Vínculo temprano II
OBJETIVOS
• lo transicional: objeto transicional. Funcionamiento psíquico
• el ser humano, entre lo orgánico y lo simbólico: relación entre el cuerpo y el psiquismo
• la construcción de los límites
• la formación inicial del Yo
• múltiples reordenamientos de lo edípico, renovado en cada etapa de la vida
• el vínculo temprano en el contexto de la familia
• maternidad y paternidad
Lo transicional: un modo de funcionamiento psíquico
• objeto transicional: un objeto material (muñeco de peluche, a veces el chupete, etc.) al cual un
niño o niña pequeños, se apegan
• tiene funciones psicológicas importantes: al ir a dormir, cuando están o se sienten solos, o al
enfrentar algo desconocido, algo nuevo, algo que puede dar temor, etc..
• sustituye ciertas funciones de la madre, cuando ella está ausente. Pero también, aún si está
presente, pero el niño está en una dinámica de desarrollo hacia una mayor independencia
• es una fuente de placer y de seguridad para el niño que suele apretarlo, tenerlo cerca y hablarle.
Forma parte de un área intermedia entre él mismo y otra persona o entre él mismo y la realidad:
esto significa que se trata de una manera de funcionar psíquicamente
• es a la vez objetivo porque se constituye sobre un objeto real, y subjetivo por que se le dan y
atribuyen funciones en el campo de la imaginación (D. Winnicott) y participa de la dinámica
emocional, se hace indispensable en cierto momentos. Se abandona cuando el niño madura:
simplemente pierde su significado, no debe hacer duelo por él
• los adultos pueden conservar algo de este funcionamiento psíquico, como una necesidad frente a
dificultades de diverso tipo
Lo transicional: un modo de funcionamiento psíquico
• el objeto transicional es un precursor simbólico: con ellos, el niño a empezar a desarrollar la capacidad de
usar símbolos
• la función de lo simbólico es, a la vez, la de reemplazar a un objeto ausente, y al mismo tiempo favorecer
el reencuentro con el objeto, al cual representa. Pero este reencuentro es en el plano simbólico, el objeto
original ya no está. El nivel simbólico solo se alcanza cuando se pudo aceptar la ausencia del objeto
(renunciar a él, haciendo el duelo)
• en todas las etapas de la vida, el juego, lo lúdico, implican un funcionamiento transicional. Lo transicional recordémoslo- no es el objeto sino el uso que se hace de él
• el empleo positivo de lo transicional incluye al juego, la creatividad, la fantasía, el arte y el soñar, etc.
• el empleo negativo de los objetos transicionales: por ejemplo, el fetichismo, la mentira, los robos, las
adicciones, el talismán de los rituales obsesivos, el objeto acompañante de las fobias, por el otro
• en estos casos, el uso del objeto persiste y su sentido no es el de servir a elaborar la ausencia del objeto
original (la madre, por ejemplo), sino a negarla. Son usos patológicos, en el marco de una patología psíquica
Entre lo orgánico y lo simbólico
• los factores que inciden en lo psíquico son siempre múltiples, variados, de distinta
naturaleza, combinados de maneras absolutamente singulares, es decir, únicas en cada
sujeto y en cada situación
• el cerebro organizó parte de su estructura a partir del estímulo de los vínculos en cuyo seno
se desarrolló
• es decir, lo “orgánico” que nos define cerebralmente, contiene huellas de relaciones
afectivas. La mayoría de ellas se reflejará en representaciones, en imágenes que quedarán
en lo inconciente
• estas se podrán expresar en recuerdos, en sueños, en síntomas físicos, en maneras de
sentir, de conducirse, de pensarse
• todo ese conjunto en parte, también toma forma (se organiza), a partir del lugar familiar que
se ocupa en cada período de la vida
La construcción de los límites
• el primer límite del que se puede tener experiencia, es el de una piel, de un cuerpo contra el propio
