Á LVA R O G A R C Í A L I N E R A
En el siglo XIX el mercado capitalista de
mundializó. En el siglo XX el circuito de la
economía financiera adquirió irradiación
planetaria. Ingresando en el siglo XXI, el
proceso de cada mercancía es planetario, con
piezas
producidas
y
ensambladas
multinacionalmente. Ya no existen mercancías
‘made
in
China’
o
‘made
in
USA’
exclusivamente, sino ‘fabricadas en el mundo’.
La acelerada mundialización de la producción
ha dado lugar a la subsunción formal (externa)
de procesos de trabajo agrarios comunales, no
capitalistas o pre capitalistas, bajo el mando de
la ‘acumulación capitalista’. Esta supeditación
avanza de manera continua, ininterrumpida,
permanente y reproducida en el tiempo, y
conflictúa explosivamente naciones, clases y
saberes internos, sometidos a la fuerza de
existir y ser dentro del capitalismo.
La producción moderna se sostiene cada vez más en la ciencia aplicada al procesamiento de materias
primas, y las propias ciencias son en sí mismas industrias. El conocimiento ha devenido en una fuerza
productiva de la producción capitalista. La ‘sociedad del conocimiento’ no es más que un momento
previsible de la dinámica del capital que supedita las capacidades cognitivas e intelectivas a la acumulación
del capital.
Dos consecuencias/contradicciones:
•
•
a) Supeditar una capacidad humana de fundamento comunitario-universal (la ciencia ya no es
producción individual sino colaborativa) contradice la apropiación privada capitalista: se está
socavando a la larga el usufructo individualista.
b) Se crea y escinde a la clase obrera: una vinculada a la ciencia, el conocimiento y la tecnología en las
metrópolis, y otra vinculada al esfuerzo rutinario y a la asociatividad en las extremidades.
Nueva condición obrera planetaria: expandida en todo el mundo, difusa y distinta de la que dio lugar al
estado de bienestar, la vida sindical y los partidos del siglo XX. En los países más desarrollados, muchas de
las personas que se asumen como clase media, vinculadas a la industria, a las fábricas, al conocimiento, a
la universidad, a la academia, tendencialmente no son clase media; son nuevo tipo de proletariado que aún
no asume la conciencia de su condición de generador de valor a partir del conocimiento y la tecnología.
[50% es clase media en Argentina, y 80% se considera tal
La constitución de la identidad de las nuevas estructuras asociativas de esta clase obrera diferenciada y
difusa a nivel mundial va a requerir décadas, años de lucha. Hoy estamos asistiendo a un acreciente
debilitamiento de las antiguas formas de lucha y organización laboral, y aún no está clara la nueva forma de
identidad, organización y discursos movilizadores de esta nueva condición obrera planetaria, tanto en las
metrópolis como en la periferia.
La nueva condición obrera planetarizada, más numerosa, expandida, fragmentada y difusa, es más
propensa a actuar como multitud que como corporación.
La biotecnología y la devastación de bosques, ríos, minerales,
hidrocarburos y fauna transforman irreversiblemente el sistema
integral de la vida natural del planeta, poniendo en riesgo la
existencia de la vida misma. El capitalismo se está volviendo
imposible y juega a su propia destrucción. Hay un límite natural a
la locura del consumo desenfrenado; la irracional producción
irrestricta de todo lo que genera ganancia está conduciendo a una
catástrofe irreparable de toda la biosfera planetaria. Esta
condición convierte a la defensa de la madre tierra en una lucha
crecientemente anticapitalista.
Y no está exenta de tensiones no resueltas, en países
subdesarrollados con sociedades que tienen que satisfacer
necesidades básicas inmediatas con recursos que a veces surgen
de la explotación de la naturaleza.
En la actualidad, el capitalismo mundial esta
priorizando las fuerzas productivas técnicas e
intelectuales en detrimento de las fuerzas
productivas asociativas, subjetivas y simbólicas.
Se producen bienes para generar ganancia, aún
a costa de ser nocivos para la vida humana y
destructivos del sistema metabólico de la
naturaleza.
La constitución de las clases sociales del y en el
capitalismo del siglo XXI está atravesada por las
contradicciones de la expansión planetaria del
capitalismo. Las clases obreras resultantes, más
fragmentadas regionalmente y socialmente difusas,
podrán convertirse en fuerza visible sólo a través
de sus luchas. Los ejes movilizadores serán el uso y
control
del
excedente
económico
(salario,
seguridad social, salud, educación), ampliación de
necesidades vitales (agua, tierra), preservación de
recursos comunes, identidades nacionales y
defensa de la ecología.
Las clases laboriosas y los sectores populares deben luchar por el poder. Todo Estado es una
máquina, es materia, es creencia, ideas, una forma de monopolio, que tiene como única
finalidad administrar e imponer el sentido común de lo que es común a todos, el control del
sentido de lo universal, de la comunidad de existencia de una sociedad. Todo Estado es una
forma de comunidad, pero ilusoria.
Hasta el día de hoy, esa administración de materia y creencia ha sido dirigida y organizada
desde el punto de vista y los intereses de las clases capitalistas. Los movimientos sociales, los
intelectuales, los activistas, los sindicatos no pueden renunciar a la batalla de ser ellos
quienes conduzcan y articulen el sentido de comunidad política de un país. Esa voluntad de
conducir lo común es la lucha por el poder estatal; no es un tema de burocracias, es de
dirección moral e intelectual de la sociedad, de hegemonía (en sentido gramsciano). No es
únicamente la lucha por el Estado; la desborda pero también pasa por él. Cuando el activista,
el sindicalista, se queda únicamente en su lucha local, centra sólo su atención en un tema
particular, puede obtener un resultado, un pequeño cambio en el metabolismo del
capitalismo, pero éste vuelve a reproducirse; así, el activismo se convierte sin desearlo en una
fuerza productiva del capitalismo, ayudándolo a regenerarse y expandirse.
La única manera de salir de esta maldición hegeliana radica en la lucha por lo local, por lo
parcial, pero también por lo universal, por la totalidad. Si abandonamos la lucha por la
totalidad y sólo nos concentramos en lo local y posible, nuestro trabajo se volverá en nuestra
propia contra. Aspirar a la totalidad de la conducción nos da mayores posibilidades de que
nuestro esfuerzo trascienda al capitalismo.
Estamos asistiendo a una mutación de los
sistemas de movilización clasista. El sindicato
está presente y es fuerte, pero es cada vez más
complementado y dirigido por otras formas de
movilización e identidad. La forma ‘comunidad’,
anclada en los sistemas indígeno-agrarios, y la
forma
‘multitud’
(contemporánea),
de
articulación difusa de varias clases sociales en
torno a objetivos comunes, con un núcleo
dirigente no establecido de antemano, que se
resuelve en la propia lucha, se traspasa y se
flexibiliza.
Necesitamos construir un activismo molecular con
VOLUNTAD DE PODER, que trascienda el lugar donde
uno está y se esfuerce por expandirse. Por llevar la
academia al ciudadano de a pie, los sindicatos a los
jóvenes no concientizados, activismo para los pobres. El
conocimiento debe trascender la universidad; mientras
tanto, los medios circulan otro conocimiento y sentido
común
que
nos
doblega,
nos
silencia
y
adormece.Activistas, profesores, organizaciones y
sindicatos tienen que asumir una VOLUNTAD DE PODER,
de irradiarse a todos los niveles y ámbitos, para que
esas ideas y acciones también sean conocidas por otros
y alimenten su esfuerzo por transformar el mundo.
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NUEVE TESIS SOBRE EL CAPITALISMO Y LA COMUNIDAD …