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Un año para:
 Conocer mejor al “Apóstol de los
gentiles”
 Renovar nuestro compromiso misionero
 Trabajar por la unidad de los cristianos
Pablo
Nació en Tarso de Cilicia (en la actual Turquía)
entre los años 7 al 10 de nuestra era cristiana.
Tenía la ciudadanía romana y era hebreo, de la
tribu de Benjamín. Su nombre hebreo era Saulo y
su nombre romano Pablo.
Cuando era joven marchó a Jerusalén y se hizo
discípulo del gran rabino Gamaliél para estudiar a
fondo la Ley de Moisés (cf. Hechos 22,3).
Aunque fue contemporáneo del Jesús terreno, no
llegó a conocerlo.
Estuvo presente en la lapidación del diácono
Esteban, guardando la ropa de los que le
apedreaban y aprobando su muerte. Aquel día se
desató una fuerte persecución contra la Iglesia de
Jerusalén, y muchos se dispersaron por las
regiones de Judea y Samaria, a excepción de los
Apóstoles (cf. Hechos 7,58-8,1-2).
A pesar de las persecuciones, los seguidores de
Jesús iban en aumento.
Los nuevos creyentes no ponían como centro la Ley de
Moisés, sino la persona de Jesús, crucificado y resucitado,
a quien se le atribuía la remisión de los pecados.
Por su parte, Pablo, consideraba la nueva doctrina como
herética, y sintió el deber de perseguir con dureza a los
“seguidores de Cristo” incluso fuera de Jerusalén.
Llevado de su celo por Dios, se presentó al sumo
sacerdote y le pidió cartas de autorización para las
sinagogas de Damasco, para llevar presos a Jerusalén a
los “seguidores del Camino” (cf. Hechos 9, 1-4).
Pero, cuando ya estaba cerca de Damasco, «de
repente le envolvió una luz venida del cielo, cayó a
tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por
qué me persigues?” Él preguntó: “¿Quién eres,
Señor?” Y la voz le respondió: “Yo soy Jesús, a quien
tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te
dirá lo que debes hacer”» (Hechos 9,3-6).
Vocación
El encuentro con el Resucitado cambió su vida, y de
perseguidor pasó a ser apóstol de Cristo. Desde aquel
momento puso todas sus energías al servicio de
Jesucristo y de su Evangelio. De su comunión con
Cristo nace el “Apóstol de los gentiles”, que emprende
viajes, funda nuevas comunidades cristianas, y siente
la urgencia de anunciar el Evangelio “a tiempo y a
destiempo” (2 Timoteo 4,2), hasta poder exclamar: “Ay
de mí si no evangelizare” (1 Corintios 9,16).
Primer viaje misionero (Hechos 13,1-15,35)
Desde Antioquía de Siria, Pablo y
Bernabé bajaron a Seleucia y zarparon
hacia Chipre. Predicaron el Evangelio
en Salamina, Pafos, Perge de Panfilia,
Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y
Derbe. Luego volvieron visitando las
iglesias que habían fundado.
Cuando llegaron a Antioquía de Siria,
reunieron a la Iglesia y trataron el
problema de los judaizantes, y Pablo y
Bernabé fueron a Jerusalén para
consultar a los Apóstoles. Se celebró el
Concilio de Jerusalén y, en él, triunfó la
postura de Pablo sobre la justificación
por la fe y no por las obras de la Ley.
Segundo viaje misionero (Hch 15,36-18,22)
Pablo y Silas salieron de Antioquía de
Siria y se dirigieron por tierra a Siria y
Cilicia para consolidar las iglesias
fundadas. En su recorrido pasaron por
Derbe y Listra. Luego atravesaron
Frigia y Galacia, y llegaron a Tróade,
Filipos, Tesalónica, Berea, Atenas,
Corinto, Éfeso y Cesarea. Después,
Pablo continuó su viaje hasta
Jerusalén y luego volvió de nuevo a
Antioquía.
Tercer viaje misionero (Hechos 18,23-21,26)
Pablo partió de Antioquía de Siria y visitó
las comunidades de Galacia y Frigia
para fortalecer la fe de los creyentes. En
Éfeso estuvo dos años, y luego marchó a
Macedonia y Grecia, pasando por
Filipos, Tróade y Mileto. En esta ciudad
se embarcó y llegó a Cesarea, y desde
allí fue a Jerusalén para entregar la
colecta realizada a favor de los pobres.
Prisionero (Hechos 21,27-28,31)
En la ciudad de David, algunos judíos
provocaron un motín para darle muerte,
pero el tribuno Claudio Lisias impidió
que lo mataran; lo detuvo y luego lo
envió a Cesarea al procurador Félix.
Éste lo retuvo dos años y lo entregó a
su sucesor Porcio Festo. El nuevo
procurador le propuso llevarle a
Jerusalén para ser juzgado. Pero Pablo,
como era ciudadano romano, prefirió
“apelar al César” para ser juzgado en
Roma.
Después de un accidentado viaje,
Pablo llegó a Roma en el año 61. Allí,
en espera del juicio, permaneció dos
años con libertad vigilada. Vivía en una
casa que había alquilado. En ella
anunciaba el Evangelio con valentía y
sin estorbo alguno (cf. Hechos 28,30).
En el año 63 fue absuelto y
posiblemente realizó su propósito de
llegar hasta España (cf. Rom15,24.28).
El año 64, Nerón acusó a los cristianos de ser los autores del incendio
de Roma y desencadenó una terrible persecución contra ellos.
Pablo fue arrestado y murió mártir en Roma, el año 64 o el 67, siendo
decapitado por la espada en la vía Ostiense. Sus restos reposan bajo el
altar en la Basílica Romana de San Pablo Extramuros.
Modelo de misionero
En su apostolado Pablo, por amor a Cristo, soportó con
valentía numerosos peligros y sufrimientos. En una de sus
cartas dice:
«Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres
veces naufragué… Viajes frecuentes; peligros de ríos;
peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros
de los gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado;
peligros por mar; peligros entre falsos hermanos; trabajo y
fatiga; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed;
muchos días sin comer; frío y desnudez. Y aparte de otras
cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas
las Iglesias» (2 Corintios 11,23-28).
Pablo, después del encuentro con Cristo, cambió su vida
hasta poder exclamar: "Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me
amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas 2, 20).
El Apóstol se siente amado por Jesucristo y este amor le
impulsa a anunciar el Evangelio con una entrega total.
Como Pablo, aunque tengamos que afrontar dificultades y
sufrimientos, anunciemos el Evangelio con valentía, pues la
fe no es para guardarla, sino para transmitirla.
FIN
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Presentación general sobre San Pablo