige al monasterio de San Pedro de Cardeña,
donde se despide con gran dolor de su esposa doña
Jimena y de sus dos hijas: doña Elvira y doña Sol.
Una vez fuera de Castilla y siempre pensando en volver
con honor a su tierra, el Cid emprende una serie de
campañas militares contra árabes y contra cristianos,
que le van a procurar fama, tierras y riquezas.
Cantar de las bodas
• El Cid se dirige a Valencia, que estaba en poder de los
moros, y logra conquistar la ciudad. Envía a su amigo y
mano derecha Alvar Fáñez a la corte de Castilla con
regalos para el rey, en señal de reconciliación para que le
permita reunirse con su familia en Valencia. El rey accede
a esta petición y levanta el castigo que pesaba sobre el
Campeador y sus hombres. Se celebran grandes festejos
para dar la bienvenida a la esposa y las hijas del Cid.
Mientras tanto, el rey de Marruecos manda un ejército para
recuperar la ciudad. El Cid derrota a los moros y consigue
mantener Valencia en su poder.
La fortuna del Cid hace que los infantes de Carrión pidan
en matrimonio a doña Elvira y doña Sol. El rey pide al
Campeador que acceda al matrimonio y él lo hace aunque
no confía en ellos. Las bodas se celebran solemnemente.
Cantar de la afrenta de Corpes
• Los infantes de Carrión, Fernán y Diego González,
muestran pronto su cobardía, primero ante un león que
se escapa del palacio del Cid, después en la lucha
contra los árabes
Sintiéndose humillados, los infantes deciden vengarse.
Para ello emprenden un viaje hacia Carrión con sus
esposas y, al llegar al robledal de Corpes, las azotan y
las abandonan desfallecidas.
El Cid pide justicia al rey y reta a los infantes. Se realiza
un duelo en el que los guerreros del Cid vencen a los
infantes. Éstos quedan deshonrados y sus bodas
deshechas. El Poema termina con el proyecto de boda
entre las hijas del Cid y los infantes de Navarra y
Aragón.
FIN
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