• cuando el bebé y su madre se miran, si se trata de una mirada placentera y amorosa, pueden
experimentar una sensación de fusión de uno en el otro, de una relación sin límite entre ambos
• esa experiencia de fusión amorosa, contiene al bebé en un estadio del desarrollo anterior a la posibilidad
de diferenciarse del “afuera”, de los objetos externos
• de hecho, en poco tiempo se inicia el desarrollo de esa diferencia en el psiquismo del bebé, que lo lleva
hacia la posibilidad de reconocerse y reconocer a la madre como separada de él. La experiencia de la
separación conlleva una angustia, suya intensidad varía en cada caso
• la experiencia de la fusión también contiene una parte de límite. Si se la puede oponer a la falta de
mirada, que expone a un vacío que no permite al bebé ninguna construcción de sí mismo
• el contacto con la madre permite al bebé interiorizar algo sobre “quien es él”, en base a lo que hereda: la
familia a la que pertenece, la historia familiar, qué se esperará de él
• todo esto está presente desde antes del nacimiento, y comienza a transmitirse desde los primeros
momentos de la vida, aún sin palabras y sin que la madre tenga necesariamente una clara conciencia del
hecho
La construcción de los límites
• los límites cumplen con una función fundamental, estructurante, es decir, que da forma a lo psíquico. Lo
contrario es la falta de límites: esto remite al vacío (que como veremos luego, puede llenarse de elementos
variados: básicamente, impulsos no elaborados)
• el límite tiene una función compleja, debe entenderse como una frontera con por lo menos dos caras: una que
pone un tope que restringe pero a la vez protege, otra que forma parte de aperturas, de “salidas” o “accesos”
hacia otras posibilidades
• en el marco del vínculo temprano con conexión emocional, la presencia de los adultos cerca del bebé, incluye
límites estructurantes. Estos se ponen en juego a través de todas las formas que toman las relaciones
• un elemento esencial, es que el adulto mismo “tenga límites”, es decir, que tenga la capacidad de contener sus
propias emociones e impulsos, y se pueda relacionar con el bebé sobre la base de reconocerlo en sus
necesidades, deseos, conflictos y posibilidades
• cuando no es así, están dadas las condiciones para que el vínculo con el adulto, que podría servirle al bebé para
la construcción de su psiquismo, resulte traumático, destructivo
• sin embargo, no siempre lo traumático se transmite de una manera visiblemente traumática, sino que en
muchos casos, alcanza con que no se perciba la necesidad de algún filtro particular, que resultaría protector
La formación inicial del Yo
• distintos autores sostienen un debate, acerca de si el Yo nace desde lo interior, o si tiene un origen
exterior, del que el bebé se apropia y puede hacer suyo
• para S. Freud, así como la pulsión es el elemento central de lo inconciente, la percepción lo es del Yo.
Con esa afirmación, da un lugar central a lo percibido (que es externo), en la formación del Yo
• un discípulo de Freud, Jaques Lacan, propuso el concepto de “estadío del espejo”: el niño puede
captar su imagen en un espejo (desde aprox. los 6 meses), mucho antes tener el control
neuromuscular de su cuerpo, mientras lo mira reflejado en un espejo
• esta imagen será parte formadora de la función de su Yo (cuyo origen incluye además, factores de
otra índole), combinada con lo sensorial y lo experiencial
• este concepto es importante porque introduce un parámetro, en la formación inicial del Yo, que no es
parte de la relación con otro ser humano (madre, padre, etc.), aunque sí de la experiencia corporal (la
del mirar la propia imagen)
Los cambios en la pareja, el rol del padre
• el primer hijo en especial, impone a los padres noveles el asumir roles familiares, de madre y padre.
