CATEQUESIS 7
¿CÓMO PODEMOS
HABLAR DE DIOS
EN NUESTRO
TIEMPO?
* La cuestión central que planteamos:
¿CÓMO HABLAR DE DIOS EN NUESTRO TIEMPO?
¿CÓMO COMUNICAR EL EVANGELIO?
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* Dios es una realidad en
nuestra vida; tiene tiempo
para ocuparse de nosotros.
* Jesús de Nazaret es el
rostro de Dios que ha bajado
a sumergirse en nuestro
mundo y enseñarnos el “arte
de vivir”, el camino de la
felicidad.
* Jesús ha venido para
salvarnos, para mostrarnos la
vida nueva del Evangelio,
para liberarnos y hacernos
hijos de Dios.
* Hablar de Dios
es llevar a las
gentes de
nuestro tiempo
un Dios
concreto, que
existe, que ha
entrado y está
presente en
nuestra historia.
No podemos
quedarnos en
ideas abstractas
o hipótesis
sobre Dios.
* Presentamos
al Dios de
Jesucristo como
respuesta a la
pregunta vital a
cerca del por
qué y cómo vivir.
* Hablar de Dios
nos exige
familiaridad con
Jesús y su
Evangelio, un
conocimiento
personal y real
de Dios y una
fuerte pasión
por su proyecto
de salvación
* No caigamos en la
tentación del éxito.
Acojamos el
método propio de
Dios: la humildad,
manifestada en la
Encarnación,
cuando Él se hace
uno de nosotros en
la gruta de Belén,
en la vida
escondida de
Nazareth; la
humildad
expresada en la
parábola del grano
de mostaza.
* No temamos la humildad de
los pequeños pasos, de la
levadura que, poco a poco,
fermenta la masa y la hace
crecer.
* Al hablar de Dios
en la
evangelización,
guiados por el
Espíritu Santo,
debemos recuperar
la sencillez y volver
a lo esencial de la
Buena Noticia: Dios
es real y concreto;
Dios se interesa por
nosotros, se hace
cercano a nosotros
en Jesucristo, da la
vida
* San Pablo nos ilumina a
cerca de “cómo hablar de
Dios”.
“Cuando vine a vosotros a
anunciaros el misterio de Dios, no
lo hice con sublime elocuencia o
sabiduría, pues nunca entre
vosotros me precié de saber cosa
alguna, sino a Jesucristo, y éste,
crucificado” (1Cor 2, 1-2)
* San Pablo no
habla de una
filosofía que él ha
desarrollado, de
ideas propias.
Habla de algo
más vital: de alguien
con quien se ha
encontrado y ha
entrado en su vida,
de Cristo crucificado
y resucitado.
* San Pablo no busca crearse un
grupo de discípulos, de
seguidores suyos. Él habla de
Jesucristo y quiere ganar a las
personas para Dios; ese Dios
que ha entrado en su vida, que
le ha conquistado en el camino
de Damasco.
* Hablar de Dios es
dar espacio a Aquel
que nos lo da a
conocer, ofrecer
nuestra vida a Cristo
para que Él gane a
los otros para Dios.
Hablar de Dios parte de
nuestra escucha, de
nuestro conocimiento de
Dios que se realiza en la
familiaridad, en la
oración y en una vida
según los mandamientos.
* Comunicar la fe es
compartir abierta y
públicamente lo que
hemos visto y oído en
el encuentro con
Cristo: nuestra
experiencia, la
transformación que
ha producido en
nosotros ese
encuentro.
*Comunicar la fe es llevar a Jesús,
presente en nuestra vida y que se ha
convertido en la orientación de nuestra
existencia, para que también otros
comprendan que Él es necesario para el
mundo y para la verdadera libertad
personal.
* Para hablar de Dios hay
que darle un espacio para que
sea Él quien actúe en nuestra
debilidad.
La experiencia y el
comportamiento de San Pablo
no se queda en palabras sino
que abarca toda su existencia.
* Cuando le damos
espacio, sin miedo,
con sencillez y
alegría, poniéndole a
Él en el centro,
nuestra
comunicación será
mucho más
fructífera.
