28 de junio 2009
13 Domingo
Tiempo Ordinario –B-
Cantos juglares
Sb 1,13-15; 2:23-24
Pues Dios no ha hecho la muerte,
ni se complace en el exterminio de los vivos.
El lo creó todo para que subsistiese,
y las criaturas del mundo son saludables;
no hay en ellas veneno de muerte,
ni el imperio del abismo reina sobre la tierra.
Porque la justicia es inmortal.
Dios creó al hombre para la inmortalidad,
y lo hizo a imagen de su propio ser;
mas por envidia del diablo entró la muerte en el
mundo, y tienen que sufrirla los que le pertenecen.
Dios crea al ser humano a su imagen.
Salmo 29
Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado.
Yo te alabo, Señor, porque me has librado,
no has dejado que mis enemigos se rían de
mí.
Tú, Señor, me libraste del abismo,
me reanimaste cuando estaba a punto de
morir.
Te ensalzaré, Señor, porque
me has librado.
¡Cantad al Señor, fieles suyos,
dad gracias a su santo nombre!
Porque su ira dura un instante;
y su favor, toda la vida:
por la tarde nos domina el llanto,
por la mañana todo es júbilo.
Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado.
¡Escucha, Señor, ten compasión de mí,
Señor, ven en mi ayuda!
Tú cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por
siempre.
2C 8,7, 9, 13-15 Puesto que sobresalís en todo: en
fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud
y hasta en el cariño que os profesamos, sed también
los primeros en esta obra de caridad. Pues ya conocéis
la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual,
siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para
enriqueceros con su pobreza. Y tampoco se trata de
que, para alimentar a otros, vosotros paséis
estrecheces, sino de que, según un principio de
igualdad, vuestra abundancia remedie en este
momento su pobreza, para que un día su abundancia
remedie vuestra pobreza. De este modo reinará la
igualdad, como dice la Escritura: A quien recogía
mucho, no le sobraba; y al que recogía poco, no le
faltaba.
Corinto
Evangelio, Mc 5:21-43
2Tm 1:10b Jesucristo, nuestro
salvador,destruyó la muerte y
sacó a la luz la vida, por medio
del Evangelio.
Cafarnaún, población donde vivía Simón Pedro.
Mc 5:21-43 Al regresar Jesús, mucha gente se aglomeró junto a él a la
orilla del lago. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado
Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia,
diciendo:
–Mi niña está agonizando; ven a poner las manos sobre ella para que se
cure y viva.
Jesús se fue con él. Mucha gente lo seguía y lo estrujaba. Una mujer que
padecía hemorragias desde hacía doce años, y que había sufrido mucho
con los médicos y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno,
yendo más bien a peor, oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la
gente y tocó su manto. Pues se decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus
vestidos, quedaré curada».Inmediatamente se secó la fuente de sus
hemorragias y sintió que estaba curada del mal. Jesús se dio cuenta en
seguida de la fuerza que había salido de él, se volvió en medio de la gente
y preguntó:
–¿Quién ha tocado mi ropa?
Sus discípulos le replicaron:
–Ves que la gente te está estrujando ¿y preguntas quién te ha tocado?
Pero él miraba alrededor a ver si descubría a la que lo había hecho. La
mujer, entonces, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había pasado,
se acercó, se postró ante él y le contó toda la verdad.
Lago de Genesaret.
Jesús le dijo:
–Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu mal.
Todavía estaba hablando cuando llegaron unos de casa del jefe de la
sinagoga diciendo:
–Tu hija ha muerto; no sigas molestando al Maestro.
Pero Jesús, que oyó la noticia, dijo al jefe de la sinagoga:
–No temas; basta con que tengas fe.
Y sólo permitió que lo acompañaran Pedro, Santiago y Juan, el hermano de
Santiago.
Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y, al ver el alboroto, unos que
lloraban y otros que daban grandes alaridos, entró y les dijo:
–¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.
Pero ellos se burlaban de él. Entonces Jesús echó fuera a todos, tomó
consigo al padre de la niña, a la madre y a los que lo acompañaban, y entró
adonde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo:
–Talitha kum (que significa: Niña, a ti te hablo, levántate).
La niña se levantó al instante y echó a andar, pues tenía doce años.
Ellos se quedaron atónitos. Y él les insistió mucho en que nadie se
enterase de aquello, y les dijo que dieran de comer a la niña.
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