PERFIL E IDENTIDAD DEL
PROFESOR DE RELIGIÓN
Expositor:
MONS. CARLOS PELLEGRIN BARRERA
Obispo de Chillán,
Presidente Área Educación de la CECh
INTRODUCCIÓN
La enseñanza de la
religión en los planes y
programas de estudio,
aporta una dimensión
formativa esencial a los
niños y jóvenes, y permite
la dimensión espiritual
que es parte integral a la
trascendencia que posee
todo ser humano.
La posibilidad de impartir religión en
los colegios se ha constituido para
nuestra Iglesia en un potencial
evangelizador de incalculable valor.
De lo anterior se concluye la gran
importancia que tiene para la Iglesia
la formación de buenos profesores
de religión.
La Conferencia Episcopal de
Chile
siempre
ha
reconocido, y admirable la
esforzada entrega de los
profesores de religión, que
muchas veces de una forma
anónima
y
silenciosa
dedican toda su vida a
entregar la Buena Nueva de
Jesucristo en la escuela.
Frente a la situación que
nos presenta el mundo
actual, es imperativo que
los profesores de religión
sean bien formados en
torno a métodos
modernos y técnicas de
enseñanza pedagógica,
impregnada de la
experiencia de tantos años
y de la novedad que
mejora su desempeño.
El pilar fundamental del
profesor de religión debe ser
su profunda fe, y vivencia
personal del Evangelio de
Jesucristo, y de las
enseñanzas de la Iglesia.
Una rica y equilibrada
personalidad humana con un
proyecto de vida centrado
en Cristo, hará posible y
creíble el testimonio del
profesor de religión.
Como discípulo y
misionero de Jesucristo,
el profesor de religión
está llamado a ser un
testigo del Señor entre
sus alumnos y en la
escuela.
I. El perfil del profesor de Religión
Es
importante
comenzar
subrayando la importancia que
tiene la escuela católica, que
encuentra
su
identidad
y
fundamento en Jesucristo.
Los criterios y principios de la
Buena Nueva de Jesucristo se
convierten para el profesor de
religión, en las normas educativas,
motivaciones interiores y al mismo
tiempo en metas finales de su
tarea.
Su misión fundamental será
proponer a la persona de
Jesucristo,
como
la
alternativa que eleva y
ennoblece a la persona
humana, dándole auténtico
valor a su existencia y
constituyéndose
en
el
perfecto ejemplo de vida
como la mejor noticia para la
humanidad.
Los procesos educativos son
siempre dinámicos, como
dinámica se presenta la
realidad sociocultural en
que se enmarca. Este
dinamismo exige actualizar,
reordenar, preocuparse de
adecuar a las nuevas
circunstancias la educación
de la fe en la clase de
religión.
El profesor de religión, a ejemplo de
Jesús, está llamado a ser profeta, será
un hombre que camina en contra
corriente, si es necesario, dando
testimonio con valentía de los
principios que profesa.
Su adhesión al Maestro Jesús, y el
seguimiento de sus enseñanzas,
implica control de las propias
inclinaciones naturales y mucha
libertad para no aceptar lo que el
ambiente considera normalmente
válido, pero que va en contra de la
Palabra de Cristo.
La enseñanza de la religión no
puede
ser
una
mera
transmisión de información,
comunicación de valores,
como si fuera un código de
moral que se traspasa y que
se recibe por parte de una
cultura recipiente.
En el mundo de hoy, la
libertad imprime en las
personas el deseo de elegir
qué quieren obedecer.
El profesor de religión no
puede paralizarse, más bien
descubrir en los signos de
los tiempos una llamada del
Espíritu Santo a dar una
respuesta basada en el
Evangelio, a esa búsqueda
de sentido de tantos niños y
jóvenes.
La globalización, parte de nuestra
existencia presente, podría
facilitar la posibilidad de una
conversión personal y profunda,
especialmente entre los jóvenes y
los niños. Son ellos los que
experimentan un mundo caótico,
efímero y contingente, y que
frente al peligro de la
desintegración personal buscan
una respuesta válida; respuesta
que podemos entregar en la clase
de religión.
