Baena, pieza clave en el sistema fronterizo
andaluz, vive ahora sus días de mayor esplendor.
Habiendo pertenecido a la Corona de Castilla
desde 1240, Juan I hace donación de su Señorío
en 1386 al Mariscal D. Diego Fernández de
Córdoba, en agradecimiento por sus servicios en
la campaña de Portugal, aún a despecho de los
propios habitantes, que se oponen por la fuerza,
no pudiéndose hacer efectivo el dominio hasta 15
años después, reinando Enrique II, en que se ven
obligados a someterse. Se inicia así la formación
de uno de los grandes linajes andaluces, el de los
Fernández de Córdoba, que al Señorío de Baena
añadirán desde 1405 el de Cabra, más adelante
elevado a condado.
Baena presenta un rico patrimonio natural
que influenciado por la acción del hombre
sobre el medio, junto con una especial
composición de sus aguas y suelo,
(aguas salobres y suelo calizo), han dado
lugar a una configuración paisajística
determinante para el desarrollo de su
flora y fauna, como son la Cueva del
Yeso, las lagunas de la Quinta y la del
Rincón del Muerto, ambas incluidas en el
Plan Andaluz de Humedales y el Embalse
de Vadomojón
Aunque de carácter religioso, nuestra
Semana Santa, también ofrece un cierto
tono festivo, motivado por el modo de
celebrar estos pasajes bíblicos, a través de
personajes singulares en esta Ciudad, a
cuyo frente se sitúa EL JUDIO DE BAENA,
eje principal en torno al cual gira nuestra
proyección exterior.
Son numerosos los actos, protocolos y
desfiles de nuestra Semana de Pasión,
que se desarrolla desde el inicio de la
Cuaresma, con los MISERERES de la
Turba de Judíos Colinegros, y que va
dando paso al resto de los actos
cofradieros, finalizando en el Domingo de
Resurrección.
El tambor es el lazo de unión del
populismo de la Semana Grande
baenense y simboliza el clamor de la
devoción a la Pasión de Cristo.
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