Tú me preguntas, hijo mío, por qué es
diferente esta noche de todas las noches.
Por qué todas las noches comemos jamets
y matzá, y esta noche solamente matzá.
Por qué todas las noches comemos
verduras diversas, y esta noche solamente
maror.
Por qué mojamos los alimentos dos veces.
Porque comemos reclinados.
Yo te agradezco, hijo mío. Te agradezco por
preguntar. Porque si me preguntas, no puedo
olvidar; si indagas, no puedo permanecer callado.
Hijo mío, por tu voz inocente habla nuestra
conciencia. Tu voz me conduce a la verdad.
¿Por qué es diferente esta noche de todas las
noches, hijo mío?
Porque esta noche recordamos
Recordamos a los que fueron esclavos en Egipto,
aquellos sobre cuyas espaldas restallaba el látigo
del faraón.
Recordamos el hambre, el cansancio, el sudor, la
sangre, las lágrimas.
Recordamos el desamparo de los oprimidos frente
de los poderosos.
Recordamos con alivio: es el pasado.
Recordamos con tristeza: es el presente.
Todavía existen faraones. Todavía existen esclavos.
Los Faraones modernos no construyen pirámides, pero construyen estructuras de poder e
imperios financieros. Los faraones modernos ya casi no recurren al látigo; someten
corazones y mentes mediante técnicas sofisticadas.
Sus esclavos se cuentan por millones en este
mundo en que vivimos. Son los negros privados
de sus derechos en África del Sur; son los
poetas que no pueden publicar sus versos en
Cuba; son los inmigrantes a quienes, en Europa,
les está reservado el trabajo más pesado y la
hostilidad de los grupos fascistas; son los
refuseniks soviéticos que claman por su
identidad; son las mujeres y jóvenes
fanatizados por el régimen del ayatolá iraní;
son los presos políticos de Chile; son los
famélicos del noroeste brasileño; son los
chicos que mueren por docena de enfermedad
o hambre en el norte argentino; son las
poblaciones indígenas exterminadas
lentamente en tantos lugares; son los obreros
explotados y los campesinos sin tierra.
Para éstos, no llegó todavía su Tierra Prometida.
Para ellos la vida sigue siendo tan amarga como el maror.
También a ellos los recordamos esta noche, hijo mío.
Con ellos repartimos, en la imaginación, nuestro trozo de matzá.
No seas como el ingenuo, que ignora los dramas de su mundo.
No seas como el perverso, que los conoce, pero no hace nada para modificar la situación.
Pregunta, hijo mío, pregunta todo lo que
quieras saber: la duda es el camino
hacia el conocimiento.
Pero cuando llegues a sabio, procura
emplear tu sabiduría en beneficio de los
demás. Repártela, como hoy
repartimos nuestra matzá. Sigue el
consejo de nuestros sabios y recuerda
la salida de Egipto no sólo en la noche de
Pesaj sino en todos los días de tu vida.
Extraído de:
Un seder para nuestros días
Maocyr Scliar
Shalom Ediciones