“Éste es el
Cordero de
Dios, que quita
el pecado del
mundo”
(Domingo 2A TO)
¡Qué alegría cuando me
dijeron: “Vamos a la casa
del Señor”!
Ya están pisando nuestros
pies tus umbrales,
Jerusalén.
Liturgia
de la
Palabra
Última revelación, a orillas del Jord
Jn 1:29-34 En aquel tiempo,
al ver Juan a Jesús que venía
hacia él, exclamó:
"Éste es el Cordero de Dios,
que quita
mundo.
el
pecado
del
Éste es aquel de quien yo
dije:
“Tras de mí viene uno,
que está por delante de
mí, porque existía antes
que yo."
El Jesús del
Jordán une
nuestra tierra
con la tierra
prometida
Es ciudadano de las dos orillas
“He salido a bautizar con
agua,
como preparación a su
llegada."
Yo no lo conocía, pero el que
me envió a bautizar con agua
me dijo: "Aquél sobre quien
veas bajar el Espíritu y posarse
sobre él, ése es el que ha de
bautizar con Espíritu Santo."
Jesús bautiza con el FUEGO del Espíritu
Es un bautismo Pentecostal
Y yo lo he visto, y he
dado testimonio de
que éste es el Hijo
de Dios."
Espiritualidad
Ignaciana
Para los primeros cristianos "bautizarse"
significaba literalmente
sumergirse en el agua, bañarse o limpiarse.
Ellos
distinguían
muy bien el
“Bautismo
de agua“,
que impartía
el Bautista
en el
Jordán, y el
“Bautismo
de Espíritu
Santo“,
que reciben
de Jesús.
El bautismo de Jesús es un baño interior: nos
empapamos del Espíritu Santo, que nos hace hijos
adoptivos de Dios con una vida nueva e
inconfundible.
Por eso, los primeros cristianos
bautizaban invocando el nombre de
Jesús sobre cada bautizado.
S. Pablo dice que
los cristianos están
bautizados en
"Cristo“
y, por eso, han de
sentirse llamados
a "vivir en Cristo",
animados por su
Espíritu,
interiorizando su
experiencia de Dios
y sus actitudes más
profundas.
Hoy se observan
signos de
profunda
espiritualidad.
Cada vez hay más
personas
que buscan algo
que les dé
fuerza interior
para afrontar la
vida de
manera diferente.
(1er paso de la
Oración
Ignaciana:
Relajación)
Es difícil vivir una vida que no apunte hacia
meta alguna. No basta tampoco pasarlo bien.
La vida se hace insoportable cuando todo se
reduce a pragmatismo y frivolidad.
Algunos se sienten
heridos, con
stress, maltratados
por la vida,
desvalidos,
necesitados de
sanación interior.
Necesitamos paz
interior y seguridad
para hacer frente
al miedo e
incertidumbre, que
nacen en nuestro
interior.
Son cada vez más los que buscan algo que no es
técnica, ni ciencia, ni ideología religiosa.
Quieren sentirse de manera diferente en la vida.
Necesitan experimentar una especie de
"salvación"; entrar en contacto con el Misterio
que intuyen en su interior.
Muchos padres no bautizan a sus hijos.
Muchos no saben lo que es el "bautismo del Espíritu"
y no han experimentado a Jesús
como fuente interior de vida.
Hay quienes fomentan una
espiritualidad, que tiende a
marginar a Jesús como algo
irrelevante y de poca
importancia.
Los seguidores de Jesús no podemos vivir
una espiritualidad seria, lúcida y
responsable, si no está
inspirada por su Espíritu.
Lo mejor que podemos hoy ofrecer a las
personas es ayudarles a
encontrarse interiormente con Jesús,
nuestro Maestro y Señor.
Las tres Lecturas de hoy presentan
tres personajes que escucharon la
voz del Espíritu:
- Isaías,
- S. Pablo y
- Jesús.
El más importante es Jesús.
Jesús
es el
Enviado
del
Padre.
¿A qué lo
envía el
Padre?
¿Cuál es
su
misión?
Jesús
-nos reúne a todos
en una Iglesia,
-nos pide que nos
convirtamos,
-y que su mensaje
y su salvación
llegue al último
rincón de la tierra.
Nos pide que nos convirtamos ¿de qué?
Jesús es
nuestra
‘Luz’.
Para que
veamos
¿qué?
Jesús salva a todo el mundo. Pero ¿qué
clase de salvación?
Jesús es
el Guía
que nos
conducirá
a la vida
eterna.
Jesús es el Redentor que se entrega a la
muerte para salvar a la humanidad.
Jesús ha querido
ser también
nuestro alimento
y nuestra fuerza
para el camino.
La ESPIRITUALIDAD IGNACIANA
se basa en los
EJERCICIOS ESPIRITUALES
de S. Ignacio de Loyola,
y está centrada en JESÚS.
S. Ignacio quiso que su grupo se
llamara “Compañía de JESÚS”.
Jesús es nuestro centro.
Al final de Navidad,
el paso por el Jordán nos
deja inundados de Gracia.
Haz, Señor, que todo el año
nos comportemos como
realmente BAUTIZADOS con
el Espíritu.
Créditos
José Antonio Pagola
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II Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A. San Juan 1, 29