“Al tener una relación con la gente:”
II. Ofrecemos la invitación del Señor, Lc 5:27c-29
C. Prometiendo lealtad, v.28b
“y le siguió”.
“Al tener una relación con la gente:”
II. Ofrecemos la invitación del Señor, Lc 5:27c-29
D. Participando felicidad, v.29
“Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha
compañía de publicanos y de otros que estaban a la
mesa con ellos”.
Conclusión
Ernesto Gordon cuenta en su
conmovedor libro Milagro en el Río
Kwai la historia de su vida como
prisionero de guerra de los japoneses
entre los hombres que construían el
infame ferrocarril de Birmania. Ellos
soportaron horribles condiciones que
parecían no brindar esperanza o
propósito de vida.
Sin embargo, unos cuantos cristianos formaron grupos
de estudio bíblico que comenzaron a producir asombrosas
transformaciones dentro de los campamentos. Prisioneros de
guerra que antes robaban o se engañaban unos a otros se
convirtieron en hombres que cuidaban a sus amigos y daban la
vida por ellos. Esos campamentos de muerte se volvieron
lugares de esperanza y de vida debido a que intervino la Palabra
de Dios.
Gordon relata:
“En una cuadrilla de trabajo se
perdió una pala, y el guardia japonés gritó e
insistió en que alguien la había robado. El
hombre iba y venía dando grandes
zancadas delante de los prisioneros,
despotricando y denunciándolos por su
maldad, y exaltándose con furia paranoica.
A gritos en mal inglés exigió que el
culpable diera un paso adelante para recibir
el castigo. Nadie se movió; la ira del
guardia alcanzó nuevas cúspides de
violencia. Gritó: “¡Todos morirán!
¡Todos morirán!” Para demostrar que
hablaba en serio amartilló su rifle, lo puso
en el hombro y miró a través de la mira,
listo para disparar al primer hombre al final
de la fila.
En ese momento uno de los
hombres dio un paso al frente, se paró
firmemente, y dijo con calma: “Yo robé
la pala”.
El guardia soltó todo su odio
acumulado, pateó al indefenso
prisionero y lo golpeó con el puño.
Agarrando el rifle por el cañón, lo
levantó sobre la cabeza y, con un
alarido final, lo descargó sobre el
cráneo del prisionero, quien cayó
muerto en tierra
Los hombres de la cuadrilla de trabajo levantaron el
cuerpo de su compañero, se echaron al hombro sus
herramientas, y regresaron caminando al campamento.
Cuando contaron otra vez las herramientas en la prisión, se
dieron cuenta que habían contado mal: no se había perdido
ninguna pala”.
Ese hombre estuvo dispuesto a
entregar su vida, para salvar a su amigo
que estaba a punto de morir por una
injusticia. El verdadero cristianismo es
una relación íntima entre Dios y el
hombre, y una relación íntima entre los
hermanos. Visitamos casas para
buscar estrechas relaciones con la
gente.
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Visitamos_casas_para_relacionarnos_-_Lc_5.27-32