CARTA A LOS CATEQUISTAS
DE LA ARQUIDIÓCESIS DE
MÉXICO
CON MOTIVO DEL DÍA DEL
CATEQUISTA
2011
Estimados Catequistas:
Como lo he venido haciendo cada año, quiero
hacerme presente a través de estas letras en la
celebración en nuestra Arquidiócesis de México del
Día del Catequista, recordándonos que la
catequesis es consecuencia del mandato misionero
de Jesús que hoy nos presenta el Evangelio:
Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones,
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo… (Mt 28, 19).
En esta ocasión los invito a poner nuestra
mirada en Juan Pablo II, recién beatificado
por su sucesor el Papa Benedicto XVI; este
evento ha llenado de alegría y gozo a la
mayoría de los católicos, de manera
particular a los que vivimos en México, ya
que su presencia entre nosotros por cinco
ocasiones dejó una gran huella en nuestra
fe, recordando especialmente aquella frase
de “México siempre fiel”.
Juan Pablo II fue un gran misionero y
catequista, su vida y ministerio apostólico se
caracterizó por ser un portador del mensaje
de Jesús, del Evangelio, es por eso que una
característica y por la que seguramente se le
recordará, será por sus viajes apostólicos;
por donde pasó se dedicó a sembrar la
semilla de la fe a través de la Palabra.
En su magisterio nos dejó un gran legado,
que nos ha servido para renovar nuestra
práctica misionera y catequística; cómo
entenderíamos la opción por la Misión
permanente en nuestra Arquidiócesis sin su
llamado a una nueva evangelización, o
reevangelización de los ambientes culturales
de “antigua cristiandad” (cfr. RMi 33), o el
concepto de Proceso Evangelizador tan
necesario para realizar mejor la tarea de la
Misión.
Sus
enseñanzas
magisteriales
quedaron
plasmadas en el acerbo con el que contamos hoy
de sus escritos, discursos, catequesis, homilías…
En la línea de la Catequesis, nos dejó un
documento fruto de un Sínodo de los Obispos
sobre la “Catequesis en nuestro tiempo”, como
respuesta al Sínodo nos dio la Exhortación
apostólica postsinodal Catechesi Tradendae (16 de
Octubre de 1979) que ha sido desde entonces, la
pauta y el referente obligado para la renovación de
la práctica de la catequesis.
A lo largo de sus capítulos nos hace
reflexionar que Jesucristo es el único
maestro y es a través de la catequesis,
acción tan antigua como la Iglesia, como
sigue haciendo presente su mensaje que
debemos transmitir como Iglesia misionera;
nos recuerda también, que la fuente principal
de la transmisión del mensaje cristiano está
en la Palabra, un mensaje que tiene que
llegar a todos los bautizados y no sólo a un
sector como lo fue por mucho tiempo, ya que
todos tenemos necesidad de conocer y vivir
su mensaje, esto nos obliga a renovar
nuestros métodos y medios para hacer llegar
su Palabra en los contextos y situaciones
actuales, es por eso que todos de alguna
manera tenemos que ser catequistas, desde
el ministerio y opción de vida que hayamos
elegido.
El aporte de Juan Pablo II, no se limitó a esta
exhortación, a lo largo de su ministerio y
magisterio nos dejo enseñanzas de gran
valor, que hoy tenemos que retomar con un
nuevo impulso para seguir renovando la
tarea de la catequesis. Cabe señalar entre
los grandes aportes de su magisterio el
Catecismo de la Iglesia Católica como fuente
principal de la catequesis, ya que es ahí en
donde encontramos el depósito de la fe que
se ha de transmitir en su dinamismo de una
fe profesada, celebrada, vivida y orada.
Juntamente con el Catecismo hay que tener
muy presente el Directorio General para la
Catequesis de 1997 elaborado por la
Congregación del Clero, en donde se dan las
grandes líneas de lo que ha de ser en el
momento actual y en la catequesis de
nuestra Iglesia particular esta tarea tan
importante.
Por eso exhorto a todos los catequistas para
que pongamos nuestra mirada en las
enseñanzas y ejemplos del Beato Juan
Pablo II, para seguir caminando hacia una
catequesis renovada en nuestra Iglesia. Sé
que en la Décima Semana Arquidiocesana
de Catequesis, se reflexionó suficientemente
en las enseñanzas de Juan Pablo II a la
catequesis, poniéndolas en sintonía con las
orientaciones pastorales que les he ofrecido
como consecuencia de nuestra renovación
pastoral a partir del II Sínodo diocesano, que
el lema de esta Semana de reflexión: La
Catequesis tiene necesidad de renovarse
continuamente en su concepto, métodos,
lenguajes y medios de transmisión (CT 17)
sean una realidad en nuestra práctica.
Animo a los catequistas laicos, para que
sigan poniendo un gran empeño en su
formación y preparación, para que las
enseñanzas de Juan Pablo II no queden en
el olvido, sino que, sigan inspirando su
quehacer en la Iglesia.
Que Dios Padre de Misericordia que se nos
ha revelado plenamente en su Hijo amado
los bendiga abundantemente, para que
continúen con entusiasmo sirviendo al
Evangelio.
Reciban mi aprecio y reconocimiento.
+ Norberto Cardenal Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México
5 de junio de 2011
Domingo de la Ascensión del Señor
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