Esto exige una reelaboración de los conflictos edípicos, desde el nivel en que se hallen
• conflictos subyacentes, no suficientemente elaborados, pueden no haberse manifestado
sintomáticamente, entre la finalización de la adolescencia y el inicio de la vida familiar propia
• la llegada del primer hijo estimula una movilización de los mismos, que puede derivar en crecimiento
psíquico. Pero si hay una crisis emocional importante, pueden presentarse síntomas que revelen
conflictos tempranos aún no elaborados
• en la primera etapa, madre y bebé forman una díada. La madre, en los mejores casos, está casi
enteramente dedicada al niño y necesita que el padre cumpla con una función de sostén de ambos
• esto exige al padre una gran renuncia, respecto de la satisfacción de haber tenido a su mujer “toda
para él”, antes del nacimiento del niño
• para poder compartirla con el hijo, debe poder aceptar ser en parte desplazado, a cambio del
enriquecimiento de ser padre
• pero si lo edípico infantil no fue suficientemente superado, hará eclosión en forma de rivalidad y celos
con el bebé, además de conflictos de pareja
Maternidad y paternidad
• es decir, lo “edípico” se pone en juego y va modificando su contenido en cada etapa de la vida, en
cada una de las distintas situaciones que se atraviesan en relación a los lugares familiares
• lo mejor para los hijos, es que puedan disfrutar de un vínculo que sea a la vez de intimidad con los
padres, pero en un marco simbólico. La conflictiva entre padres e hijos, se plantea siempre en
ambos niveles
• el marco simbólico está dado, en parte, por el hecho de que los hijos, son, a la vez, nietos de los
abuelos, y serán padres de los nietos de sus padres. Es decir, la pulsionalidad está “enmarcada” por
múltiples vínculos simultáneos, aún si algunos demorarán en realizarse. Estos operan a la manera de
la función paterna
• lo simbólico implica una aceptación de la ausencia del objeto original, y un reencuentro con él en ese
nuevo marco
• “marco simbólico” en el contexto del cambio familiar por la llegada del bebé, significa que el vínculo
debe incluir a otros (por ejemplo, los hijos son los nietos de los propios padres, etc.): el conjunto
cumple con la “función paterna”
• el primer nivel de dicha función es la de diferenciar los vínculos, ejerciendo de este modo una
separación, al poner el límite involucrado en el sentido particular a la situación. Es decir, marca el
cambio de la díada a la triangulación, con distancia al objeto
• lo contrario de las relaciones enmarcadas (ordenadas, limitadas) por lo simbólico, es la confusión, el
exceso de fusión, que llevan a la dificultad o imposibilidad de tomar formas propias la identidad, con
las separaciones (los límites) indispensables para el desarrollo de la propia autonomía
El marco de los vínculos familiares
• proximidad de la maternidad: un desafío para la mujer y para el futuro padre. Pone a prueba a la pareja,
que afrontará un cambio irreversible. Con el primer hijo, la pareja se transformará, para devenir familia;
un momento realmente crítico, por lo que está en juego en ese pasaje
• puede derivar en un fortalecimiento del vínculo de pareja, en su deterioro o aún en ruptura. Implica
asumir identificaciones que con los padres que podían no haberse hecho conflictivas antes, encubiertas
por el proceso adolescente
• en los casos en que un padre tiene una vulnerabilidad por la que necesita reaseguramientos por parte del
vínculo de pareja, la necesidad de cederle lugar a la díada y al hijo puede resultar emocionalmente muy
difícil, si no imposible
• en esos casos, el vínculo suele no poder realizar los cambios necesarios. El nacimiento del primer hijo, o
de alguno de los siguientes, puede ser ocasión de infidelidades, sobre todo por parte del padre
• la modalidad tradicional propone una maternidad más inclinada a lo íntimo y una paternidad más simbólica,
con menos intimidad. Pero esto es solo un modelo, la realidad depende de las características de cada
vínculo
• con cierta frecuencia, los padres y madres abandonan parte del terreno erótico de la relación de pareja
y se instalan en el de la maternidad y paternidad
• en algunos casos, se intensifica la posesividad respecto de los hijos, evidenciando la primacía de un
impulso, una pulsión de carácter anal, y una falta de límite al mismo (menor incidencia de lo edípico, que
implica la triangulación, menor valor simbólico)
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