EL VINCULO SOCIAL. LACAN
AGENTE
Dominante
Agente
__________
verdad
Vinculo
Agente → otro
“otro”
Gobernar S1
Educar S2
Analizar “a”
Hacer desear
($)
Producción
Otro
__________
Producción
Un vínculo social, en principio, implica la
existencia de al menos dos términos, pero el
que existan dos términos no garantiza que
exista un vínculo entre ellos. Es necesario
que uno de ellos interpele al otro, que uno de
ellos se dirija al otro e incida sobre él, de
alguna manera. Este hecho ya define una
posición de cada uno de los dos términos que
entran en relación. Uno de ellos, el que toma
la iniciativa, vamos a decirlo así, está en
posición de “agente”, en la medida en que ha
asumido un papel que puede considerarse
como “dominante”, al menos en el
sentido de incidir sobre el otro
. El otro término... ¿qué podemos decir del
otro?
Por ahora digamos sólo eso, que es un “otro”.
Un vínculo social, en principio, implica la existencia de al menos dos términos,
pero el que existan dos términos no garantiza que exista un vínculo entre ellos. Es
necesario que uno de ellos interpele al otro, que uno de ellos se dirija al otro e
incida sobre él, de alguna manera. Este hecho ya define una posición de cada uno
de los dos términos que entran en relación. Uno de ellos, el que toma la iniciativa,
vamos a decirlo así, está en posición de “agente”, en la medida en que ha
asumido un papel que puede considerarse como “dominante”, al menos en el
sentido de incidir sobre el otro
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. El otro término... ¿qué podemos decir del otro?
Por ahora digamos sólo eso, que es un “otro”
Agente → otro
.
Según Lacan, habría cuatro modalidades posibles de
colocarse en el lugar del agente. Es decir, cuatro formas
de interpelar a un “otro” en el campo social, las
cuales tendrían que ver con las tres tareas imposibles de
las que habla Freud:
Gobernar (S1)
Educar (S2)
Analizar (“a”) y con una tarea, acaso no menos
Imposible “hacer desear” ($) y que también podríamos
leer como: “hacer producir saber”
.
Pero un vínculo no se agota en la constatación que acabamos de mencionar. En
otras palabras, un vínculo no es igual a la sumatoria de sus componentes. Una
vez que dos términos entran en relación en un vínculo, se produce un algo más,
una resultante de ese encuentro de los dos términos que entraron en relación. A
esa resultante le vamos a dar el nombre de “producción”. Esa producción es el
efecto de la incidencia del “agente” sobre el “otro”. Así pues, la colocaremos del
lado del “otro”.
Tenemos, entonces, tres términos:
Agente → ____Otro________
Producción
Así tenemos,
entonces, que el
vínculo mínimo, una
relación entre dos
términos en el campo
de lo social, siempre
implica otros dos, lo
cual nos arroja una
estructura de cuatro
términos:
Agente
otro
Verdad
∆
Producto
La constitución del hablante como sujeto del inconsciente es producto de una
particularidad del lenguaje en el que viene a constituirse el neonato como
sujeto, teniendo en cuenta que este lenguaje no existe en el mundo como una
batería de significantes neutros, sino que siempre se lo encuentra atravesado
por unas leyes (como la ley de prohibición del incesto y, en general, la moral
sexual de la cultura)
y organizado bajo la forma de un saber, verbigracia el saber mínimo acerca de
las estructuras de parentesco de la respectiva cultura, que hasta los
analfabetas conocen. Es decir, que el lenguaje en el que viene a fundarse cada
nuevo ser está estructurado como un cuerpo vivo de saber, como una
estructura significante organizada que posee una historia, una cultura, unas
tradiciones, unas técnicas y unas artes, incluso unas tramas que van a
determinar los caminos por los que
Un vínculo implica, al menos, dos términos: uno de ellos, el
“agente”, está en una posición “dominante” respecto del
“otro”; y, habría cuatro versiones del agente. Quizá podríamos
agregar que, en un sentido estricto, todo vínculo social está
determinado por una imposibilidad estructural, en el sentido
que se dice que es imposible gobernar, analizar, educar y
hacer desear.