* Las comunidades cristianas están llamadas a
manifestar la transformación que ha producido en
ellas la gracia de Dios.
Individualismos, cerrazones, egoísmos,
indiferencias, deben ser desterrados, para dar lugar a
una vida comunitaria presidida por el amor a Dios.
Somos anunciadores de Jesucristo; no nos
anunciamos a nosotros mismos.
* Jesús habla del
Padre y del Reino
con una mirada
compasiva a la
realidad en la
que vive, a los
malestares y
dificultades de la
existencia
humana.
* Jesús está en contacto con la
realidad y afirma que nuestra vida es
válida para Dios.
Jesús nos hace caer en la cuenta de
que en el mundo y en la creación se
transparenta el rostro de Dios; que está
presente en las historias cotidianas de
nuestra vida.
* El Jesús del evangelio se interesa por las situaciones humanas, se mete en ellas y
confía en la ayuda del Padre.
Dios está presente en el mundo y, si estamos atentos, podremos encontrarle.
* La gente, los más cercanos y los más extraños, oyen y ven actuar a Jesús y entienden
que en Él se hace presente la acción del Espíritu Santo, la acción de Dios.
* En Jesús, palabra y acción se entrelazan y parten de su relación profunda con el
Padre.
También los cristianos debemos vivir la fe y la caridad de tal manera que aquello que
decimos con las palabras sea creíble.
* Debemos estar atentos a los signos de los tiempos, saber identificar la cultura
actual con sus potencialidades y obstáculos y ofrecer sin miedo la respuesta de la fe en
Dios.
* Necesitamos de la fantasía, animada por el Espíritu Santo, para encontrar nuevos
caminos, personales y comunitarios, que ofrezcan el Evangelio como sabiduría de vida y
orientación de la existencia.
*Es un lugar privilegiado.
Es la primera escuela para comunicar la fe a los hijos.
Los padres son los primeros mensajeros de Dios . (Vaticano II)
* Los padres deben redescubrir su misión y asumir sus responsabilidades en la
educación de la fe de sus hijos.
Abrir sus conciencias al amor de Dios es la mejor aportación que pueden hacer.
Ellos son los primeros catequistas y maestros de la fe
* Con frecuencia la fe de los hijos está sometida a una serie de condicionamientos
externos a la familia.
Los padres deben estar atentos para hacer surgir el tema de la fe y ayudar con la
reflexión crítica a los diversos interrogantes religiosos que se presentan.
* Si. además, la fe se vive en la familia con alegría, lo cual no significa que hay que
esconder el dolor, el sufrimiento, la fatiga, ni siquiera la muerte, encontraremos los
criterios necesarios para vivir desde la esperanza cristiana.
* Vivir el Evangelio es ser capaces de ver las situaciones de la vida con la mirada
siempre nueva de los ojos de Dios.
* No puede faltar en la familia la capacidad de
escucha y diálogo; debe ser el ambiente en el que
se aprende a estar juntos.
El diálogo, hecho escucha y palabra, ayuda a
superar dificultades.
La escucha y el diálogo fortalecen la
comprensión y el amor para que sea signo del amor
misericordioso de Dios.
* Hablar de Dios es hacer comprender con
la palabra y la vida que Dios no es un rival de
la existencia humana, sino el garante de la
grandeza del hombre.
* Hablar de Dios es comunicar
con fuerza y sencillez, con la palabra
y la vida, lo esencial: el Dios de
Jesucristo.
* Hablar de Dios es hablar
de un Dios que nos ha
manifestado un amor tan
grande que es capaz de
encarnarse, morir y resucitar
por nosotros.
* Hablar de Dios es
seguirle, dejarse transformar
por su amor y que esto
renueve nuestra vida y
nuestras relaciones.
* Hablar de Dios es acoger a ese Dios que nos ha dado la Iglesia para caminar juntos y,
a través de la Palabra y los Sacramentos, hacer de la Ciudad de los hombres la Ciudad de
Dios.
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