Musicoterapia: un
paso hacia la
humanización de los
cuidados sanitarios.
Raquel Roldán Roldán.
Federico Manuel Aranda Aranda.
La Musicoterapia es la utilización de la música y/o de sus
elementos (sonido, ritmo, melodía y armonía) por un profesional
calificado, con un paciente o un grupo, en un proceso destinado
a facilitar y promover comunicación, relación, aprendizaje,
movilización,
expresión,
organización
y
otros
objetivos
terapéuticos relevantes, a fin de atender a las necesidades
físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas. La
musicoterapia recoge desarrollar potenciales y/o restaurar
funciones del individuo para que él alcance una mejor
integración intrapersonal y consecuentemente, una mejor
calidad de vida, a través de prevención, rehabilitación o
tratamiento.
Federación Mundial de Musicoterapia, 1996.
La musicoterapia hace uso
de sonidos, trozos
musicales y estructuras
rítmicas para conseguir
diferentes efectos
terapéuticos directos
e indirectos a nivel
fisiológico, social,
psicológico e intelectual.
La música como
herramienta
terapéutica produce
beneficios:
Físicos: acelera o retarda las principales
funciones
orgánicas:
ritmo
cerebral,
circulación,
respiración
digestión,
metabolismo,…; actúa sobre el sistema
nervioso central y periférico; su acción se
traduce en sedante, excitante, enervante.
Psicológicos: estimula los sentidos, evoca sentimientos y
emociones
así
como
facilita
respuestas
fisiológicas
y
mentales. Energiza el cuerpo y la mente. Alivia los temores y
las ansiedades. Fortalece la conciencia de identidad y de
autoestima (aumentando la consciencia de uno mismo, de los
demás y del entorno). Ofrece al paciente aliviar el sufrimiento,
facilitar la aceptación de la muerte y mejorar la calidad de
vida. Promueve la relajación psicofísica, disminuyendo la
percepción de dolor, y facilitando el contacto con los aspectos
espirituales (experiencias sociales, placenteras, positivas y
gratificantes).
Sociales: da la oportunidad de que personas con dificultades
tengan
experiencias
sociales
placenteras,
positivas
y
gratificantes. Su estructura y naturaleza intrínseca tiene la
capacidad de auto-organizarnos interiormente y de organizar el
grupo. Disminuye la sensación de aislamiento. Facilita la
expresión emocional a través de la comunicación no verbal y en
personas con dificultades comunicativas. Ayuda a establecer,
mantener y fortalecer la relación profesional/paciente. Ayuda a
la comunicación con la familia. Es una modalidad flexible,
estética y adaptable a diferentes casos y circunstancias.
Intelectuales: desarrolla la capacidad de atención.
Estimula la imaginación y la capacidad creadora.
Desarrolla la expresión musical, la memoria. Inicia
a quien la practica a la meditación o reflexión.
Mejora la memoria reciente y estimula la memoria
a largo plazo.
Espirituales: sentimientos de pérdida
y abandono, entender el sufrimiento,
concepto de muerte.
La práctica musicoterapéutica se
realiza en niños, adolescentes, adultos
y en tercera edad. Se desarrolla en
tres áreas: la prevención, la asistencia
terapéutica
y
la
rehabilitación,
trabajando en forma independiente así
como también integrando equipos
interdisciplinarios.
La música debe ser seleccionada e
individualizada adecuadamente por un
experto en musicoterapia según el
estado clínico y los gustos musicales
del paciente, que se darán a conocer
a través de un cuestionario dirigidos a
él o la familia.
La musicoterapia forma parte de
una
de
las
terapias
complementarias recomendadas
por la Organización Mundial de la
Salud
como
una
de
las
estrategias para alcanzar el
objetivo de “Salud para todos” .
Los campos de aplicación de la
musicoterapia son variados y van, por
mencionar sólo algunos, desde la
psiquiatría y la obstetricia, hasta la
educación
especial,
enfermedades
terminales, neonatología, la hipoacusia
y la geriatría.
El personal cualificado
puede atender en su
consultorio particular o
bien formar parte
de grupos de trabajo
interdisciplinarios
en
hospitales, escuelas o
centros comunitarios.
Según las patologías,
los requerimientos
del paciente y el
ámbito en el que se
desarrolle la terapia,
las sesiones pueden
ser individuales o en
grupo.
La
musicoterapia
activa
incluye todo lo referido al
material sonoro en general,
desde
tocar,
armar
y
fabricar instrumentos hasta
improvisar,
componer
y
cantar determinadas
piezas musicales.
La
modalidad
receptiva o pasiva
es un mecanismo
más
introspectivo
que opera a través
de la escucha de
músicas o ruidos
pre-grabados y de
trabajos
con
visualizaciones.
Música recomendada para sesiones:
Insomnio: Nocturnos de Chopin (op.
9 nº3; op. 15 nº 22; op. 32 nº 1; op. 62
nº 1). Canon en Re de Pachelbel.
Hipertensión: Las cuatro estaciones
de Vivaldi. Serenata nº 13 en Sol
Mayor de Mozart.
Depresión: Concierto para piano nº 5
de Rachmaninov. Música acuática de
Haendel, sinfonía nº 8 de Dvorak.
Ansiedad: Concierto de Aranjuez de Rodrigo.
Las cuatro estaciones de Vivaldi. La
sinfonía de Linz. K425 de Mozart
Dolor de cabeza: Sueño de Amor de Listz.
Serenata de Schubert. Himno al Sol de
Rimsky-Korsakov.
Dolor de estómago: Concierto de Arpa de
Haendel. Concierto de oboe de Vivaldi.
Música para la Mesa de Telemann.
Para obtener más energía: La suite Keralia
de Sibelius. Serenata de Cuerdas (Op. 48) de
Tschaikowsky. Obertura de Guillermo Tell
de Rossini.
Técnicas musicoterapéuticas aplicadas
en el ámbito hospitalario:
La musicoterapia también beneficia a personas que no
tienen ningún problema de salud, empleando la música
para:
Reducir el estrés a través de hacer y escuchar
música.
Como apoyo en el proceso del parto en mujeres.
Aumentar la creatividad y la capacidad de resolver
problemas.
Para disminuir la ansiedad y el estrés.
Para mejorar la autoestima.
La
musicoterapia
ha
mostrado ser una terapia
complementaria útil para
el control de síntomas
tanto
físicos
como
psicológicos
de
los
pacientes ingresados.
Las aplicaciones de la musicoterapia
son
eficaces
para
aumentar
el
compromiso mutuo entre el personal
sanitario y el paciente.
La musicoterapia es un
buen paso hacia la
humanización de los
cuidados sanitarios.
En el siguiente video se puede ver
un fragmento de una sesión de
musicoterapia
en
el
Hospital
Gregorio Marañón. Madrid.
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