Agente → otro
Lacan define al sujeto como “representado por un significante para otro
significante”
.
Esto implica que el advenimiento del humano como sujeto pasa por
su inclusión en un orden significante. Esta definición del sujeto la podemos escribir
así:
Un significante (S1)___→ otro significante (S2) S1 → S2
Sujeto representado ($)
$
Ahora, el significante no es solamente aquello que nos representa y sin lo cual no
“somos” humanos, ni simplemente aquello que nos da un lugar en el mundo y una
cierta ilusión de unidad necesaria para operar en él, si no que es, además, la
materia de la cual está hecho el vínculo social. El orden social es un orden
significante y sin el significante no hay ordenamiento social posible.
Ser representado para otros por el significante Fulano en un complejo cultural determinado, implica ser inscrito en un
ordenamiento de la sexualidad propio de los Fulanos, que es diferente al de las Fulanas. Y si el proceso de enculturación cumple
cabalmente su cometido, logrará que Fulano se comporte como los Fulanos y no como las Fulanas. Así mismo, si es “Fulano de
Tal”, implica que pertenece al linaje de los “Tales” y se espera que busque su pareja por fuera del clan familiar. De manera que ser
incluido en el lenguaje como “Fulano de Tal”, supone, en primer lugar, reprimir los deseos que serían propios de las Fulanas y, en
segundo lugar, reprimir los deseos hacia los “Tales”.
Fulano de Tal sería un sujeto en el sentido que tiene el término en la gramática,
incluso en el sentido que tiene este término para el Derecho, pero para el
psicoanálisis el sujeto sería aquello que es objeto de la represión para que Fulano
de Tal pueda cumplir socialmente con lo que se espera de un Fulano y de un “de
Tal”. Se trata entonces de una dimensión fundamental de su ser que todo Fulano
ignora, es decir, el sujeto del inconsciente. Esto podemos escribirlo de la siguiente
manera:
Significante del nombre propio
Sujeto del inconsciente
S1
$
Ese sujeto del inconsciente seguirá operando como una verdad no sabida que, sin embargo, determina el destino de Fulano. Esto
nos conduce a una paradoja: el significante que representa a un sujeto para sí mismo y para los demás significantes puede decir
lo opuesto a su deseo inconsciente. Lacan dice, por ello, que “el yo es un lugar de desconocimiento”. Se refiere, por supuesto, al
desconocimiento de la verdad del sujeto del inconsciente.
El sujeto del inconsciente ($) es, pues, un efecto de la inclusión del humano en el
lenguaje, y tenemos noticia de él a partir de unas formaciones como el síntoma, el
lapsus y el sueño, es decir, a partir de producciones que son marginales respecto
del yo, que es el que se instala en la dimensión subjetiva correspondiente al
nombre y a los apellidos. El yo es el que puede decir “yo me llamo Fulano”, no así
el sujeto del inconsciente.
El sujeto del inconsciente, al contrario, se manifestaría en aquellos lapsus que
contradicen lo que cualquier Fulano quiso decir, o en una conducta como la
ferocidad sintomática de algunos Fulanos contra los homosexuales, con la cual
intentan desmentir su propia homosexualidad inconsciente, o en los sueños que
derivan en pesadillas en el momento en que se acercan a la realización de una
fantasía incestuosa.
Uno de los nombres que Lacan le da al “objeto a” es el de resto: el residuo de la
operación de constitución del sujeto. Se trata de un desecho, un desecho
precioso, ya que de una u otra manera el sujeto sigue añorando siempre eso que
queda por fuera de la dimensión significante en la que habita. La relación del niño
con sus heces puede ser un referente de un desecho preciado. Las heces son un
paradigma de aquello que nuestra cultura excluye de su orden, por ello se
inventaron los excusados. Las heces son una de las expresiones paradigmáticas
del “objeto a”.
Desde otro punto de vista, al “objeto a” lo podemos pensar como un excedente, el
rédito de la operación de la humanización. El excedente es un plus, aquello que se
puede usufructuar como ganancia una vez concluida una operación comercial;
incluso se puede asimilar a la plusvalía, que es ese excedente que el capitalista le
escamotea al proletario gracias al fetichismo de la mercancía, producto de la
división del trabajo que introduce el capitalismo. En esta perspectiva podríamos
pensar ese excedente o plus como un producto.
