1Se
acercaban a Jesús todos los publicanos y
pecadores para oírle, 2y los fariseos y los escribas
murmuraban, diciendo: Este a los pecadores
recibe, y con ellos come. 3Entonces él les refirió
esta parábola, diciendo: 4¿Qué hombre de
vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de
ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y
va tras la que se perdió, hasta encontrarla? 5Y
cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros
gozoso; 6y al llegar a casa, reúne a sus amigos y
vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he
encontrado mi oveja que se había perdido.
31¿Cuál
de los dos hizo la voluntad de su
padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo:
De cierto os digo, que los publicanos y las
rameras van delante de vosotros al reino de
Dios. 32Porque vino a vosotros Juan en camino
de justicia, y no le creísteis; pero los
publicanos y las rameras le creyeron; y
vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis
después para creerle.
Publicano Cobrador de impuestos y derechos aduaneros.
Los jefes de los publicanos solían nombrarse por la
subasta al derecho oficial.
Este quedaba obligado a entregar al gobierno de Roma
una cantidad estipulada, pero el sistema se prestaba a
abusos; el publicano podía obtener más de lo acordado y
embolsarse el saldo.
Los judíos que se prestaban para este trabajo tenían que
alternar mucho con los gentiles y, lo que era peor, con los
conquistadores; por eso se les tenía por inmundos
ceremonialmente.
Estaban excomulgados de las sinagogas y excluidos del
trato normal con sus compatriotas; como consecuencia, se
veían obligados a buscar la compañía de personas de
vida depravada, los «pecadores».
10Y
la gente le preguntaba, diciendo:
Entonces, ¿qué haremos? 11Y respondiendo,
les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no
tiene; y el que tiene qué comer, haga lo
mismo. 12Vinieron también unos publicanos
para ser bautizados, y le dijeron: Maestro,
¿qué haremos? 13Él les dijo: No exijáis más de
lo que os está ordenado.
15Por
tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y
repréndele estando tú y él solos; si te oyere,
has ganado a tu hermano. 16Mas si no te
oyere, toma aún contigo a uno o dos, para
que en boca de dos o tres testigos conste
toda palabra. 17Si no los oyere a ellos, dilo a la
iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por
gentil y publicano.
9Pasando
Jesús de allí, vio a un hombre llamado
Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos
públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le
siguió. 10Y aconteció que estando él sentado a la
mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos
y pecadores, que habían venido, se sentaron
juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los
discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con
los publicanos y pecadores? 12Al oír esto Jesús,
les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico,
sino los enfermos.
10Dos
hombres subieron al templo a orar: uno era
fariseo, y el otro publicano. 11El fariseo, puesto en
pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te
doy gracias porque no soy como los otros hombres,
ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este
publicano; 12ayuno dos veces a la semana, doy
diezmos de todo lo que gano. 13Mas el publicano,
estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo,
sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé
propicio a mí, pecador. 14Os digo que éste descendió
a su casa justificado antes que el otro; porque
cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que
se humilla será enaltecido
1Habiendo
entrado Jesús en Jericó, iba pasando
por la ciudad. 2Y sucedió que un varón llamado
Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico,
3procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a
causa de la multitud, pues era pequeño de
estatura. 4Y corriendo delante, subió a un árbol
sicómoro para verle; porque había de pasar por
allí. 5Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando
hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa,
desciende, porque hoy es necesario que pose yo
en tu casa. 6Entonces él descendió aprisa, y le
recibió gozoso.
7Al
ver esto, todos murmuraban, diciendo que
había entrado a posar con un hombre pecador.
8Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor:
He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los
pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo
devuelvo cuadruplicado. 9Jesús le dijo: Hoy ha
venido la salvación a esta casa; por cuanto él
también es hijo de Abraham. 10Porque el Hijo del
Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había
perdido.
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