II. Obstáculos que enfrenta el profesor de religión
El profesor de religión se enfrente a una
realidad que no siempre favorece el
alcance de sus objetivos:
• Existe una falta de valoración por parte de
alumnos, aún por parte de directivos de los
colegios, a la asignatura.
• Existe poca colaboración por parte de los
padres de familia, especialmente en los
colegios no confesionales.
• Muchas familias se ven afectadas por una
crisis en su vida más íntima, la que es causa
de indisciplina y problemas en la escuela.
• Existe abuso o utilización
mañosa de la “optatividad”
por parte de algunos
sostenedores de colegios no
confesionales.
• En varios establecimientos el
profesor de religión debe
impartir su clase a los
alumnos que han optado por
ella, en presencia de quienes
no lo han hecho, lo que
dificulta el control de la clase
y la entrega de sus
contenidos.
El ambiente cultural distractor
hace difícil obtener la atención
de los alumnos tantas veces
distraídos por los medios de
comunicación.
Existe escasez de material
didáctico
y
de
recursos
metodológicos atractivos y
motivantes, en la mayoría de
nuestros colegios, aún los de la
Iglesia.
• La falta de buenas opciones para
formar a un profesor de religión,
va en desmedro del ejercicio de la
profesión, de su estabilidad laboral
y de su autoestima.
• La escasa retribución económica,
que es común a todo el
profesorado, se acentúa en los
casos del docente de religión.
III. Identidad del profesor de religión
Poniendo toda su confianza
en la fuerza del Espíritu
Santo, el profesor de
religión está llamado a un
empeño permanente por
lograr una personalidad rica
y equilibrada, abundante
en cualidades humanas
básicas.
El camino al que están llamados,
es el camino de la santidad, esa
debe ser su meta y objetivo
personal. Para ello cuentan con
la gracia de Dios. Su propio
proyecto
de
vida
es
fundamental
para
una
coherencia entre el ser y el que
hacer; tal proyecto debe tener a
Cristo como el centro.
Un requisito fundamental del
profesor de religión es que
debe ser una persona de
Iglesia.
La
fidelidad
y
adhesión irrestricta a los
pastores, y a las enseñanzas
del magisterio, le dará la
seguridad de que está en
comunión con la Iglesia,
enseñando lo que la Iglesia
enseña.
En su esfuerzo por llevar a los
niños y jóvenes a un encuentro
real con el Evangelio, el profesor
de religión no puede restar
importancia a un esfuerzo por
conocer la cultura real de ellos. Es
necesario que esté familiarizado
con las costumbres, los criterios
de vida, las angustias y
necesidades, las esperanzas de
sus alumnos, familias y del
ambiente en que viven.
La alegría será una
característica
fundamental, contagiosa,
espontánea,
y
compartida con los niños
y con los jóvenes. Ver a
su profesor feliz, será
siempre una invitación a
buscar la felicidad plena
por los caminos que
propone
el
mismo
docente.
Conclusión
Dijo Jesús a sus discípulos:
“La cosecha es abundante,
pero los trabajadores son
pocos. Rueguen al dueño
de los sembrados que
envíe trabajadores para la
cosecha” (Mt. 9: 35-38).
En los liceos, colegios y
escuelas, son muchos los niños
y jóvenes que esperan la
proclamación del mensaje de
Jesucristo. Son los profesores
de religión las personas
invitadas a trabajar en la viña
del Señor.
El Señor, a través de su Iglesia,
los envía a transformar la
escuela, con la fuerza del
Evangelio, “a predicar no así
mismos, a sus ideas personales,
sino un Evangelio del que ni ellos
ni ellas son dueños y
propietarios absolutos para
disponer de él a su gusto, sino
ministros para transmitirlos con
suma fidelidad”
(Evangeli Nuntiandi Nº 15).
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Perfil e Identidad del Profesor de Religión