Otro nombre que Lacan le da a esa dimensión excluida, que constituye el objeto
“a”, es el de “falta”. Esta falta se puede pensar como la cicatriz que deja aquello
que se pierde en el ingreso al universo simbólico. También se puede entender
como la pérdida de goce, producto de la inserción de la criatura humana en el
lenguaje y, paradójicamente, eso que queda por fuera de la operación también se
puede llamar goce
El goce opera como un principio desorganizador, por oposición al efecto de
ordenamiento que implica la fundación del sujeto en el universo significante.
Se manifiesta en aquellos procesos mortíferos de disolución de las unidades
alcanzadas y de los principios de organización que mantienen la vida. En
ese orden de ideas, opera en el mismo sentido que la pulsión de muerte. El
goce, por definición, es mortífero y se hace más palpable en aquellos
cuadros clínicos en los cuales asistimos a un proceso autodestructivo en el
que las posibilidades de simbolización son especialmente limitadas, como
las toxicomanías, los cuadros psicosomáticos y algunas formas de la
anorexia y la bulimia. Las manifestaciones del goce en el campo de lo social
se pueden encontrar en las guerras, los procesos de destrucción del tejido
social, la devastación de los recursos que garantiza la vida en el planeta,
etc.
“S1” es el significante amo: es el que violenta la
materia orgánica e introduce un principio organizador
que confiere la ilusión de unidad que es necesaria al
ser humano para relacionarse con el mundo por
medio del universo significante. El funcionamiento de
este significante se puede pensar tomando como
referente al amo de la antigüedad, y en cierto
sentido, obrando en consecuencia; el yo, identificado
con este significante, opera en la subjetividad con
una vocación de soberano absoluto, aunque nunca lo
logre plenamente. Así mismo, lo que nos muestra a
diario la vida social no es otra cosa que la vocación
de tirano que se revela en todo ser humano cuando
el interjuego vincular le coloca en una posición de
poder respecto a los otros
“S2” es el significante del saber: el otro significante al
cual se remite el S1. Recordemos que los significantes
(o las representaciones) no se encuentran en el mundo
de manera aislada, sino que siempre están en relación
con otros significantes. El “S2” es el significante que
representa a la batería de los demás significantes
sobre la cual incide el “S1”, que representa al sujeto.
Recordemos también, que esa batería no es una caja
de herramientas en la que los significantes están
dispuestos, por decirlo así, en una condición neutra.
Se trata más bien de una red significante en la cual los
significantes están organizados conforme a leyes.
Cada uno tiene un lugar que está definido por su
relación con los demás significantes. Más aún, se
trata, como ya lo dijimos, de un universo significante
con una historia, una tradición, unas técnicas, unas
artes y unos saberes que pueden estar articulados
bajo la forma de mitos o ficciones científicas
“$” es el significante del sujeto dividido: recordemos que no lo debemos confundir con
el yo. Se trata del sujeto del inconsciente que opera como verdad reprimida
que constituye un determinismo fundamental en el destino de todo ser humano. El
sujeto no aparece allí donde el yo gobierna como un soberano la vida psíquica, sino
justamente donde no es el amo de su propia casa, donde aparece la anomalía, donde
la cosa no marcha, en el yerro, en el tropiezo, en el síntoma mediante el cual se deja
ver este otro escenario de la vida psíquica.
“a” es el objeto causa del deseo: es aquello insimbolizable del viviente que
queda por fuera del orden significante, en la operación mediante la cual se
funda el sujeto. O, dicho más precisamente, es lo que no alcanza a ser
capturado por ese orden simbólico. Este resto de real tendrá esa doble
condición del desperdicio y de lo precioso, y allí donde se haga inminente
su presencia será objeto de horror y fascinación.
Así, la fórmula completa de la constitución de la subjetividad queda así:
Un significante (S1) → ante otro significante (S2) S1→ S2
Representa un ($) ∆ Producto o residuo (a) $ ∆ a
En síntesis: primero, no hay sujeto sin otro. Segundo, el sujeto no tiene una
elación directa con sus otros en el campo social; esa relación está
mediatizada por un universo significante. Tercero, para dar cuenta de la
subjetividad humana se requieren por lo menos cuatro significantes: el S1 o
significante amo, el S2 o el saber, el $ o el sujeto, y el “a” o el objeto causa del
deseo. Cuarto, todo vínculo social supone por lo menos la existencia de
cuatro lugares: el del agente, el otro, a verdad y la producción; y, quinto, la
primera articulación de la subjetividad
humana toma la forma de un discurso de amo, en el cual el significante amo
(S1) está en el lugar del agente, el saber (S2) en el lugar del otro, el sujeto ($)
en el lugar de la verdad y el objeto “a” en el lugar de la producción.
agente (S1) → otro (S2)_____
verdad ($) ∆ producción (“a”)
EL DISCURSO DEL AMO
“S1” en el lugar del agente
“S2” en el lugar del otro
El “otro” del amo, su partenaire –por así decirlo-, es el siervo, que
Algunos de los significantes amo que
no es un “Otro” con mayúscula, en el sentido que pretende serlo un
aún sobreviven en el planeta son: el
amo antiguo; pero, estrictamente hablando, el siervo tampoco es
padre, el gobernante, el patrón, el
otro con minúscula, en el sentido de un semejante. El siervo no es
general. Los sujetos que socialmente
un semejante del amo, el amo no lo reconoce como a un igual. El
son investidos por estos significantes
siervo es “otro” que está en una condición de instrumento al servicio
amo, no llegan a ser siquiera un remedo de la voluntad de goce del amo.
de los amos de la antigüedad, pero en
alguna medida cumplen su función, al
Un buen siervo se define por su saber sobre aquello que hace gozar
menos en calidad de semblante; y, en
al amo. Por ello el significante que utiliza Lacan para nombrar al
situaciones límite, pueden llegar a
siervo es el “S2”, que es el significante del saber.
exhibir algunos de sus rasgos. El amo
antiguo es un “Amo” -con mayúscula-, al
Agente → otro S1 → S2
menos esa es su apuesta. El amo
moderno, a lo sumo, opera como un
El amo, en su versión más auténtica, no desea el saber en el
representante del otro, que en últimas,
sentido del filósofo, que se define por su amor al saber. El amo
en nuestros estados modernos es, por
somete el saber del “otro” que es el siervo y lo pone al servicio de
excelencia, el derecho.
su voluntad de goce.
“a” en el lugar del producto
El goce sería, pues, el producto del vínculo en el
cual un amo ocupa el lugar “dominante” de la
operación, en el sentido más literal de la palabra,
es decir, mediante la sumisión del otro. El goce,
en este caso, tendría varias versiones. La más
evidente de ellas es la plusvalía. Pero hay otras
que Freud menciona en El Malestar en la cultura,
y que se relacionan con colocar al otro en
condición de objeto de goce, verbigracia, “usarlo
como objeto sexual sin su consentimiento,
infligirle dolores, humillarlo, mortificarlo y
asesinarlo”. El goce, en este caso estaría
asociado con el reducir al otro a la condición de
un desecho y, finalmente,
desecharlo.
“$” en el lugar de la verdad
La verdad del amo es su propia castración. Es decir, allí
donde se exhibe un exceso de plenitud, certeza y
poderío, merced a su capacidad para someter al otro, lo
que está operando como verdad es todo lo contrario: una
inconsistencia fundamental, una incertidumbre y una
impotencia que son recubiertas de fuerza.
Esto se puede ver, en un plano general, en el despotismo
y las dictaduras, tanto las abiertas como las encubiertas.
EL DISCURSO UNIVERSITARIO
Hay un cierto momento en la historia de occidente en el que el mundo deja de ser regido por amos
encarnados en monarcas y empieza a ser regido por textos. Este es un paso decisivo, en el proceso cultural:
que en lugar de un soberano haya una carta magna; en lugar de un amo un libro. Es el momento en el que el
saber se coloca en el lugar del agente y se inaugura lo que Lacan llama el Discurso Universitario.
“S2” en el lugar del agente
El significante del saber (S2), como agente del vínculo, tiene múltiples versiones.
Una de ellas es el estado de derecho. Ya lo dijimos, el estado de derecho es un
amo moderno. Lacan dice que el discurso universitario no es otra cosa que una
versión moderna del discurso del amo. Es decir, los amos no desaparecen con el
nacimiento del estado de derecho, simplemente se modernizan. Más adelante
veremos que esta modernización del amo tiene que ver con una suerte de
ocultamiento.
Otras versiones del saber (S2), como agente del vínculo social son, por
excelencia, la ciencia y las instituciones educativas; y, por supuesto, la tecnología
que produce aplicaciones industriales del saber de la ciencia. Una versión reciente
del S2 son, por ejemplo, los desarrollos sobre inteligencia artificial y las nuevas
tecnologías de la información.
“a” en el lugar del otro
Entonces, el nacimiento del discurso
Vamos a examinar la estructura de esta nueva modalidad del
universitario tiene que ver con tres
vínculo social que inaugura el discurso universitario. Si el saber
revoluciones: una revolución epistémica que
es el agente, el “otro”, lo que hemos llamado su partenaire, por
funda una nueva forma de saber
definición está bajo el signo de la ignorancia; o, en todo
como la ciencia moderna, sería la revolución
caso, en una posición de falta con respecto al saber. Pero
copernicana; una revolución política,
cuyo emblema es la revolución francesa, que da también puede estar en la posición de un recurso sobre el que
ese saber opera transformaciones, como una suerte de material
lugar al nacimiento del estado de
derecho democrático liberal; y una revolución o de materia prima, en el sentido que se dice que alguien tiene
pasta o tiene madera; también, por supuesto, en el sentido en
económica, que riñe con las
relaciones amo-siervo y da lugar al nacimiento que se habla modernamente de recursos humanos. Los otros
que son interpelados por el saber, en el discurso universitario,
de un nuevo modo de producción
son por excelencia el a-lumno, definido como un sujeto en falta
que es el capitalismo. Según Lacan, el
(falta de luz) y el obrero, definido como fuerza de trabajo, es
movimiento que da lugar a estas tres
decir una mercancía. Lacan utiliza la “a” minúscula para referirse
revoluciones nace hace cinco mil años en
al otro que es interpelado por el saber (S2), en el discurso
Grecia, con la filosofía.
universitario.
“$” en el lugar del producto
“S1” en el lugar de la verdad
Esta operación mediante la cual un saber
organiza un grupo social inevitablemente
produce un malestar, o muchas formas de
malestar. Podemos decir que lo que
diferencia a unas culturas de otras no es
que unas produzcan malestar y otras no,
sino el tratamiento que le da cada cultura al
malestar que produce. Freud dedica una de
sus grandes obras El malestar en la
cultura, a tratar este problema. Este
malestar lo podemos escribir en el lugar de
la producción del discurso universitario,
debajo del lugar del otro y lo vamos a
representar con el
significante de la división subjetiva.
La verdad que está en la base del discurso universitario
es el significante amo (S1). En otras palabras: la verdad
es que el amo no ha desaparecido, solamente se ha
modernizado y el aspecto fundamental de esa
modernización es el ocultamiento. El amo moderno es
muy distinto a los sultanes orientales, que serían
versiones del amo antiguo. El amo moderno es un amo
discreto, en muchos casos anónimo. Por ello uno de los
emblemas de la modernidad son las sociedades
anónimas; y, por supuesto, los comités en los que se
diluye la responsabilidad en un colectivo sin un nombre
propio. Con este significante completamos los cuatro
términos de la estructura que constituye el discurso
universitario.
EL DISCURSO HISTERICA
En este punto es importante aclarar que el término “histérica”, en esta acepción particular que tiene en la
propuesta de “los cuatro discursos” de Lacan, no tiene la connotación restringida de lo patológico sino la
acepción amplia de aquello que “suscita el deseo” y pone en marcha la producción de saber. Las
histéricas se pueden incluir en esta modalidad del lazo social, justamente porque su síntoma se articula
de acuerdo con esta fórmula: su deseo se organiza en función de hacer desear a un “otro”, que sitúan en
el lugar de un amo; y, en esa medida, lo increpan respecto de su pretendida plenitud, lo pueden hacer
tambalear, incluso sucumbir; pero su estrategia no está en función de sustituirlo, sino de hacerlo
desear…saber.
En la modalidad de vínculo social que Lacan denomina discurso de la histérica, el deseo que está en
juego no es el exhibirse en una pretendida plenitud para someter a ese “otro” por la vía de la fuerza
(como el amo) o el adoctrinamiento (como el universitario); sino todo lo contrario, el provocarlo, a partir
de la propia falta ($), desde la propia inconsistencia, para hacerlo desear y poner ese deseo en función
de la producción de saber.
“$” en el lugar del agente
“S1” en el lugar del “otro”
El agente del discurso de la histérica es el sujeto
sintomático. Es decir, el producto del discurso
universitario. Si decimos que se trata de un sujeto
sintomático que funciona como agente de una
modalidad particular de lazo social, no debemos dejar
de emplear la expresión: “síntoma social”. Incluso
podemos preguntarnos si habrá algún síntoma que no
sea social. Es decir, en la medida en que tomamos el
síntoma como un mensaje cifrado, dirigido a un otro, lo
estamos definiendo desde el comienzo mismo como
una producción social.
Los sujetos sintomáticos, en toda organización social,
siempre increpan
fundamentalmente al orden social como un todo, al
poder o a sus representantes, aquellos que hacen el
semblante del amo.
Ya dijimos que el otro, interpelado por el agente del
discurso de la histeria es un significante amo: un
representante, un símbolo, una institución, o el orden
social mismo como un todo, en su poder de
sujetación. Por ello es que Lacan dice, a propósito del
discurso de la histérica: “eso es lo que vemos
actualmente, la ley puesta en cuestión como
síntoma”.
“a” en el lugar de la verdad
La verdad que está en la base de esta modalidad del
vínculo social que Lacan denomina “el discurso de la
Lacan dice claramente que el saber no es
histérica” es el goce. Los sujetos y los movimientos
producto de ninguna pulsión
sintomáticos confrontan el statu quo con una modalidad
epistemofílica, sino que es el producto del
discurso de la histérica. Esto es bastante claro en del goce que pretende escamotear. Una de las lecturas
el campo de las ciencias sociales. Lo que mueve posibles del malestar en la cultura, al que nos referíamos
el avance en el saber son los nuevos fenómenos más arriba, es la división sintomática experimentada por
el sujeto entre la tiranía de los ideales y las exigencias
que perturban el orden tradicional de las
pulsionales que reclaman su lugar en la subjetividad. En
instituciones y del conjunto social, es decir, los
otras palabras, la pregunta que Freud se hace a partir del
síntomas que agujerean al amo y operan como
trabajo con sus histéricas -y que aún debe ser sostenidaenigmas que ponen en marcha las empresas
científicas. Las nuevas empresas de investigación es: si los síntomas sociales no hablan en todos los casos
social en campos como la toxicomanía, la bulimia, de un “sobregiro” -como Freud le llama- de la cultura.
Es decir que allí donde aparece un fenómeno sintomático,
la anorexia, la depresión, el suicidio y otros
de la índole de los que hemos mencionado, hay que
cuadros propios de los adolescentes modernos,
preguntar ¿cuál es el rasgo de esa cultura que se
es una manifestación de este producto del
está tornando insoportable?, ¿cuál es la dimensión del
discurso de la histérica.
orden social que ha devenido insostenible?
“S2” en el lugar del producto
EL DISCURSO PSICONALÍTICO
“a” en el lugar del agente
Colocarse en el lugar del agente del discurso psicoanalítico implica renunciar a
gobernar (S1) al otro y decidir por él y, por supuesto, a colocarlo en posición de un
instrumento al servicio del propio goce. Colocarse en este lugar particular, también
implica renunciar a pretender tener el saber (S2) que al otro le hace falta y, en
consecuencia, desistir de la tentación de adoctrinarlo, concientizarlo, reeducarlo,
en fin, llevarlo a “buen puerto”. Y, finalmente, para sostenerse en el lugar del
agente del discurso analítico es indispensable renunciar a vincularse con él a
partir de la exhibición del propio síntoma ($), para ponerlo a producir saber.
Sabemos que el significante “a” remite al goce y, por tanto, a la causa del deseo.
También a la falta de objeto, que es otra manera de nombrar la causa del deseo.
Otro nombre de la “a” en la obra de Lacan es “el semblante del ser” en la medida
en que el ser es aquello que a los humanos nos falta y la falta de ser es
justamente lo que nos lanza a las redes del deseo.
$ en el lugar del otro
Interpelar a un “otro” desde el lugar de este objeto particular (“a”), implica colocarlo en el lugar del sujeto al
que este objeto divide: (“$”). El otro del analista no está en posición de siervo que sabe hacer gozar, ni en
posición de recurso humano al servicio de la explotación, ni en la posición de madera en bruto a la que da
forma la mano del maestro, ni en la posición de amo al que hay que interrogar, desafiar o agujerear. El otro
que es interpelado por el agente del discurso psicoanalítico es el sujeto del malestar en la cultura, el sujeto
que con sus síntomas denuncia que algo en la cultura no anda bien, el sujeto que puede articular su malestar
bajo la forma de una pregunta.
Agente → otro a → $
Sin que esto implique deslizarnos hacia humanismos ingenuos, debemos admitir que de los cuatro agentes
mencionados, el que interpela al “otro” en una posición más acorde con la dignidad de lo humano es el agente
del discurso psicoanalítico. El que el “otro” esté en la posición de sujeto implica que es reconocido por el
agente en su particularidad irreductible y que desde allí se espera de él una producción original.
“S1” en el lugar del producto
La producción en todos los discursos la hace el “otro”, pero es impensable sin la
incidencia del “agente” sobre él. Si el “otro” está rigurosamente en una posición de
sujeto, su producción no puede ser del orden de la serie; tiene que ser, por fuerza,
algo singular; es decir, justamente aquello que le confiere valor, en el sentido en
que Saussure habla del valor lingüístico, aquello que lo diferencia de los otros.
Lo que se espera como efecto de la operación analítica es que el sujeto produzca
su propio nombre. Esta producción se puede entender, de acuerdo con la
concepción tradicional del análisis, como que se logre desentrañar, vía la
asociación libre el significante amo que rige su destino como escritura
inconsciente. Esta producción permite al sujeto reconocerse en aquello que le es
más propio, más íntimo; y, que en virtud de la enajenación defensiva, había
devenido lo más ajeno. Hacer consciente lo inconsciente significa apropiarse de
un saber que no se sabe, pero que es un saber propio. Producir el propio nombre
se puede entender también en el sentido de articular una respuesta original y
acorde con el propio deseo a la pregunta por el ser. Hay que insistir en que esta
respuesta no implica una denegación de las marcas de la propia historia, todo lo
contrario, es con ellas con las que se construye la propia marca.
“S2” en el lugar de la verdad
En otras palabras, la
pregunta sería si existirán
Lacan dice que un saber en el lugar de la verdad no puede ser otra cosa que un
otras coordenadas de la
mito. El mito, como sabemos, tiene la virtud de cernir la verdad bajo la forma de
experiencia social en las que
un medio decir. Ciertamente hay un saber que está en la base del discurso
se pueda encontrar algo o a
analítico, pero no se trata de un saber hacer gozar, ni un saber hacer marchar la
alguien que desde el
cosa, ni un saber por qué la cosa no marcha; sino un saber de los límites y los
lugar del semblante del
efectos de los saberes de los discursos que mencionamos anteriormente.
objeto que causa el deseo
(“a”) interpele a un sujeto
(“$”) que es dividido por ese
agente
objeto (del cual se hace
→ ___otro____ a_ → $_
semblante) y gracias a esa
verdad ∆ producto S2 ∆ S1
interpelación este sujeto
Ciertamente el saber hacer del analista y el saber abstenerse de deslizarse hacia puede parir su propio amo
el lugar del amo, del pedagogo o del amado, implica para éste, saber que sobre la (“S1”), es decir,
confrontarse
verdad particular de la relación de cada sujeto con la sexualidad y con la muerte
no es posible saber, a priori, ni llegar a saberlo todo; y que, por lo tanto, ese saber con el verdadero señor de
su casa.
es siempre un saber que sólo puede ser construido por el sujeto mismo en la
experiencia analítica.
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